Es innegable que los humanos hemos alterado y saqueado drásticamente mucho del mundo natural. Pero… ¿cuánta de la superficie del planeta permanece libre de nuestra maligna influencia?

En verde las áreas con bajo impacto humano y en púrpura aquellas con un alto impacto. Crédito: Riggio et al., Global Change Biology, 2020.

En un nuevo estudio, científicos compararon diferentes conjuntos de datos espaciales para responder esta pregunta. Y mientras que la metodología varía de uno a otro, al igual que los sistemas de clasificación, en promedio, los investigadores calculan que entre un 48 y un 56 por ciento de la superficie terrestre tiene un nivel bajo de influencia humana.

«A pesar que el uso intensivo de la tierra por parte del humano amenaza los hábitats naturales que quedan, especialmente en las áreas más cálidas y acogedoras, cerca de la mitad del planeta aún permanece en áreas sin un uso a gran escala», precisa el científico ambiental Erle Ellis de la Universidad de Maryland-Baltimore County.

Mientras que estos datos pueden inspirar a muchos —destacando la vasta extensión de tierras intactas que todavía pueden ser protegidas con medidas de conservación—, el estudio también sirve para ilustrar qué cantidad de la Tierra ya ha sido ocupada y utilizada por las empresas humanas.

De la tundra al desierto

Los resultados también arrojan que aproximadamente un cuarto (20 a 34 %) de la superficie terrestre libre de hielo muestra señales «muy bajas» de influencia humana. Asimismo, las partes del planeta que no hemos alterado hasta ahora constituyen algunos de los lugares menos habitables del planeta.

«La mayoría de las áreas con muy baja o baja influencia son porciones del planeta muy frías (e.g., bosques boreales, praderas de montaña y tundra) o muy áridas (e.g., desiertos)», escriben los autores. «Más preocupante aún, en muchos de los conjuntos de datos, menos del 1 % de las praderas templadas y los bosques coníferos tropicales y secos, tienen poca influencia humana. Y lo mismo sucede con praderas y manglares».

En otras palabras, ya sea vía urbanización, silvicultura, agricultura u otros medios, el hombre ha ejercido la mayor influencia posible en la biodiversidad de paisajes que presentan oportunidades fáciles para las necesidades humanas inmediatas; en contraste, los abrasadores desiertos y los gélidos páramos han sido ignorados.

Actuar ahora

No obstante, los investigadores dicen que los resultados mostrados aquí son un claro marcador que podemos usar en el marco de futuros esfuerzos de conservación, previniendo las intrusiones en áreas con bajo impacto a la vez que se recuperan áreas ya explotadas para su conservación.

«Nuestros hallazgos sugieren que el ~50 % de la superficie terrestre del planeta ha experimentado bajo influencia humana y, en consecuencia, es posible lograr una acción global para conservar al menos esa mitad», señalan.

Este estudio estaba destinado a ser presentado en la Convención anual de Diversidad Biológica en China, una reunión que tuvo que posponerse debido a la pandemia de COVID-19.

La cordillera Brooks, en el norte de Alaska. Los bosques boreales en esta zona están entre las área más grandes que aún no han experimentado menos influencia humana. Crédito: Jason Riggio/UC Davis.

«Dado que el virus SARS-CoV-2 detrás del brote sería un patógeno de origen zoonótico (que pasó de animales a humanos), la actual situación es solo otro ejemplo de qué tan importantes son estos asuntos de conservación», expresa el equipo.

«El riesgo de futuras pandemias como la de COVID-19 podría reducirse al detener el comercio y venta de vida silvestre, al igual que minimizando las intrusiones humanas en la naturaleza», sostiene el investigador Andrew Jacobson del Catawba College en Carolina del Norte.

«Aparte de protegernos a nosotros de los patógenos, necesitamos actuar rápido para proteger y restaurar las tierras que han sido dañadas por manos humanas. Solo el 15 % del planeta se encuentra bajo alguna forma de protección ambiental, y los ecosistemas fuera de esos lugares se están deteriorando rápidamente».

«Hay una oportunidad, ahora mismo, de trazar una línea y decir “no más”», concluye.

Fuente: ScienceAlert. Edición: MP.

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