La vida podría estar creando su propio entorno en la atmósfera venusina.

Concepción artística de la biosfera aérea en las capas de la atmósfera de Venus. En esta imagen, la vida microbiana hipotética en las nubes venusinas reside dentro de las partículas protectoras de la nube y es transportada por los vientos alrededor del planeta. Crédito: J. Petkowska.

Los investigadores causaron un gran revuelo el año pasado cuando anunciaron el descubrimiento de importantes fuentes de fosfina en la atmósfera de Venus. El gas incoloro e inodoro, afirmaron en ese momento, podría ser un posible signo de vida, ya que a menudo es el resultado de la descomposición de la materia orgánica aquí en la Tierra.

La hipótesis sigue siendo una posibilidad remota: que las nubes en la atmósfera espesa y llena de dióxido de carbono del planeta podrían albergar formas de vida que también resultan ser resistentes a las gotitas increíblemente cáusticas de ácido sulfúrico que las rodean. Esto ha llevado a otros científicos ha arrojar agua fría sobre la idea, señalando la posibilidad de un error de procesamiento que cuestione los datos en sí.

Pero ahora, un nuevo estudio está dando nueva vida a la tentadora hipótesis. El ácido sulfúrico, dicen los científicos del MIT, podría ser neutralizado por la presencia de amoníaco, que los astrónomos también sospechan que está presente en la atmósfera venusina gracias a las misiones de las sondas Venera 8 y Pioneer en la década de 1970.

El amoníaco desencadenaría una larga cadena de reacciones químicas, dicen, que podrían convertir las nubes de Venus en un lugar acogedor.

En resumen, «la vida podría estar creando su propio entorno en Venus», escriben los investigadores en su artículo, que fue aceptado para su publicación en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Representación artística de la atmósfera venusina. Crédito: Mark Garlick.

«Nuestro modelo, por lo tanto, predice que las nubes son más habitables de lo que se pensaba y pueden estar habitadas», concluyen los investigadores.

El gas amoniaco en sí mismo podría ser el resultado de procesos biológicos, proponen los autores, en lugar de relámpagos o erupciones volcánicas, como se ha sugerido en investigaciones anteriores.

«Hay entornos muy ácidos en la Tierra donde vive la vida, pero no se parece en nada al entorno en Venus, a menos que la vida esté neutralizando algunas de esas gotas», explicó la coautora Sara Seager, profesora de ciencias planetarias en el MIT, en un comunicado de prensa.

Es una conclusión intrigante, pero nada menos que enviar una sonda a la atmósfera de Venus confirmará de manera convincente la tentadora hipótesis.

Afortunadamente, tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea planean enviar sus respectivas naves espaciales a nuestro vecino planetario más cercano en los próximos 10 a 15 años. Así que, con suerte, algunas respuestas finalmente estarán en camino.

Fuente: MIT. Edición: MP.

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