Ayer falleció Harry Reid, legendario político del partido demócrata, quien pasó más de tres décadas como una de las figuras más relevantes en el Congreso de los EE.UU. Sin embargo, en este artículo ahondaremos en una de sus facetas más misteriosas: ser uno de los autores intelectuales del AATIP, el otrora grupo secreto de investigación OVNI del Pentágono.

Crédito: NY Post.

Oriundo de Searchlight, un pequeño pueblo en Nevada, Reid se elevó sobre sus humildes orígenes para convertirse en el político más influyente que haya dado ese estado, logrando ser durante ocho años el líder de la mayoría demócrata en la cámara alta del poder legislativo.

Pero a lo largo de las últimas décadas de su vida, algo cambió, algo que lo llevó a interesarse en lo que podría considerarse «exopolítica».

Su incursión en el mundo ufológico comenzó en 1996, cuando recibió una llamada de George Knapp, reconocido reportero de investigación de KLAS-TV (el mismo de la famosa entrevista a Bob Lazar), la filial de CBS en Las Vegas, quien lo invitó cordialmente a una conferencia que se centraría en lo que el gobierno estadounidense llama ahora «fenómenos aéreos no identificados».

«Una gran sala de conferencias en el evento se llenó de académicos, miembros del público interesados y, sí, algunos bichos raros. Quedé muy impresionado con los académicos, quienes hablaron de fenómenos aéreos no identificados en el lenguaje de la ciencia, discutiendo el tema en términos de avance tecnológico y seguridad nacional. Me enganché», recordó Reid en un artículo de opinión que escribió este mismo año para el New York Times.

Durante los años siguientes, a medida que el político se interesaba cada vez más en los ovnis, en parte gracias a la influencia de su amigo el ex astronauta John Glenn —un compañero senador con una curiosidad similar—, el personal de su partido le advirtió que para conservar su reputación le convenía mantenerse alejado del tema.

No obstante, la curiosidad pudo más. Reid hizo caso omiso a las recomendaciones y se metió de lleno a investigar los ovnis.

En 2007, mientras se desempeñaba como líder de la mayoría en el Senado, trabajó con los senadores Ted Stevens, un republicano de Alaska, y Daniel Inouye, un demócrata de Hawái, para asegurar $ 22 millones en fondos para lo que se conocería como el Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aeroespaciales (sí, nada más y nada menos que el infame AATIP). Esta operación clandestina del Pentágono investigó reportes de ovnis y otros fenómenos relacionados, incluidos los famosos encuentros cercanos entre pilotos de la Marina y objetos en forma de tic-tac.

Los pilotos de combate de la Marina de los EE.UU. Informaron acerca de encuentros cercanos con vehículos aéreos no identificados en ocho incidentes entre el 27 de junio de 2013 y el 13 de febrero de 2019.

Como es de público conocimiento, tras su exposición a finales de 2017, junto con la filtración de videos y fotografías, AATIP fue descontinuado, o más bien reemplazado por la Fuerza de Tareas UAP que, a su vez, próximamente será reemplazada por una Oficina OVNI legislada y creada bajo la la Ley de Autorización de Defensa Nacional.

En resumidas cuentas, podría decirse que Reid dio el puntapié inicial para revivir la investigación oficial de los ovnis.

Cielos abiertos y Áreas restringidas

«Siempre me han fascinado las cosas que no entiendo, lo misterioso y lo inexplicable, y creo que esta fascinación proviene en parte de haber crecido en las zonas rurales de Nevada», contó el ex senador en sus memorias.

Y es que el susodicho paisaje no tiene la contaminación lumínica que en las grandes ciudades nos impide ver las maravillas del firmamento nocturno. En Searchlight, el joven Reid pasó muchas tardes acostado en un colchón viejo mirando hacia el infinito cielo estrellado y sus peculiaridades. Una brillante extensión cósmica que llenó sus ojos y despertó su imaginación.

Sin embargo, todo esto tenía una contraparte.

«Siempre me preocupó el no tener una formación científica. No teníamos un profesor de ciencias en mi escuela primaria y había cursos limitados disponibles cuando llegué a la secundaria. Pero a pesar de mi falta de conocimiento científico —o quizás debido a él— durante mucho tiempo he sido profundamente inquisitivo. ¿Por qué el sol se mantiene caliente? Me preguntaba. ¿Por qué no se enfría al final del día? De joven puede que no haya encontrado las respuestas, pero nunca dejé de hacer preguntas. Como dijo una vez Albert Einstein, “la curiosidad tiene su propia razón de existir”», reconoció Reid.

Años más tarde, cuando entró en la vida pública, la curiosidad estaba a flor de piel. De hecho, como senador demócrata de Nevada, visitó el Área 51, el sitio de pruebas de alto secreto de la Fuerza Aérea en el sur de Nevada asociado durante mucho tiempo con las teorías de conspiración relacionadas con los ovnis y la ingeniería inversa aplicada a ellos.

«Lo que vi me fascinó, aunque gran parte debe permanecer clasificado. Durante una visita, viajé una corta distancia hasta las instalaciones que albergaban a los nuevos cazas furtivos secretos de la Fuerza Aérea. Por razones de seguridad, los pilotos podían volarlos solo de noche, bajo las mismas estrellas de Nevada que yo había contemplado de niño», contó, admitiendo que también intentó ver los supuestos fragmentos de un ovni estrellado pero nunca obtuvo la autorización para hacerlo.

En Día de la Independencia (1996) se muestra la aplicación de ingeniería inversa aplicada a naves alienígenas recuperadas y guardadas en el Área 51.

Aunque el Área 51 se desarrolló hace décadas, durante el apogeo de la Guerra Fría, su existencia no fue reconocida públicamente por el gobierno de EE.UU. hasta 2013. Según los militares de alto rango, hacerlo antes habría sido perjudicial para la seguridad como nación —después de todo, el gobierno constantemente equilibra las prioridades contrapuestas del secreto y la transparencia en una democracia—.

Asimismo, hasta hace poco los pilotos militares temían la posibilidad de represalias por informar sobre avistamientos de fenómenos aéreos no identificados.

«Yo creía que un tabú no oficial sobre la discusión franca de los encuentros con ovnis podría dañar nuestra seguridad nacional y obstaculizar las oportunidades de avance técnico. Es por eso que, junto con los senadores Stevens e Inouye, ayudé a crear ese programa secreto del Pentágono en 2007. Queríamos echar un vistazo científico de cerca a las implicaciones tecnológicas de los encuentros con ovnis», explicó Reid.

«Creo que hay información descubierta por las investigaciones encubiertas del gobierno sobre fenómenos aéreos no identificados que pueden ser revelados al público sin dañar nuestra seguridad nacional. El pueblo estadounidense merece saber más», agregó.

Ciencia vs creencia

Los últimos esfuerzos del gobierno por transparentar el tema, aunque sea puesto en la balanza de la seguridad nacional, podrían llevar pronto a que sepamos de dónde provienen algunos de estos misteriosos objetos avistados en el espacio, en nuestros cielos y en nuestros mares.

En tal sentido, Reid creía que para que esto sea posible es crucial que la ciencia sea la líder al estudiar los ovnis, abandonando cualquier creencia preconcebida.

«Centrándonos en los hombrecitos verdes o las teorías de la conspiración no nos llevará muy lejos. Por supuesto, independientemente de lo que nos diga la ciencia, una parte del público seguirá creyendo en la realidad de los ovnis de otro mundo como una cuestión de fe. En última instancia, el debate ovni se puede dividir en una creencia sincera en la ciencia versus una creencia sincera en los extraterrestres. Me pongo del lado de la ciencia», dijo.

Harry Reid falleció el 28 de diciembre de 2021, tras cuatro años de una valiente lucha contra el cáncer de páncreas.

No obstante, reconoció que cuando hablamos de este tipo de fenómenos, la ciencia debe someterse a un baño de humildad y partir desde un punto que podría ponernos como una civilización en pañales comparada con aquella que puede estar detrás de los no identificados.

«Nunca tuve la intención de probar que exista vida más allá de la Tierra. Pero si la ciencia demuestra que sí, no tengo ningún problema con eso. Porque cuanto más aprendo, más me doy cuenta de que todavía hay muchas cosas que no sé», concluyó.

Por MysteryPlanet.com.ar.

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