En vísperas de que se produzca la presentación del reporte ovni al Congreso de EE.UU. por parte del Grupo de Trabajo de Fenómenos Aéreos Inexplicados, ha surgido una impactante revelación.

Desde octubre de 2017, la intriga y el misterio han rodeado a Luis Elizondo, un ex empleado del Departamento de Defensa (DoD), quien dice que durante su tiempo trabajando dentro del Pentágono dirigió un estudio OVNI secreto conocido como el Programa Avanzado de Identificación de Amenazas Aeroespaciales (AATIP).

Ahora, más de tres años y medio después, el DoD ha admitido que destruyó algunas de las pruebas más cruciales que podrían probar o refutar el historial laboral de Elizondo —cuestionado por el propio Pentágono—.

Esta revelación nos llega por cortesía de varias solicitudes de Ley de Libertad de Información enviadas por nuestro colaborador John Greenewald, de The Black Vault, para tener acceso a los e-mails del ex funcionario. En una carta de respuesta, el DoD dijo:

«Después de búsquedas exhaustivas de los registros y archivos electrónicos de OUSD (I&S), no se pudo identificar ningún registro del tipo que usted describió [correos electrónicos de Elizondo que contienen las palabras «no identificado»]. Tenga en cuenta que los correos electrónicos de ex empleados del Departamento de Defensa (DoD) no se conservan a menos que se consideren registros históricos y el Centro Nacional de Registros los conserve. Actualmente no existen cuentas de correo electrónico para el Sr. Elizondo. Creemos que los métodos de búsqueda eran apropiados y, si existieran, se podía esperar razonablemente que produjeran los registros solicitados».

Este extracto de la carta, fechada el 1 de abril de 2021, insinúa que los correos electrónicos de Elizondo no se guardaron. Además, en ninguna parte de las extensas comunicaciones se dijo que los correos electrónicos se buscaban en buzones de correo que ya habían sido destruidos. Crédito: The Black Vault.

Ante lo dicho, Greenewald envió otra solicitud para obtener una aclaración sobre el asunto. Y el DoD confirmó —casi dos meses después de que escribieron la carta— que su determinación final equivale a que los correos electrónicos de Elizondo fueron destruidos sin respaldo disponible.

Y más allá de la confirmación de la destrucción de los correos, no ofrecen una declaración oficial que explique o amplíe la situación.

«Lo que no está claro es si el protocolo autorizó o no la eliminación de estos registros electrónicos. Para eliminar registros como estos, los procedimientos establecidos que sigue la agencia —denominados “programas de retención de registros”— deben cumplir con ciertos requisitos previos para suprimir o destruir archivos», explica Greenwald. «Sin embargo, después de una extensa investigación sobre estos horarios, la consulta con Elizondo sobre su historial laboral y un esfuerzo de casi dos meses para obtener una aclaración del Departamento de Defensa sobre lo que los autorizó a hacer esto, parece que no puede haber una autorización adecuada que pueda citarse para que esta destrucción haya tenido lugar».

Esta es la segunda carta de «determinación final» para el caso FOIA 19-F-1903. La primera, que no explicó por qué hubo una determinación de «sin registros», fue apelada. Esta carta es el resultado después de que se concedió el recurso de apelación, que reveló que los registros solicitados fueron destruidos. Crédito: The Black Vault.

En resumidas cuentas, tras reiterados esfuerzos con la meta de zanjar lo último, el Departamento de Defensa continuamente no pudo citar ningún protocolo, procedimiento o programa específico que autorizara la destrucción de los correos electrónicos de Elizondo.

¿Acto deliberado?

Independientemente de los cronogramas de retención o eliminación de registros, muchos teorizarán que la eliminación de correos electrónicos fue otro intento dirigido a continuar la campaña de difamación hacia Elizondo. Cuando se le preguntó sobre esto, el referido no quiso especular.

«No quiero especular sobre la posibilidad de que esto fuera un acto intencional. Me cierro ante la idea de que alguien en una posición de autoridad destruiría deliberadamente registros de importancia histórica con el propósito de ofuscar y engañar; posiblemente cruzando los límites de la actividad criminal», dijo Elizondo. «Por esta razón, prefiero dejar que el sistema responda a vuestra consulta. Sin embargo, no sorprende a muchos que durante los últimos 3 años algunos en el Pentágono me hayan atacado como represalia (por filtrar información), lo que continúa hasta el día de hoy. Realmente espero que esto no esté relacionado».

Fuente: The Black Vault. Edición: MP.

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