La lista de investigaciones científicas de la NASA en la Luna sigue creciendo con vistas a sus ambiciosos planes para devolver a los astronautas a la superficie lunar.

La agencia espacial está pregonando una nueva «prioridad máxima»: la exploración de desconcertantes características geológicas llamadas Domos Gruithuisen, dos misteriosos montículos de roca granítica que los científicos sospechan que fueron formados por magma rico en sílice.

Lo que los hace tan inusuales es el hecho de que este tipo de magma generalmente solo se forma en la Tierra en presencia de agua y actividad volcánica causada por el cambio de placas tectónicas —ninguna de las cuales está presente en la Luna—.

«¡Tenemos un misterio lunar en nuestras manos! Los domos Gruithuisen son un enigma geológico», dijo la científica Caroline Capone de la NASA. «Según las primeras observaciones telescópicas y de naves espaciales, se sospecha desde hace mucho tiempo que estos domos están formados por un magma rico en sílice, similar en composición al granito. El verdadero misterio es cómo se pudieron formar tales magmas silícicos allí».

«Para comprender realmente estas características desconcertantes, debemos visitar los domos, explorarlos desde el suelo y analizar muestras de rocas», agregó.

Domos Gruithuisen.

La NASA planea enviar un módulo de aterrizaje y un rover a los domos de Gruithuisen, como se ve en este mosaico de imágenes obtenidas por la cámara del LRO. Los domos están ubicados en 36,3°N, 319,8°E. Imagen de 55 km (34 millas) de ancho, el norte está arriba. Crédito: NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona.

Para esto ya se está planeando enviar dos conjuntos separados de instrumentos científicos a la superficie lunar, uno de los cuales observará de cerca estas enigmáticas formaciones.

La agencia espera aprovechar sus conexiones de la industria espacial privada para lanzar el Lunar Vulkan Imaging and Spectroscopy Explorer (Lunar-VISE), un conjunto de cinco instrumentos, dos de los cuales se montarán en un módulo de aterrizaje estacionario y los tres restantes en un rover móvil. Este último explorador robótico será justamente el que tendrá diez días terrestres para escalar la cima de uno de los dos domos Gruithuisen y dilucidar su composición química, con la esperanza de descubrir sus orígenes.

La otra misión, llamada Lunar Explorer Instrument for Space Biology Applications (LEIA), «estudiará los efectos del entorno de baja gravedad y radiación de la Luna en la levadura, un organismo modelo utilizado para comprender la respuesta y reparación del daño del ADN», detalló en un comunicado Joel Kearns, administrador asociado adjunto de exploración en el Directorado de Misiones Científicas de la NASA.

La NASA espera lanzar estas dos cargas útiles a la Luna para el año 2026, si es que todo sale según lo planeado.

Fuente: NASA/DM. Edición: MP.

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