Un equipo de científicos y conservacionistas repitió el éxito de dos intentos anteriores y obtuvo el tercer embrión viable de un rinoceronte blanco del norte en Kenia, en una cruzada para salvar a esta especie que se encuentra al borde de la extinción.

Najin, uno de los dos últimos rinocerontes blancos del norte hembra que quedan en el planeta. Foto: Ami Vitale.

Científicos europeos lograron obtener el tercer embrión viable del rinoceronte blanco al fertilizar el pasado 17 de diciembre un huevo de la hembra Fatu, que todavía está viva, con espermatozoides del macho Suni, que murió en 2014.

Ahora cuentan con tres embriones que se conservan en nitrógeno líquido, y el primer intento de trasplantar uno de ellos a una madre sustituta podría emprenderse este año.

Zachariah Mutai, principal cuidador de Najin (izquierda) y Fatu (derecha) en Ol Pejeta Conservancy de Kenia, separando a las hembras para que fueran sometidas al proceso de extracción de óvulos. Foto: Ami Vitale.

Entre los 1960 y los 1980 la población de rinocerontes blancos del norte disminuyó de varios miles de individuos a solo 15. A pesar de los intentos de restaurar la población en las reservas —estos rinocerontes no se han visto en estado salvaje desde 2007—, a principios de la década de los 2010 se registraron más bajas: en 2014, murieron dos de los tres machos restantes, y en 2018 se murió Sudan, el último de ellos.

En la actualidad, en el mundo solo hay dos rinocerontes blancos del norte: Najin y Fatu, y ambos son hembras. Sin embargo, los científicos están intentando restablecer la población a través de la inseminación artificial y utilizar los espermatozoides congelados de los últimos tres machos del rinoceronte blanco del norte. Los experimentos para lograr recuperar la población comenzaron el verano pasado, y en otoño los científicos del Instituto de Zoología y Vida Silvestre de la Asociación Leibniz y del Laboratorio de Tecnología Reproductiva Avantea en Cremona, Italia, obtuvieron dos embriones viables.

Fatu sometiéndose al procedimiento que extrajo los óvulos de sus ovarios. Se trata de un procedimiento delicado por la presencia de grandes vasos sanguíneos en la zona de extracción. De izquierda a derecha, Robert Hermes, Thomas Hildebrandt, y Susanne Holtze, del Leibniz Institute for Zoo and Wildlife Research, encargados de llevar a cabo la tarea. Foto: Ami Vitale.

No obstante, la tasa de supervivencia de los embriones no es muy alta hasta el momento, ya que solo se obtuvieron dos embriones viables de diez ovarios extraídos. Por este motivo los científicos continúan los experimentos de fertilización in vitro.

Fuente: IFB. Edición: RT.

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