La nueva investigación, publicada la semana pasada en la revista de arqueología de la Universidad de Tel Aviv, provee la primera evidencia de que la sustancia psicoactiva era parte de la vida religiosa en el ancestral reino de Judá. 

A poco más de kilómetro y medio de Jerusalén, en un sitio en el desierto de Néguev conocido como Tel Arad, los arqueólogos de antaño excavaron los restos de una ciudad cananea, al igual que dos fortalezas israelitas superpuestas que datan de entre los siglos X y VI antes de Cristo.

Las fortalezas fueron construidas allí para custodiar la frontera sur de la Judá bíblica. Allí se llevaron a cabo varios descubrimientos importantes, incluido un santuario con un par de altares que contenían un material orgánico solidificado negro no identificado.

Los análisis anteriores de estos materiales no pudieron identificar su contenido. Pero ahora, gracias a los métodos modernos, fue sometido a nuevos análisis con resultados reveladores: cannabis.

El estudio mostró que en el altar más pequeño el cannabis se había mezclado con estiércol animal para facilitar el calentamiento, mientras que el altar más grande contenía trazas de incienso que se mezclaba con grasa animal para promover la evaporación.

Estos hallazgos únicos arrojan nueva luz sobre las prácticas de culto en la Judá bíblica, lo que sugiere que el cannabis se usó allí como un psicoactivo deliberado, para estimular el éxtasis como parte de las ceremonias de culto.

Ruta de la seda

El autor principal del estudio, Eran Arie, del Museo de Israel en Jerusalén, comentó: «Esta es la primera vez que se identifica el cannabis en el antiguo Cercano Oriente; su uso en el santuario debe haber jugado un papel central en los rituales de culto que se realizan allí».

Pero más allá de la potencial incorporación de los estados alterados de consciencia en la veneración, estos hallazgos también tienen implicaciones en el entendimiento de las rutas comerciales de aquellos tiempos.

El altar más pequeño mide 40 cm de alto y unos 20 por 20 cm en la parte superior; el más grande mide aproximadamente 50 cm de alto y 30 por 30 cm en la parte superior.

El incienso proviene de Arabia. Por lo tanto, la presencia de incienso en Tel Arad indica la participación de Judá en el comercio del sur de Arabia, incluso antes del patrocinio y el estímulo del imperio asirio.

Por otra parte, Arie piensa que es probable que el cannabis fuera cultivado en algún lugar del sur de Rusia o China. Algunos arqueólogos sugieren que esta planta se propagó hacia el occidente desde Asia a través de la Ruta de la Seda.

Fuente: Science News/Smithsonian Magazine.

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