Es bien conocida la primera batalla aérea que tiene lugar en la película Día de la Independencia (Independence Day, 1996). La particularidad de los invasores alienígenas, es que sus naves están protegidas por un campo de fuerza de los proyectiles terrestres. Y el siguiente caso ovni, sucedido a un piloto peruano, podría mostrar que dicha tecnología existe en otro lugar más allá de la ficción.

Piloto vs OVNI.

Hace más de cuarenta años, el piloto de combate Oscar Santa María Huerta tuvo su momento real del Día de la Independencia, cuando intentó derribar una misteriosa nave con forma de bombilla, en lo que hasta el día de hoy sigue siendo el único caso documentado —que se sepa oficialmente— de un avión militar disparando contra un ovni.

Era la madrugada del 11 de abril de 1980 y el entonces teniente de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), de 23 años, se preparaba para los ejercicios diarios junto con unos 1800 militares y civiles en la Base Aérea La Joya, 1000 km al sur de la capital peruana.

El Tte. Huerta, un piloto con ocho años de experiencia que había estado volando misiones de combate desde los 19, recibió la orden de despegar en su caza Sukhoi-22 de fabricación rusa, para interceptar un extraño objeto plateado que había sido visto flotando cerca del final de la pista.

El objeto estaba a cinco kilómetros de distancia, suspendido en el aire a unos 600 metros del suelo y no respondía a ninguna comunicación.

«Este “globo” estaba en el espacio aéreo restringido sin autorización, lo que representa un grave desafío a la soberanía nacional», escribió el ahora coronel retirado.

El coronel Huerta fue uno de los muchos investigadores, ex oficiales militares y otros, que prestaron testimonio en un importante evento de prensa en el National Press Club en Washington (2013), con el objetivo de presionar al gobierno de los Estados Unidos para que abriera sus archivos sobre encuentros con ovnis.

«Tenía que bajarlo. La Joya era una de las pocas bases en América del Sur que poseía equipo de guerra de fabricación soviética, y estábamos preocupados por el espionaje», señaló.

Un diagrama que muestra el encuentro con el objeto Crédito: Cnel. Oscar Santa María Huerta.

Después del despegue, el coronel Huerta voló a 2.500 metros y entró en modo ataque.

«Alcancé la distancia necesaria y disparé una ráfaga de sesenta y cuatro proyectiles de 30 mm, que crearon una “pared de fuego” en forma de cono que normalmente destruiría cualquier cosa a su paso», detalló.

Tan solo uno de esos proyectiles bastaría para acabar con un coche, pero no tuvo ningún efecto sobre el objeto. «Pensé que entonces el globo se abriría y los gases comenzarían a salir de él. Pero nada de eso pasó. Parecía como si las enormes balas fueran absorbidas por el globo y no sufriera ningún daño».

Luego, el objeto se disparó rápidamente hacia el cielo, lejos de la base, lo que provocó que el joven piloto activara la postcombustión del avión para perseguirlo 500 metros por detrás. Cuando llegaron a la ciudad de Camaná, a 84 km del lugar, el objeto se detuvo repentinamente, lo que obligó una maniobra de viraje.

Oscar Santa María Huerta posando frente a su avión.

Girando hacia arriba y hacia la derecha, Huerta intentó posicionarse para otro disparo.

«Comencé a acercarme a él hasta que lo tuve en la mira perfectamente», continuó. «Me fijé en el objetivo y estaba listo para disparar. Pero justo en ese momento, el objeto hizo otro ascenso repentino, evadiendo el ataque. Me dejó debajo y rompió mi ataque».

Intentó la misma maniobra dos veces más, y en cada ocasión el objeto escapó rápidamente hacia arriba segundos antes de que el piloto le pudiera disparar.

El piloto Oscar Santa María Huerta subiendo a su avión.

En ese momento, el objeto estaba a 14.000 metros sobre el suelo. Huerta decidió intentar un ataque desde arriba, para así evitar que el objeto salga de su rango objetivo, pero éste lo siguió hasta los 19.200 metros —muy por encima de las capacidades del avión—.

Al quedarse sin combustible, se dio cuenta de que no podía continuar con el ataque, por lo que decidió volar cerca del objeto para verlo mejor. No fue hasta que estuvo a 100 metros de distancia que se dio cuenta de lo que era.

«Me sorprendió ver que el “globo” no era un globo en absoluto. Era un objeto que medía unos 10 metros de diámetro con una cúpula brillante en la parte superior, de color crema, similar a una bombilla cortada por la mitad», relató.

Un diagrama aproximado del objeto hecho por el testigo principal.

«La base circular era más ancha, de color plateado, y parecía una especie de metal. Carecía de todos los componentes típicos de los aviones. No tenía alas, chorros de propulsión, escapes, ventanas, antenas, etc. No tenía ningún sistema de propulsión visible. En ese momento, me di cuenta de que esto no era un dispositivo de espionaje sino un ovni, algo totalmente desconocido».

«Estaba casi sin combustible, así que no pude atacar ni maniobrar mi avión, ni hacer un escape a alta velocidad. De repente, tuve miedo. Pensé que todo podría haber terminado para mí».

Huerta hizo su regreso, planeando parcialmente por falta de combustible y «zigzagueando para hacer que mi avión sea más difícil de derribar, siempre con la mirada en los espejos retrovisores, esperando que no me persiguiera».

Luego de aterrizar, el objeto permaneció inmóvil en el lugar donde lo dejó por otras dos horas.

El ovni no tenía sistema de propulsión visible.

El coronel dice que la nave fue presenciada por todos en la base, muchos de los cuales debían dar informes. Un documento de junio de 1980 del Departamento de Defensa de los EE.UU. intitulado OVNI avistado en Perú, describe el incidente, indicando solo que el objeto sigue siendo «de origen desconocido».

Un incidente similar ocurrió en 1976, cuando el general de la Fuerza Aérea iraní Parviz Jafari intentó disparar contra un ovni pero fue incapaz de hacerlo, ya que su instrumental fue increíblemente desactivado por el objeto. «Mi equipo era mecánico, y quizás esa es la razón por la que no se pudo apagar, por lo que, en cambio, el objeto tuvo que saltar en el último minuto», apuntó Huerta al respecto.

«Me encuentro en la posición única, al menos por el momento y hasta donde yo sé, de ser el único piloto militar en el mundo que realmente ha disparado contra un ovni. Todavía me da escalofríos pensar en eso».

Tecnología de campo de fuerza

En lo que podría considerarse un caso afín, cabe recordar lo sucedido el 25 de abril de 1942 sobre los cielos de Los Ángeles. En plena Segunda Guerra Mundial y temiendo un ataque japonés, la 37ma Brigada de Artillería Costera comenzó a disparar sus armas antiaéreas hacia un objeto que había invadido impunemente el espacio estadounidense.

Miles de testigos del incidente describieron a la «nave enemiga» como un objeto grande que permaneció inmóvil sobre la ciudad mientras el ejército le disparaba con todo lo que tenía. Poco después, este misterioso objeto, sin acusar mella alguna, empezó a desplazarse lentamente hacia Santa Mónica y Long Beach para desaparecer de vista por completo.

El objeto en los cielos de Los Ángeles recibiendo toda la potencia de la artillería antiaérea estadounidense.

Como bien puede apreciarse, al igual que lo sucedido en el caso de Huerta, este ovni fue invulnerable a las armas de los humanos, mostrando tal vez el mismo tipo de campo de fuerza a su alrededor —o al menos eso es lo único que podemos elucubrar— que le permitió seguir campante su camino.

Afortunadamente, los tripulantes en ambos casos fueron lo suficientemente evolucionados como para no devolver el fuego de una especie beligerante… y a sabiendas inferior.

Fuente: News.com.au. Edición: MP.

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Comentarios
May 14, 2021
15:44
#1 José García Álvarez:

La mentalidad humana siempre agresiva. El piloto peruano era el prototipo que tanto manejan los norteamericanos en sus nefastas películas. Y se encontró con una realidad que le sobrepasó: El Ovni al que atacaba tenía una técnica muy superior a las obsoletas armas terrestres. Así que hizo el del Perú el mayor de los ridículos. Y eso es lo que tenía que contar y no otra cosa, como ufanarse de ser el primero que había disparado a una nave extraterrestre. Su cabeza cuadrada sólo pensaba en destruir, la costumbre habitual de tantos.

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