Según un informe de la CIA, el hecho sucedió el 4 de mayo de 1966, y no solo se recuperó el fragmento del objeto sino que, de haber sido algo terrestre reingresando en la atmósfera, no se pudo determinar el «país de origen».

Ovni, Congo.

El documento que está a disposición al final de esta publicación fue obtenido por nuestros amigos de The Black Vault a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA). Y a pesar de su poca legibilidad, claramente habla de la pieza de un ovni recuperada que fue analizada.

El documento dice: «El informe concluye que el fragmento era originalmente parte de un componente eléctrico y fue construido con un laminado de acero al silicio de 0.010 pulgadas de espesor». ¿Esto indica que fue hecho por el hombre? ¿Hecho fuera de la Tierra acaso? No está claro.

Por otra parte, la CIA no pudo determinar el país de origen, como lo indica la parte superior del documento donde se distinguen las palabras «país no identificado».

Como bien puede verse en la captura de pantalla sobre estas líneas, el documento obtenido es poco legible. Esto, posiblemente, sea por diseño. De toda la colección de la CIA, este registro permanece en la parte superior de una breve lista de los elementos más interesantes de la misma.

Los registros están etiquetados con «Original pobre», lo que indica que el registro que están publicando es la «mejor copia disponible». A pesar de eso, hay algunas otras cosas que se pueden descifrar fuera del origen de lo de «país desconocido».

Primero, podemos concluir que el informe es, de hecho, sobre material físico de algún tipo, obtenido de un ovni que «cayó a la Tierra» en Kerekere, República Democrática del Congo (Zaire en aquel entonces). Sus medidas: 2” x 2” x 1” y proviene de algún tipo de «componente eléctrico».

En segundo lugar, podemos determinar en la sección de «conclusiones» del informe, que los expertos pensaron definitivamente que era un componente eléctrico de algún tipo, pero no había nada que pudiera usarse para identificar el país de origen. También pudieron determinar que el aspecto de la superficie y la «microestructura» de la pieza, apuntan a una exposición a altas temperaturas en exceso, unos 2800+ grados F. (Nota: es difícil determinar el número, pero indica una temperatura muy alta).

En tercer lugar, también podemos concluir que la CIA analizó el fragmento y obtuvo un desglose químico de lo que estaba compuesto, que incluye carbono, manganeso, silicio, níquel, etc.

Otro hecho es que la CIA tenía numerosas fotos del artefacto, cualquiera que sea. Sin embargo, al ser un «Original pobre», es casi imposible distinguir algún detalle de las mismas. Lo que sí puede verse son las medidas y las leyendas de tipo «vista lateral» en las fotos dentro del informe.

Aunque es posible que la CIA simplemente haya recogido una pieza de basura espacial caída —un satélite u otro tipo de componente de un cohete—, el hecho es que no pudieron identificarlo por completo. Y eso, al menos, da cierto margen para pensar que pudo tratarse de un objeto artificial de manufactura extraterrestre, y deja claro lo explícito del registro en casos de recuperación de objetos desconocidos —no como en otros casos donde pretendieron serlo—.

El documento completo en PDF está disponible y puede ser descargado AQUÍ.

Fuente: The Black Vault. Edición: MP.

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