Hace casi un milenio, ocurrió una gran conmoción en la atmósfera de la Tierra que provocó que la Luna desapareciera de nuestra vista.

Luna.

Según los registros de la NASA basados ​​en retrocálculo astronómico, se habrían observado siete eclipses lunares totales en Europa en los primeros 20 años del último milenio, entre 1100 y 1120 d.C. Entre ellos, un testigo de un eclipse lunar que ocurrió en mayo de 1110 escribió sobre la oscuridad excepcional de la Luna durante el fenómeno.

«En la quinta noche del mes de mayo apareció la Luna brillando al anochecer, y luego poco a poco su luz disminuyó, de modo que, apenas llegó la noche, se apagó de tal manera que no se vio ni la luz, ni el orbe, no se vio nada en absoluto», escribió un observador en el Peterborough Chronicle.

Desde entonces, muchos astrónomos han hablado de este misterioso e inusualmente oscuro eclipse lunar. Siglos después de que ocurriera, el astrónomo inglés Georges Frederick Chambers escribió al respecto, diciendo: «Es evidente que este [eclipse] fue un caso de un eclipse “negro” cuando la Luna se vuelve bastante invisible en lugar de brillar con el familiar tono cobrizo».

Erupción volcánica

Por algún tiempo los investigadores han sugerido que el extraño evento de oscurecimiento podría haber sido causado por la presencia de aerosoles volcánicos en la estratosfera. Y, aunque esa es la causa más probable, hasta ahora ningún estudio de muestras tomadas de las profundidades de capas de hielo o glaciares —que han atrapado dichos aerosoles de azufre— pudo encontrar al volcán responsable.

Ahora, un equipo liderado por Sébastien Guillet de la Universidad de Ginebra, en Suiza, cree finalmente haber dado con dicho volcán. La explicación más probable, sugieren, es que en aquella fecha el monte Asama de Japón produjera una erupción gigante de meses de duración, significativamente más grande que una erupción posterior en 1783 que mató a más de 1.400 personas.

Monte Asama, Japón.

Una entrada del diario registrada por un estadista describe el evento de 1108: «Hubo un incendio en la cima del volcán, una gruesa capa de ceniza en el jardín del gobernador, en todas partes los campos y los arrozales no son aptos para el cultivo. Nunca vimos eso en el país. Es una cosa muy extraña y rara».

Además de los relatos de los testigos, los investigadores también analizaron la evidencia de los anillos de los árboles, lo que sugiere que 1109 d.C. fue un año excepcionalmente frío (aproximadamente 1 grado Celsius más frío en el hemisferio norte), basado en anillos de árboles significativamente más delgados.

Otra documentación histórica, en particular relatos de impactos climáticos y sociales en los años 1109-1111, corroboran la hipótesis de que una erupción de 1108 (o una serie de erupciones que comenzaron ese año), podría haber tenido efectos desastrosos en las comunidades afectadas.

Manuscrito original de los Anales de San Evroult, Normandía, Francia. Allí se menciona que en el año 1109 se registró una gran hambruna en Francia que duró tres años.

Los científicos encontraron una «abundancia de testimonios que se refieren a condiciones climáticas adversas, malas cosechas y hambrunas en estos años», señalando que «la evidencia reunida sugiere que las dificultades de subsistencia, que comenzaron en 1109, se agravaron hasta convertirse en hambrunas en varias regiones de Europa occidental».

Por supuesto, esas dificultades de hace mucho tiempo no pueden tomarse como prueba de ningún evento eruptivo en particular, pero los autores del estudio dicen que toda la evidencia, en conjunto, sugiere que un grupo «olvidado» de erupciones volcánicas entre 1108 y 1110 desató terribles consecuencias para la humanidad. Solo los estamos redescubriendo ahora.

Los hallazgos fueron publicados en Scientific Reports.

Fuente: ScienceAlert. Edición: MP.

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