Un golpe de suerte, un tubo metálico y unas pocas torteras, ayudaron a los astrónomos a rastrear la fuente de misteriosos estallidos rápidos de radio (FRBs) a una extraña estrella en nuestra galaxia.

El astrónomo Christopher Bochenek junto a la estación STARE2 que desarrolló cerca del pueblo de Delta, Utah, para descubrir las ráfagas rápidas de radio (FRBs).

Astrónomos del Instituto Tecnológico de California (CalTech) y la Universidad McGill han identificado un magnetar a 32.000 años luz de la Tierra como la fuente de una intensa ráfaga de energía.

A pesar que se ha sabido de estos pulsos por más de una década, esta es la primera vez que se halla uno proveniente de nuestro propio vecindario cósmico. En este caso, la señal estudiada fue detectada por primera vez en abril pasado a través de dos telescopios diferentes: un observatorio canadiense CHIME de 20 millones de dólares y una antena casera montada por un estudiante con materiales tan rústicos como tubos y bandejas para horno.

Dado que las FRBs duran apenas una fracción de segundo y pocas veces son repetitivas, puede ser difícil determinar su origen. Sin embargo, esta vez los astrónomos lograron rastrear —y ahora confirmar— este estallido «local» hasta una magnetar llamado SGR 1935+2154, una estrella muerta en la constelación de Vulpecula.

FRBs.

Los magnetares son increíblemente densos, con 1.5 veces la masa del Sol compactada en un espacio del tamaño de Manhattan. Tienen enormes campos magnéticos que bullen de energía intensa y, a veces, disparan rayos-X y ondas de radio al espacio.

A pesar que este es un evento frecuente fuera la Vía Láctea, los astrónomos no tienen idea de que tan frecuentes es dentro de nuestra galaxia —y podría no serlo tanto considerando lo jóvenes que son algunas estrellas en nuestro vecindario—.

«Todavía no sabemos qué tan afortunados fuimos», dijo Christopher Bochenek, el estudiante de CalTech que construyó el sistema de antena «casero» con menos de 15.000 dólares para el proyecto STARE2. «Esto podría ser una cosa única en cada lustro o podría haber unos pocos eventos así cada año».

Detalle de la antena de Bochenek.

Las antenas de Bochenek tienen el tamaño de un balde grande y están hechas, entre otros dispositivos, con un tubo de metal de 15 centímetros y dos torteras a su alrededor. Y si bien tuvieron la capacidad de detectar el estallido de radio como proveniente de nuestra galaxia, fueron los investigadores canadienses los que le siguieron el rastro hasta el magnetar gracias al observatorio CHIME en Columbia Británica.

El observatorio canadiense es obviamente más refinado y está apuntado a una porción más concentrada del cielo, lo que permitió hallar el origen de la señal de FRB.

Más detalles sobre esta confirmación astronómica han sido publicados en Nature.

Fuente: DailyMail. Edición: MP.

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Comentarios
Nov 7, 2020
0:18
#1 Enrique Mario, Marí Gamboa:

El universo es el habitáculo de estrellas que cobijan planetas con civilizaciones millones de veces más avanzadas que en la tierra.
No sería extraño que esas civilizaciones están tratando de comunicarse con seres inteligentes de lugares siderales en el universo.

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