Ubicado en la Reserva Comunal Amarakaeri, Madre de Dios, es un impresionante monumento de roca que, con total claridad, presenta un rostro humano que despierta la curiosidad de los pocos viajeros e investigadores que pasan por el lugar.

El lugar en que se encuentra es considerado sagrado por los habitantes aborígenes, el acceso está lleno de dificultades. La zona es remota e inaccesible y para llegar hay que abrirse camino a machetazos y caminando por un sendero de roca y barro, en medio de una gran humedad y de encuentros con pumas, jaguares, grandes serpientes e insectos de todo tipo.

Se conoce esta cara de piedra desde 1935, pero permaneció olvidada en la profunda selva amazónica de Perú, la roca con el Rostro Harákbut en la reserva Amarakaeri fue redescubierta por la etnia homónima de los Harákbut, para utilizarla como arma cultural en la conservación de su territorio.

El rostro pétreo pudo ser esculpido por una civilización preincaica que habitó en Madre de Dios entre el 2000 a.C. y 200 d.C.

Harákbut es el nombre étnico y de la lengua que hablan las siguientes tribus con leves diferencias: amaracaeris, arasaeris, huachipaeris, sireneris, iñaparis, toyeris o toyoaris.

Incacok

El enorme rostro de rasgos andinos se encuentra en lo alto de una gran cascada que vierte sus aguas en una laguna. Parece un anciano esculpido en la roca con mirada profunda, como si estuviera vigilando la región. Y aunque originalmente se presume una formación natural, todo apunta a que la mano del hombre la terminó de moldear. Tiene una postura solemne y está orientada hacia el este. En el lugar —dicen quienes estuvieron— se siente una energía diferente.

La llaman Incacok, que en harákbut (la lengua nativa de los indígenas amaracaeri) significa ‘Cara Inca’. Según los testimonios de los ancianos aborígenes, hay otros dos rostros monolíticos más en la selva, conectados por caminos ancestrales que se dirigían a Cusco. Sin embargo, quienes conocían como llegar a ellos ya habrían fallecido.

Pero más allá del nombre, tanto el rostro de piedra conocido, como los restos arqueológicos en la selva a su alrededor podrían corresponder al mismo período de quiénes escribieron los petroglifos de Pusharo, en Madre De Dios, aproximadamente entre el 2000 a.C. y el 200 d.C. Por ende, tal vez los incas no tuvieron nada que ver con la autoría del rostro esculpido. Los indígenas actuales, los Harákbut y otras etnias de la zona no serían más que descendientes de aquella civilización perdida de la que apenas quedan vestigios.

Petroglifos

Los antedichos petroglifos de Pusharo se encuentran en la margen derecha del río Palotoa, afluente del río Alto Madre de Dios. Grabados en muros de roca de hasta 25 metros de largo y 4 de alto, muestran una variedad de imágenes de forma antropomorfa, serpientes, huellas de felinos, representaciones geométricas, motivos zoomorfos y astronómicos.

Al igual que con el Incacok, curiosas caras pueblan también estos petroglifos y desafían la imaginación de los visitantes. Podría ser una designación de una raza o etnia, aquélla que especulan pobló antes la región.

Algunos investigadores vieron en estos grabados un mapa del firmamento, mientras que para otros es un mapa terrestre indicando ríos, montañas y otros accidentes geográficos, a manera de un recordatorio de quienes se movilizaban entre la selva baja y la zona altoandina. Y hay hasta quien dice que es una guía codificada para hallar el mismísimo Paititi.

Como fundamento para esto último, la leyenda dice que los Harákbut sabían de sus ancianos líderes que los incas llegaron al corazón de Amarakaeri para ocultar y salvar sus tesoros del saqueo de los invasores españoles hace más de 500 años.

El barón del caucho

El caucho se presentó como un recurso temporal que duró aproximadamente 30 años a partir del año 1882 hasta el año 1912 en Madre de Dios.

Hacia finales del siglo XIX los toyoeri fueron diezmados por el tristemente célebre Fitzcarraldo, «barón del caucho». Llamado Carlos Fermín Fitzcarrald, hijo de padre norteamericano y madre peruana, fue uno de los más sanguinarios caucheros que explotaba Madre de Dios, a quien se le atribuye el choque cultural con los nativos, esclavitud y miseria. Este evento desembocó en una guerra interina entre los supervivientes de otros grupos de tribus harákbut. Estos episodios fueron parcialmente dramatizados en la película homónima (Fitzcarraldo, de Werner Herzog).

En la Reserva de Amarakaeri, en Madre de Dios, se encuentran ruinas de una civilización olvidada con piedras de gran tamaño cubiertas por la vegetación.

La explotación del caucho decayó en la selva peruana, porque los asesores ingleses de los grandes extractores trasladaron plantones de caucho a la isla de Java, Sumatra, Molucas colonizada por Inglaterra, que al producir el caucho, bajó el precio internacional y marco el fin de su explotación en el Perú y en Brasil.

Hacia 1940 se renovó el contacto con los indígenas a través de misioneros dominicos. Cuando los Harákbut contactaron con la Orden Dominicana ascendían a 30.000 personas. Se estima que existen actualmente 5.000 Harakbut viviendo en Madre de Dios, región amazónica peruana fronteriza con Brasil.

Esfuerzo de conservación

En 2014, los líderes Harákbut Luis Tayori y Jaime Corisepa condujeron una expedición que logró redescubrir el «rostro Harákmbut» cubierto de vegetación, en un viaje financiado por las Fundaciones Rainforest y Ford, con el objetivo de conectar a los nativos con su pasado. La expedición fue filmada por el cineasta británico Paul Redman.

Posteriormente, diferentes instituciones comenzaron a trabajar para que, a través de Ministerio de Cultura de Perú, el «Incacok» sea reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación y se convierta en uno de los destinos turísticos de importancia para el desarrollo de los pueblos originarios asentados allí.

Dicha tarea fue iniciada por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) y el ECA Amarakaeri. Estos trabajos de investigación se realizaron en coordinación con el Ministerio de Cultura, el Consejo Harákbut Yine Matsigenka-COHARYIMA, la población de la comunidad nativa de Puerto Luz y la cadena de televisión internacional BBC.

Finalmente, en 2021 se logró el objetivo, marcando así el primer paso hacia la promoción de este monumento pétreo y la Reserva Comunal Amarakaeri como parte de la oferta turística de la región Madre de Dios, una iniciativa que —según el SERNANP— no solo generará beneficios socio-económicos para las poblaciones locales, sino que además permitirá compartir la cultura viva de los pueblos indígenas Harakbut, Yine y Matsiguenka.

Referencias:

Por MysteryPlanet.com.ar

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