EL DESPIADADO

A pesar de los intentos de unificación a través del Cristianismo, a la larga los vikingos lucharon entre ellos mismos. Noruega se sumió en una guerra civil. En el año 1030, se enfrentaron fuerzas leales al gobernante danés Canuto el Grande contra el Rey noruego Olaf en la batalla de Stiklestad. De la cenizas de la lucha que cubrió de sangre la tierra y el alma de Noruega surgió un guerrero nuevo: Harald Hardrada, medio hermano y heredero del Rey Olaf. A mediados del siglo XI, cuando Harald se hacía hombre, desarrolló la ambición de de dirigir y unir a Noruega, pero primero debería obtener el poder para hacerlo.

Representación de batalla entre vikingos.

Olaf murió en la batalla y Harald, que entonces contaba tan sólo quince años, huyó al extranjero. Fue a Suecia y después se marchó a Kiev, una próspera ciudad comercial situada en la actual Ucrania. En el año 1031, siguió la ruta de los vikingos suecos que habían fundado centros de comercio en los dos siglos anteriores para tener acceso a los productos de Oriente. Los suecos fueron allí como saqueadores violentos, pero se quedaron y se volvieron comerciantes. A través del comercio, Kiev conectaba el mundo escandinavo con el más amplio mundo de Oriente; ese fue un detalle que no se le escapó a Harald. En esa intersección de cultura y comercio se dio cuenta que sin un mercado para los productos de sus saqueos, su poder sería limitado.

Los productos materiales eran sólo una parte del comercio, los vikingos también eran comerciantes de carne humana, eran amos de esclavos y vendían a los hombres y mujeres capturados en sus saqueos.

Pero a pesar de las lecciones de economía aprendidas en Kiev, Harald no fue sólo ahí a buscar fortuna en el mercado. El corazón de vikingo latía con fuerza en su interior. Él también debía asumir el papel de un guerrero y aprender las cosas que lo convertirían en Rey.

En el año 1038, Harald ya había tomado confianza y tenía ansias de saquear, siendo el líder de una gran fuerza de mercenarios vikingos. Fue contratado por gobernantes del Este para aplastar rebeliones contra ellos y obtuvo riqueza y poder mientras se preparaba para ir a Noruega a tomar la corona.

En Sicilia, Harald mostró su legendario ingenio. Él era un General que se caracterizaba más por su astucia que por su gran valor. Una de sus tácticas al llegar a una ciudad y sitiarla era hacer que sus hombres atraparan a los pájaros pequeños que volaban hacia dentro y fuera de ésta. Luego, con cordeles y gomas les ataban ramas en llamas y los soltaban. Los pájaros volvían a sus nidos en los techos de paja, comenzando así un incendio que facilitaría la toma de la ciudad.

En su libro “La Saga del Rey Harald”, el historiador islandés del siglo XIII, Snorri Sturluson, escribió esto sobre la eficiencia de su plan para tomar Sicilia: “Gracias a su plan, la gente salió de la ciudad pidiendo piedad. Era la misma que antes había lanzado insultos al ejército y a su líder por varios días”.

Harald perdonó las vidas de todos los que pidieron cuartel y se apoderó la ciudad. Después de casi 15 años, este astuto guerrero tenía la reputación y riqueza necesaria para reclamar al fin su justo derecho sobre su fraccionada tierra natal.

En el año 1046, se dirigió de regreso a Escandinavia como un mercenario famoso con la riqueza y ambición de un Rey pero sin poseer ese título. Dado que era el heredero próximo del trono de Noruega, estaba listo para reclamarlo. El problema era que su sobrino, Magnus el Bueno, lo ocupaba en ese momento, de manera que tuvo que negociar el asunto. Pronto llegó a un acuerdo con su sobrino para que ambos compartieran el trono. Eso funcionó… Magnus murió un año después. No hubo pruebas que sugirieran que Harald lo mandó a matar, aunque si hubieron acusaciones lanzadas en ese sentido.

Luego de completar su reclamo al trono, Harald actuó para asegurarse de no tener rivales en el poder. En 1047, se lanzó a destruir a sus adversarios. Con una brutal mezcla de inteligencia y venganza, desató una furia tremenda contra todo el que se opusiera a él. Su mensaje era simple: “ríndanse o morirán”.

En todo el país, los enemigos de Harald pagaron un precio alto por su deslealtad. En “La Saga del Rey Harald” aparece como el Rey celebra en sus propias palabras su insaciable crueldad: “Mato sin remordimiento y recuerdo todos mis asesinatos. La traición debe ser aplastada con buenos o malos medios antes que pueda causarme daño. Los árboles de la insurrección crecen gracias a las bellotas de la traición”.

Al aplastar la insurrección se decidió realizar una celebración. Los fieles partidarios del Rey Harald fueron a su casa de madera, la Sala Grande, para una espléndida fiesta. En la Sala Grande se realizaban tratos políticos importantes, se ofrecían sobornos, se forjaban alianzas, y se ejercía el poder.

Tomando Kiev como modelo, el Rey Harald creó un importante centro de comercio en un estratégico pueblo costero donde habrían productos de todo el mundo. Ese pueblo fue Oslo, que llegó a ser uno de los grandes puertos de la región. Harald sabía que el comercio sería lo que uniría al pueblo vikingo y le daría la riqueza y estabilidad que deseaba. Los mercados de Oslo estaban llenos de productos de las granjas vikingas: trigo y vegetales, pieles y telas. Los barcos largos traían productos de todo el mundo consigo: especias, oro, telas, minerales valiosos, y esclavos. Se vendían cerámicas y vasos de Alemania, joyas de plata de Francia, y monedas de las lejanas tierras árabes.

Los vikingos se volvieron comerciantes astutos mientras Oslo crecía y prosperaba. Pero el desarrollo de ese importante centro comercial solo aumentó el apetito de Harald por tener más riqueza y control. Entonces decidió atacar un objetivo más grande, y ese objetivo fue Inglaterra. Se subió en su barco y por supuesto reunió muchos otros más. A él se le unió el hermano rebelde del Rey de Inglaterra, Tostig, y entonces partió hacia lo que pensaba sería otra conquista para su reino.

El hombre que una vez fue un refugiado había obtenido un asombroso poder e influencia política entre su pueblo. Ya había conquistado a sus más duros enemigos vikingos y sus acciones se habían topado con poca resistencia. Inglaterra y todas sus riquezas parecían estar al alcance de su mano de hierro.

A finales de septiembre del año 1066 d.C., un jinete llevó noticias urgentes y sombrías a la ciudad de York: el Rey vikingo Harald Hardrada se acercaba. Los ingleses conocían bien su brutal reputación. Solo una acción rápida y un gran valor podrían detenerlo.

Harald empezó su conquista en la costa y, después de ganar una serie de rápidos encuentros violentos, parecía tener asegurado el triunfo. York aparentaba estar preparado para rendirse. Entonces los vikingos se dirigieron al puente Stamford, a unos 11 Km. de la ciudad. Harald esperaba que los líderes de York le homenajearan y le presentaran unos rehenes como tributo. De hecho, el Rey vikingo estaba tan convencido de que el Norte de Inglaterra era suyo que ya casi había sido felicitado por sus hombres y por eso partieron sin sus armas.

Los ingleses no fueron tan descuidados. Su Rey Harold Godwinson (Harold II de Inglaterra) marchó con sus soldados a paso redoblado por el bosque para interceptar a los vikingos; sus soldados con espadas usaban mallas, sus arqueros estaban bien armados. La decisión de parar la invasión vikinga y salvar su ciudad era absoluta.

Cuando apareció el ejército inglés, al menos eso es lo que dicen las sagas, los vikingos quedaron muy sorprendidos al ver sus armaduras brillando al sol y acercándose a ellos. No sabían quiénes eran, pero al acercarse más los reconocieron. Harald tomó entonces una decisión fatídica, en lugar de retirarse y esperar el resto de sus tropas de los barcos, quiso pelear de inmediato. En un momento dado, los ingleses retrocedieron, los vikingos sintieron que habían triunfado y sus fuerzas rompieron la formación. Según “La Saga del Rey Harald”, éste reanimó a sus hombres con las siguientes palabras: “Lleven sus cabezas siempre en alto en batalla porque las espadas buscan destruir las cabezas de los guerreros condenados a morir”.

“La historia cuenta que un guerrero se paró en el puente y contuvo a todos los ingleses.”

La historia cuenta que un guerrero se paró en el puente y contuvo a todos los ingleses. Ambos ejércitos eran pequeños, algo usual en la Edad Media. Cuando este valiente guerrero vikingo que contenía al ejército enemigo para que no cruzara el puente fue herido, el camino quedó libre y los ingleses cayeron sobre las fuerzas de Harald de armaduras ligeras atravesándolas como lo hace una guadaña con el trigo. La batalla fue salvaje. Los vikingos usaron su habilidad y valor contra un ejército que luchaba para proteger su tierra natal. Los invasores cayeron uno tras otro y su sangre cubrió el suelo inglés en una matanza terrible. Las sagas vikingas narran cómo fue esa lucha: “El corazón guerrero de nuestro líder no vaciló, el Rey mostró a todos su gran valor en el fragor de la batalla. Su espada sangrienta hirió de muerte al enemigo”.

En medio de la batalla, una flecha lanzada con puntería o guiada por el destino se enterró en la garganta de Harald Hardrada. Sus refuerzos llegaron más tarde ese día, pero ya era demasiado tarde. Los vikingos fueron superados en número y astucia, sufriendo un desastre casi total. Al caer la noche la derrota ya era definitiva.

Harald Hardrada llego a Inglaterra en septiembre del año 1066 con miles de soldados y una gran ambición, pero sólo halló la ruina y la muerte. Se dice que de los 270 barcos que habían partido de Noruega sólo volvieron 30.

En las siguientes décadas los vikingos continuaron sus ataques esporádicos, pero ninguno llegó tan lejos como Harald ni estuvo tan cerca como él de tener un Imperio en su última batalla. En unas pocas semanas comenzó una nueva Era en la historia de Europa.

LA NUEVA ERA EUROPEA

En la época de la muerte de Harald, en el año 1066, la influencia vikinga había expandido sus profundas raíces en la cultura mundial, el comercio y la historia. Ergo, sembró las semillas de su propia destrucción: la asimilación. Su absorción en las tierras que conquistaron y la fuerza unificadora y expansiva del Cristianismo produjeron su caída tanto como cualquier derrota militar.

La historia de Europa cambió radicalmente, ahora Rusia era tierra de vikingos, Normandía se volvió la tierra de los normandos, los normandos eran vikingos; posteriormente, los normandos conquistaron Inglaterra (Guillermo el Conquistador/Hastings); así que su legado fue extenso en la historia europea.

Territorios y viajes de los vikingos.

Los vikingos fueron como guerreros, colonos, exploradores y comerciantes, agentes de cambios políticos y sociales extraordinarios que estimularon el crecimiento económico, el fortalecimiento de Europa, el desarrollo de las identidades nacionales, los avances en la construcción de barcos, la navegación y muchas cosas más. Sus brutales saqueos les dieron su perdurable fama de bárbaros, pero en su búsqueda de oportunidades, riquezas y poder, los vikingos no destruyeron la civilización occidental, más bien la enriquecieron… quizá para siempre.

3 comentarios
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 3 comentarios
Comentarios
Jul 12, 2016
22:34
#1 Homer Rodney Díaz:

¡Excelente sinopsis de los vikingos! Los navegantes vikingos llaman la atención por su audacia y arrojo en la consecución de sus conquistas. Hoy he aprendido que la misma necesidad ha sido la autora de las proezas y asaltos de esta temible casta endemoniada.

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May 19, 2017
9:55
#2 Octavio:

Excelente post. Escribí algo sobre los vikingos también. Principalmente sobre la serie, que me pareció muy buena. https://lacolumnadeoctavio.blogspot.com.ar/2017/05/normal-0-21-false-false-false-es-ar-x.html

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Dic 13, 2017
13:42
#3 guaucho del sur:

HABRIA QUE VER QUIEN FINANCIO Y DIO LOGISTICA E INTELIGENCIA A LOS ATAQUES DE LOS VIKINGOS A MI PARECER DEBEN SER LOS JUDIOS QUIENES DABAN ESAS COSAS Y HACIAN VIEBLE EL ACCIONAR DE LOS LOCOS DEL NORTE

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