Una ONG llamada Ice911 ofrece una solución para mitigar la preocupante situación provocada por el calentamiento global en el Ártico: crear una manta de millones de microesferas de cristal que actúe como capa protectora, refleje la luz del Sol, y aísle el hielo.

«Somos una especie sumamente creativa, y necesitamos ralentizar el reloj del cambio climático», dice Leslie Field, fundadora de la organización. «Tecnología como esta nos otorga tiempo para actuar».

Las diminutas esferas desarrolladas por Ice911 lucen más como granos de arena que cuentas. Están hechas de sílice, un compuesto de silicio y oxígeno; dado que este material es abundante en el mundo natural e inofensivo para los humanos y animales.

Leslie Field en el sitio de pruebas de Ice911, cerca de Utqiaġvik, Alaska. Crédito: Susan Kramer.

Field describe la microesferas como «arena blanca de playa» que flota. En ese sentido, el material se parece bastante a la nieve.

Las cuentas se pegan al hielo y el agua al contacto, y su composición química asegura que no atraerán contaminantes basados en el petroleo. Simulaciones hechas por la ONG apuntan a que usar esta tecnología para restaurar la reflectividad del hielo podría ayudar a bajar las temperaturas hasta 1.5 grados Celsius en extensas partes del norte ártico. Pero, por ahora, todo se encuentra en fase de pruebas.

Microesferas de Ice911.

En los últimos dos años, Field y sus colegas han llevado microesferas al Ártico, donde las esparcieron en el lago congelado cercano a Utqiaġvik (Barrow), Alaska. Los resultados, algunos reportados en un estudio de mayo del año pasado, sugieren que las cuentas de sílice incrementaron efectivamente la reflectividad y espesor del hielo.

Pero la idea no es cubrir los 1.6 millones kilómetros cuadrados del hielo del Ártico con las microesferas. En su lugar, el equipo propone usar modelos climáticos para detectar los puntos estratégicos donde la iniciativa tendría un mayor impacto.

Vangelis Christoduoluo, voluntario de Ice911, parado junto a una boya de monitoreo remoto que almacena los datos sobre la efectividad de las microesferas. Crédito: Susan Kramer.

Una de estas áreas —explica Field— es el estrecho de Fram entre Groenlandia y Svalbard. Esa región se está calentando a un ritmo casi cuatro veces mayor que el promedio a nivel global. Allí es donde los témpanos van a morir, y el cementerio se está llenando cada vez más rápido cada año».

De acuerdo al equipo de Ice911, la tecnología que proponen podría ser desplegada para frenar esta tendencia, empero, el costo de semejante operación, a gran escala, ascendería a unos 5.000 millones de dólares.

«Cuando miras el costo, es grande. Pero el costo de no hacer nada es mucho más grande», sentencia Field.

Por ahora, la iniciativa llevará a cabo más pruebas y tratará de obtener los permisos pertinentes por parte de los gobiernos, y el apoyo de grupos ambientalistas, antes de considerar seguir adelante.

Fuente: Business Insider.

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 1 comentario
Comentarios
Oct 30, 2019
22:29
#1 arizu:

Interesante. Dice que es inofensivo para los animales, pero si se lo tragan en pequeñas dosis en el agua o el mismo hielo, pegado a algún animal que cazen. No sé, parece una buena solución al problema, pero acaso, ¿podría generar otra peor? Hay que pensarle.

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