Este caso sucedido sobre los cielos de la ciudad de Los Ángeles, durante la Segunda Guerra Mundial, demostraría la invulnerabilidad de los objetos voladores no identificados… al menos ante las armas del hombre.

Batalla de Los Ángeles, 25 de Febrero de 1942.

Este mes se estrena la película Battle: Los Angeles en donde la humanidad enfrenta una invasión alienígena y la ciudad de Los Ángeles se vuelve el último baluarte de la resistencia, un argumento muy innovador… En un mogollón de efectos especiales, explosiones y disparos, una vez más se muestra a los alienígenas como los malos de la película y a los pobrecitos humanos como los héroes que intentan salvar al planeta de ser invadido. Desde Guerra de los Mundos, pasando por El Día de la Independencia, y llegando hasta la reciente Skyline, parece que Hollywood está muy interesado en implantar cierta idea sobre el tema OVNI/ET en las mentes del público. Quizás una película que muestre la realidad del fenómeno entraría en conflicto de intereses con la política, la religión y la propia sociedad en la que vivimos.

Lo anterior puede responder a un intento de manipulación psicológica para poner a algo superior —en este caso una civilización alienígena más avanzada— como algo maligno. De paso, también intentar darle la mayor ficción posible a un fenómeno que se ha demostrado muy real. Al colocar a una civilización superior como maligna se la saca ética y moralmente de la competencia por la supremacía pensante en el Cosmos. Y es que algo maligno no puede competir con algo benigno ni arrebatarle el puesto que se ha ganado, en este caso para muchas personas de este planeta que aun viven en siglos pasados, el título de amos indiscutibles del Universo. Sería como decir que Hitler puede competir con Mahatma Gandi.

Por otra parte, también se contribuye a tratar el tema desde la ficción, pues la mayoría del público no interesado en investigar el tema, ya sea por prejuicios, miedo o ignorancia, solo tendrá acceso a lo que Hollywood les presenta sobre el tema; haciéndose así la falaz idea que “eso solo puede pasar en las películas”, y habría que agregar “y solo puede pasar como pasa en las películas”… Es decir, los alienígenas son feos y repugnantes, sus naves son aparatosas y en forma de bichos, y tienen la idea fija de colonizar otros mundos. De igual forma, esto último ayuda a crear una autocomplaciente reafirmación del ego colectivo de nuestra especie, ya que al ser ellos además de malignos, feos, no serían tan superiores.

Cabe destacar que investigaciones y estudios científicos como ESTE, han demostrado todo lo contrario a lo que plantea Hollywood, poniendo a las civilizaciones tecnológicas alienígenas superiores en otro escalón, donde tendrían que haber alcanzado cierto nivel evolutivo en conciencia para no destruirse entre ellos mismos. Al igual que los muchísimos casos dan fe de una actitud neutral-benevolente hacia nuestra especie por parte de aquellas que nos han visitado en casa.

Sin más preámbulos, a continuación les presentamos la historia verdadera del caso conocido como “La Batalla de los Ángeles”, uno de los primeros casos de la era moderna del fenómeno. Es posiblemente el primero en donde los militares tienen que lidiar con la presencia alienígena en los cielos de nuestro planeta, como así también es el incipiente inicio de la maquinaria de encubrimiento OVNI.

La Verdadera Historia

Luego que la temible Armada Imperial Japonesa propinara un certero golpe aquel 7 de diciembre de 1941 en Pearl Harbor, EE.UU. se metió de lleno en la guerra del Pacífico. La costa Este de la nación americana era considerada la más susceptible a una invasión desde Japón. Asimismo, fue necesario el establecer rápidamente una defensa antiaérea sólida y proveer a los ciudadanos con procedimientos que pudieran seguir en caso de un ataque.

Los procedimientos incluían el establecimiento de una Guardia de Vigilancia Antiaérea, como así también el empleo de apagones, los cuales eran utilizados en aquel entonces por el Teatro de Operaciones europeo.

Aproximadamente a las 2:25 a.m. del 25 de febrero de 1942, las sirenas antiaéreas fueron activadas por los militares en Los Ángeles, California fue sistemáticamente apagada. La gente saltó de sus camas en pánico. Miles de soldados se dirigieron raudos a sus respectivos puestos. Algo había sido avistado en los cielos acercándose a la ciudad y la posibilidad de un ataque enemigo en propio suelo parecía una posibilidad bastante real para una nación ahora en guerra.

Sin saber qué era lo que se acercaba a la ciudad, la 37ma Brigada de Artillería Costera comenzó a disparar sus armas antiaéreas hacia el objetivo. El fuego continuó por casi una hora. Más tarde se supo que tres personas habían muerto a causa de los fragmentos de cartuchos producto de la artillería antiaérea y que otros tres fallecieron de un ataque al corazón a causa del pánico provocado. Además de la pérdida de civiles, otro daño colateral fue la numerosa destrucción de casas y negocios. La alarma antiaérea fue levantada a las 7:21 a.m.

Es extraño el hecho que aviones del Comando Aéreo se prepararan para la misión de interceptar y derribar durante la traumática experiencia, y sin embargo la orden de ataque nunca fuera dada. Parece obvio que el “enemigo” que se paseaba por el firmamento nocturno de Los Ángeles no era una nave japonesa ni un avión comercial de EE.UU.

Miles de testigos del incidente describieron a la nave enemiga como un objeto grande que permaneció inmóvil sobre la ciudad mientras el ejército estadounidense le disparaba con todo lo que tenía. Poco después este misterioso objeto (¿u objetos?), sin mella alguna, empezó a desplazarse lentamente hacia Santa Mónica y Long Beach para desaparecer de vista por completo luego de un rato.

A la mañana siguiente en el periódico Los Angeles Times el titular decía: “El Ejército dice que la Alarma fue Real”. Entre las fotografías del incidente presentadas en el artículo, además de la del objeto en cuestión, también se veía a una mujer (Mrs. H.G. Landis) mostrando una almohada destruida por metralla, y a un residente sosteniendo un cartucho de 12 lb. que no explotó.

“El Ejército dice que la Alarma fue Real” —Los Angeles Times.

Imágenes que acompañaron al artículo publicado en aquel entonces en Los Angeles Times.

El Ejército, con el objetivo de encubrir las ramificaciones del incidente, sacó de la galera una explicación prosaica para calmar a la prensa y al Congreso. El 26 de febrero de 1942, el General George C. Marshall escribió un memorándum secreto al Presidente Franklin D. Roosevelt intentando explicar lo sucedido en el incidente de Los Ángeles.

El memorándum secreto enviado por el General George Marshall al Presidente Roosevelt acerca de los objetos no identificados sobre Los Ángeles en Febrero 25 de 1942.

Al culpar de todo a los “nervios por la guerra”, el Secretario de la Armada, Frank Knox, empezó a ser cuestionado por la prensa. La explicación era demasiado pobre. El periodico Long Beach Independent escribió: “Existe una misteriosa reticencia acerca del caso y al parecer también cierta censura que trata de suprimir cualquier discusión al respecto”.

Interesante es el hecho que ningún avión enemigo fue derribado durante el suceso y tampoco ningún país extranjero admitió haber sido el autor del “ataque”. La carta del General Marshall al Presidente Roosevelt está condimentada con muchos supuestos como “probablemente sobre Los Ángeles … quizás estuvo involucrado … si fueron … etc.”, llevando a múltiples conclusiones posibles. O bien el ejército pecó de inepto al no poder derriban una nave que permaneció estacionaria durante una hora sobre el cielo de Los Ángeles, o los primeros pasos del largo camino hacia un encubrimiento gubernamental del tema OVNI habían sido dados.

Más allá de cualquier conclusión posible, el hecho innegable es que el General Marshall quedó muy mal parado, y su memorándum al Presidente Roosevelt era bastante infantil en argumentos, algo que más adelante se potenciaría en toda la casuística OVNI, donde explicaciones prosaicas tales como reflejos de planetas, inversiones térmicas, globos meteorológicos, prototipos secretos, y gases del pantano estarían a la orden del día a la hora de desinformar al público. Este General no tuvo solo la incómoda tarea de notificar al Presidente y lidiar con las bajas civiles, sino que además se vio forzado a enfrentar una cruda realidad que superaba la simple lógica y sentido común.

El General C. Marshall bien pudo ser el primer militar de alto rango del siglo XX en enfrentarse con el fenómeno OVNI… pero no sería el último.

Los Testimonios

Algunos de los muchos testigos oculares aseguran que esa noche había más de un objeto víctima de la excesiva artillería, mientras que otros solo dicen haber avistado uno. Más allá de eso, coinciden en en lo esencial como que: (1) por lógica y paranoia se pensó en principio que era un ataque aéreo de los japoneses… algo que en ese entonces fue usado como chivo expiatorio a la hora de dar una explicación —y aun hoy en día dentro de la fauna pseudoescéptica; (2) que los objetos no pudieron ser identificados como algo mundano; (3) que a pesar de tanta munición, pólvora gastada, e impactos directos, no se pudo derribar absolutamente nada siendo que el objeto o los objetos estaban a distancia de tiro y casi inmóviles; (4) que posterior al hecho no se dio una explicación satisfactoria al público; y (5) que hasta ahora ninguna nación del mundo se hizo responsable por dicha invasión de espacio aéreo norteamericano.

Un veterano de la Segunda Guerra Mundial, conocido como H.C., hace pocos años declaró:

“Soy un veterano de la II Guerra Mundial. Quisiera notificarles que fui uno de los tantos testigos del evento acaecido aquel febrero de 1942. Tenía 14 años para ese entonces, y vivía en la zona de Adams y Crenshaw de Los Ángeles. Mi familia observó el episodio entero a través de la ventana panorámica de mi casa, cuya vista daba justamente hacia el oeste. Las sirenas antiaéreas nos despertaron a las 2 a.m. Hubo un rato de silencio luego de eso, y acto seguido se comenzaron a oír los estallidos del fuego antiaéreo. El cielo del noroeste estaba encendido con explosiones y las luces de los reflectores. La acción se movía hacia el sur siguiendo la línea costera. Recuerdo claramente como las luces de los reflectores convergían en la parte inferior de objetos extraños que daban la impresión de volar en formación. Parecían estar ajenos y ser completamente inmunes a los misiles que explotaban alrededor. Desde chico me interesé en la aviación, y aun sigo interesado, pero debo admitir que era difícil discernir qué eran esos objetos debido al asombro, la excitación y la especulación del momento. Me sorprendió de sobremanera enterarme días después que a pesar de tanta potencia de fuego no se encontró evidencia alguna de haber derribado algo.

“Vivía en Virginia Road, media cuadra al sur de West Adams Boulevard y un cuarto de milla al sur de lo que ahora es la carretera interestatal 10 de Santa Mónica, cerca de 5.5 millas al sudeste del actual Centro Cívico de Los Ángeles; y aproximadamente 10.5 millas al este de la costa de Santa Mónica.

“Como ya dije, el avistamiento se llevó a cabo en dirección oeste a través de una enorme ventana panorámica que nos proporcionaba una vista sin obstrucciones. Después fuimos hacia las ventanas de la cocina y el porch, que daban al sur, para seguir observando la acción que se desplazó hacia ese lugar. Ergo, el suceso siguió la línea costera.

“Pudieron haber estado a dos, tres o hasta seis millas de distancia. No me acuerdo de ese detalle con precisión debido a que pasó mucho tiempo. Pero lo que sí recuerdo bien son las luces de los reflectores convergiendo en la parte de abajo de estos objetos colorados volando en formación.”

Sin embargo, otros testigos, como Scott Littleton, aseguraron ver solo un objeto:

“Fui testigo ocular de los eventos ocurridos aquella madrugada inolvidable de Febrero de 1942. Por ese tiempo tenía solo 8 años, y mis padres vivían en 2500 Strand en Hermosa Beach, en la mera playa. Por tal motivo, teníamos asientos de primera fila para el avistamiento. Cuando mi padre partió a cumplir su deber como guardián en la vigilancia antiaérea, mi madre y yo vimos un objeto brillante que fue apuntado tanto por reflectores desde Palos Verdes como de Malibu/Pacífico/Palisades y rodeado por los estallidos del inefectivo armamento del ejército, mientras el mismo se desplazaba lentamente sobre la costa desde el noroeste hacia el sudeste. Se dirigió hacia tierra sobre Redondo Beach, un par de millas al sur de nuestro punto de vista, y eventualmente desapareció hacia el este de las colinas de Palos Verdes, que hoy se conoce como Rancho Palos Verdes. El incidente en su totalidad duró, al menos desde nuestra perspectiva, cerca de media hora, aunque no le tomamos el tiempo. Al igual que otros niños del vecindario, pasé la mañana siguiente recogiendo piezas de metralla en la playa; de hecho, uno se pregunta cómo es posible que tan poca gente fuera herida por esa cosa.

“No recuerdo haber visto alguna formación discernible, solo una pequeña bola de luz brillante en forma de ‘pastilla’ (Nota del editor: el término ‘platillo volador’ aun no había sido adoptado). Solo vimos un objeto, no varios como reportaron más tarde algunos testigos. Por aquel entonces estábamos convencidos que se trataba de un avión japonés de reconocimiento y que Los Ángeles era un serio candidato a recibir un ataque vía aérea. Cabe destacar que esto pasó menos de tres meses después de lo de Pearl Harbor. Pero desde ya, nada de eso fue lo que sucedió. Luego de la guerra todos esperábamos que ‘ellos’, los militares, nos dijeran que fue lo que realmente vimos allí arriba… pero hasta ahora no lo han hecho..”

Las imágenes

La fotografía principal que ilustra este artículo fue tomada por Frank Warren y obtenida del negativo original.

Fotografía original tomada por Frank Warren. En ella se observa claramente como los reflectores confluyen en un objeto con forma de platillo.

A continuación el detalle del objeto iluminado por los reflectores:

Izq: Gamma reducida para disminuir iluminación y contraste. Der: Iluminación reducida, contraste mejorado.

A veces es de ayuda ver el negativo. Se podría decir que así es como luce el negativo original:

Negativo de la imagen.

La misma imagen procesada por el físico óptico Bruce Maccabee, y líneas abajo el análisis realizado por este científico sobre la fotografía:

La misma imagen procesada y acotada por el Dr Bruce Maccabee.

Haces de luz se proyectan en el cielo de Los Ángeles dibujando en él una suerte de tienda de campaña india. Esta fotografía fue tomada en el área de Culver City durante el apagón; muestra nueve haces convergiendo en un objeto en el cielo. Los puntos de luz que se ven en el ápice de los ángulos formados se deben a los proyectiles de las baterías antiaéreas.

Para obtener la luminosidad original de la imagen es necesario escanear el negativo original y luego ajustar la “gamma” (la relación entre la densidad de la imagen del film y la luz que formó la fotografía). Típicamente es 1, pero puede ser que se haya ajustado un poco para mostrar una imagen más pálida. Allí quizás se encuentre información sobre la forma del “objeto”, la cual no se discierne bien en la impresión porque aparentemente el nivel de exposición del objeto es bastante alto y por tal razón la imagen quizá esté dentro del rango de saturación lumínica de lo impreso. SI es así, i.e., la imagen impresa está saturada, ningún análisis podrá llegar muy lejos en cuanto a los datos de la iluminación (variaciones en los niveles de iluminación) contenida en el negativo.

No conozco la velocidad del film o la apertura de la cámara. Sin embargo, me atreveré a decir que la apertura era lenta (lens bien abiertos; f/2 o 3) y que este es el tiempo de exposición porque (a) se muestran los haces de luz y (b) hay muy pocas “explosiones” (presumo) que probablemente no ocurrieron al mismo tiempo. La exposición bien pudo ser de varios segundos.

El hecho que los haces no traspasan el “objeto”, cualquiera fuese la convergencia de los mismos, lo hace ópticamente un objeto denso. Si había un montón de humo pululando alrededor del aire iluminado por los haces, se esperarían variaciones en la luminosidad: (más luminoso donde hay más humo). Hay variaciones, pero son uniformes y coherentes con la distancia (desde los reflectores) y el ancho de los haces. Esto quiere decir que las variaciones son consistentes con cada haz volviéndose más tenue a medida que viaja lejos de la fuente de luz. SI hubiera humo en cada lugar donde pasan los haces, causaría un aumento en la dispersión de la luz donde hay más humo (que es de todas maneras como vemos los haces, luz dispersa en el polvo o partículas de humo en el aire).

Los haces son bastante brillantes antes de alcanzar el “objeto” y casi inexistentes luego de éste. Cuanta densidad óptica de humo se requiere para eso, no lo sé. Lo cierto es que un objeto metálico sólido sería suficiente para bloquear los haces.

¿Qué tan grande es el “objeto”? Si conocemos la distancia entre la cámara y la convergencia de los haces, y la longitud focal de la cámara, podemos calcular el tamaño por aproximación. Para tal cosa es necesario saber sobre que porción de la ciudad estaba el objeto, dónde estaba el camarógrafo, y la altitud del objeto. Un método alternativo es estimar el diametro del haz a cierta distancia desde la fuente de luz y usar ese ancho como referencia.

Encontré un artículo de postrimería de los 1940s realizado por el Dr. Louis Eltermann para cuya investigación utilizó un reflector del ejército a fin de determinar la distribución vertical del polvo en la atmósfera. (Nota: Elterman fue autor del infame Reporte del Proyecto Twinkle en noviembre de 1951, en el cual ignoró, “encubrió” o, por lo menos, tergiversó, la película sobre White Sands que probó que objetos voladores no identificados estuvieron involucrados en ese caso. Ver THE UFO-FBI CONNECTION por Bruce Maccabee o también http://brumac.8k.com/WhiteSandsProof/WhiteSandsProof.html)

Eltermann describió al reflector como de 5 pies (ft) de diámetro y con una divergencia aprox. de 1.25 grados. Esto quiere decir que el diámetro a la distancia (D) desde el espejo sería D = 5’+0.02d. Por lo tanto 1000 ft de diámetro darían como resultado 25 ft. Desde luego el brillo del haz no es uniforme en todo su diámetro, por ende el diámetro más efectivo sería cercano a los 20 pies.

Considerando el haz en la parte derecha de la foto, sobresale para arriba a cierto ángulo, probablemente no en el ángulo exacto mostrado en la foto. Supongamos que el ángulo de elevación fuera de 30 grados. El ancho del “objeto” está orientado verticalmente (paralelo al suelo) mientras que el haz se asume estar inclinado 30 grados. De ahí el ancho horizontal del haz (L), no perpendicular al eje, sería L = D/sin (ángulo de elevación) = D/sin(30) = 2D por el presunto ángulo de elevación de 30 grados. Por consiguiente, si el objeto estaba a 1000 ft desde las lentes de proyección, estaba a 2 x 25 = 50 ft de longitud. Si estaba a 2000 ft el cálculo arroja D = 45 ft y L = 90 ft.

Se puede estimar que la altura del objeto era de 8000 ft. Para los 30 grados de inclinación del haz desde el suelo hacia los 8000 ft de distancia, nos daría aprox. 8000/sin 30 = 16000 ft. Si así fue, entonces el diametro del haz a esa altura hubiera sido de 165 ft y el ancho horizontal del objeto cerca de 330 ft.

Si el ángulo de inclinación fue menos de 30 grados entonces el calculo para el tamaño sería mayor. De igual forma, si el ángulo fue mayor, el tamaño calculado hubiera sido menor.

Basados en los cálculos de líneas arriba, y dándose cuenta que mejores estimaciones podrían realizarse si tuviéramos información más precisa sobre las iluminaciones, cámara, etc…, me atrevería a decir que la longitud del objeto iluminado es de 100 ft o más. Sin más más información, estas estimaciones son crudas y sin pulir, pero apostaría a que muy cercanas a la verdad.

Fuentes: “The Battle of Los Angeles – West Coast Air Raid: Unidentified Object” por Wendy Connors; “The Battle of Los Angeles, Photo Analysis” por Bruce Maccabee. Prólogo y traducción al español por Arkantos Khan para MysteryPlanet.com.ar.

6 comentarios
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 6 comentarios
Comentarios
Mar 5, 2011
21:55
#1 dsk:

Creo que hubiera sido muchisimo mas interesante una película ambientada en la noche del 25 de febrero de 1942, no creen? En blanco y negro.

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Mar 7, 2011
2:50
#2 JoaK:

Pequeño laburo te mandaste :P

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Mar 7, 2011
18:42
#3 barbarotico:

Los goviernos del “sistema” estan encaprichados en que los pueblos de l tierra veamos a los extraterrestres como una amenza. Los que pueden ser una amenaza son los grises y los reptilianos pero los humanos de origen extratarrestres no son ni una amenaza ni son enemigos.

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Mar 7, 2011
19:32
#4 Arkantos:

Gracias por el comentario JoaK, lo venía preparando hace varias semanas con el fin de publicarlo antes del estreno de la película. Es mi forma de contribuir a “desficcionalizar” el tema.

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May 1, 2011
20:30
#5 Knowledge:

Odio sonar infantil pero alguien recuerda el episodio de Thundercats: Bueno y Feo?
No les quedo nada del mensaje?
El hecho que se vea similar al simio-homo-sapiens no hace que sea bueno, del mismo modo el hecho de parecer ave o reptil o canino o felino, no hace que sean malignos…
no es que defienda a los grises o reptiles, que parecen tan reales como amigos imaginarios, pero las apariencias engañan, asi que por mucho que los playaranos o centauris digan somo buenos, siendo rubios caucasicos hacen que mi cerebro piense en otra conquista española-americana, donde los que no son rubios caucasicos sufren horrores, no es que los acuse pero… da que pensar…

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Oct 2, 2011
0:48
#6 MrRodzno:

@Knowledge: no eres infantil para nada, lo describiste tal como debia de ser

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