EL ORLOV

Este diamante fue adquirido por el príncipe Grigori Orlov para obsequiárselo a Catalina la Grande. Orlov murió, en un manicomio luego de perder el favor de la soberana.

El Orlov, de ciento noventa y nueve quilates, se conserva en el Museo del Palacio de las Armaduras, en Moscú.

La leyenda agrega que el Orlov había sido robado de un templo de Brahma en la India.

EL REGENTE

Tal vez sea uno de los pocos diamantes que goza de buena reputación. Su peso es de aproximadamente ciento treinta y seis quilates. Fue adquirido por el Duque de Orleans, sobrino de Luis XIV y Regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XV.

Se dice que sólo trajo suerte a quienes lo lucieron, entre ellos Napoleón, que lo hizo engarzar en su espada.

Actualmente el Regente se exhibe en la Galería Apolo del Museo del Louvre.

LOS INDIFERENTES

Entre los diamantes que no arrastran maldiciones ni historias siniestras, pero sí valor y belleza, cabe destacar los siguientes:

– El Nizam, de cuatrocientos treinta quilates. Su dueño, el Nizam de Hydebarad, lo usaba como pisapapeles, dado su enorme tamaño.

– El Cullinan, de Africa del Sur. Pesaba tres mil ciento seis quilates. Al tallarlo se le dividió en nueve piedras grandes y decenas menores. Una de ellas se la conoce como Estrella del Africa y pesa quinientos treinta quilates y pertenece a la corona de Inglaterra.

– El Presidente Vargas, de Brasil, descubierto en 1938. Pesaba setecientos veintiséis quilates. Al ser tallado se obtuvo una cantidad de veintiocho piedras. El nombre lo sigue llevando un hermoso diamante de cuarenta y ocho quilates.

– El Jubileo, de Africa del Sur. Su peso inicial era de doscientos cuarenta y cinco quilates. Se dividió en doce piedras muy hermosas.

– El Gran Mogol, robado por los persas, pesaba doscientos ochenta quilates. Hoy se luce en el Museo del Kremlin, en la Unión Soviética.

– El Dresden, famoso por sus reflejos de color verde, de cuarenta y un quilates. También se encuentra en el Museo del Kremlin.

– La Estrella del Sur, fue encontrada por un esclavo en Brasil en 1833. Su peso era de ciento veintiocho quilates. Su descubrimiento significó la libertad del esclavo.

– El Mar de Luz, perteneció a las joyas que adornaban el Trono del Pavo del Gran Mogol (Trono enteramente construido en oro macizo). Su peso es de ciento ochenta y cinco quilates.

– La Estrella Polar, procedente de la India. Su peso es de cuarenta y un quilates. Fue orgullo de José Bonaparte y también de Catalina la Grande, de Rusia.

¿TIENEN VIDA LOS DIAMANTES?

Radiestesistas (los que usan un péndulo), mediums, astrólogos, hablan de piedras “cargadas”, que son capaces de irradiar buenas o malas vibraciones, como si fuesen entes vivos. Algunos aseguran que ello sucede en consonancia con ciertas conjunciones astrales que afectan tanto a la joya como a quien la posee.

LA MEMORIA DE LOS METALES

Una nueva forma de alquimia se está practicando en la actualidad. A fin de satisfacer las permanentes demandas de la época aeroespacial, medicina, agricultura y la industria en general, los ingenieros están creando nuevas y exóticas substancias metálicas.Algunos de estos nuevos metales parecen vidrio y pueden ser enrollados como cintas. Otros pueden ser “enseñados” a cambiar sus formas.

Hay otros aún que tienen la apariencia de cerámica pero son muy fuertes y tienen la capacidad de volver a tomar la forma original (la que tenían antes de ser manipulados) .

Estas curiosidades metálicas salidas de los laboratorios tienen una gran demanda en la industria de productos de consumo.

La mayoría de los metales tiene una estructura estable. Moléculas de hierro, aluminio y cobre y otros elementos son encerrados en una trama cristalina sólida. Pero algunas aleaciones pueden ser requeridas para alterar su forma. Cuando estos compuestos son llevados a altas temperaturas son firmes e inflexibles. Pero si son enfriados hasta bajo el punto crítico, su compuesto cristalino cambia, y puede ser fácilmente torcido y deformado. Cuando se calienta de nuevo, vuelven violentamente a su forma original, liberando enorme cantidad de substancias en el proceso. Una simple pulgada cuadrada de una “aleación-memoria-forma”, por ejemplo, puede ejercer suficiente fuerza como para mover un objeto que pese treinta mil kilos.

Estos nuevos metales con “memoria” tienen ya una enorme aplicación no sólo como para servir de sellado en las cápsulas y demás vehículos espaciales, sino también en cooperar al bienestar doméstico: junturas de puertas y ventanas, rieles para correderas, etc.

Las grandes industrias eléctricas y productoras de electrodomésticos están usando estas nuevas aleaciones “con memoria”.

Se ha confirmado que logran hasta un sesenta por ciento menos de consumo de energía, según los últimos “tests” efectuados.

Para graficar lo anterior con un ejemplo, baste señalar que al utilizar una de estas aleaciones en cobre para los ductos de agua caliente de una bañera, se permite el paso del agua a la temperatura adecuada que se ha impreso en la “memoria” de la aleación. Si la temperatura sube más allá de lo debido, el ducto no permite su paso hasta que vuelva a tener la temperatura que su “memoria” le señala.

Por lo reciente de este descubrimiento, el implantar “memoria” a los metales, la tecnología aún está en la infancia, pero es indudable que afectará enormemente a todo el proceso industrial del futuro.

Hay quienes así pensaron siempre. Por ejemplo el físico norteamericano, Kenneth Emerson: “Existen piedras preciosas de textura molecular especial, que conservan una verdadera ‘memoria’ de las situaciones violentas captadas al azar durante su larga carrera”.

“Esta memoria atómica, ya sospechada en el diamante, parece darse también en ciertas amatistas, las esmeraldas, las perlas y los rubíes”.

“Creo que es susceptible de ‘liberación’, en fechas fijas, de acuerdo con un proceso que no depende en absoluto de la persona que lleva la alhaja, sino una especie de ciclo de perturbaciones moleculares, con características y causas desconocidas”.

“Y la maldición consiste, por lo tanto, en una cierta ‘onda de forma’, que recrea de manera precisa las circunstancias psicológicas de una situación violentamente desordenada y que se apodera de aquel o aquella que tiene la desdicha de encontrarse en estrecho contacto con el mineral…”.

Esta calidad de ser receptáculo de ondas, planteada por Emerson, explicaría que los diamantes y algunas piedras preciosas sean capaces de irradiar, a su vez, ondas benéficas o malignas que son captadas por el cuerpo humano.

Así habría una lejana conexión que explicaría la creencia de que algunas piedras se encuentran “cargadas”, en el lenguaje de los esotéricos, por ritos mágicos, y la teoría de “memoria atómica” sustentada por el físico Emerson.

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