La siguiente es una recopilación y resumen de las mejores, más grandes y decisivas batallas que se libraron en la antigüedad. Éstas decidieron el destino de muchos, la forja y la caída de imperios que, como siempre, son tan efímeros como la vida del hombre mismo.

Batalla de Qadesh (1299 a. C.)

Batalla de Qadesh.

Durante la segunda mitad del siglo XIV a. C., los hititas mantuvieron continuos conflictos con Egipto. Estos dos grandes poderes lucharon para controlar Siria hasta la batalla de Qadesh (1299) entre el rey hitita Muwatalli (que reinó hacia 1315-1296 a. C.) y el faraón egipcio Ramsés II. Aunque Ramsés obtuvo una gran victoria, los hititas continuaron manteniendo sus posesiones en Siria.

El rey hitita Hatusili III (que reinó hacia 1289-1265 a. C.) firmó un tratado de paz con Ramsés años después y lo selló dándole a su hija en matrimonio.

Posteriormente, las relaciones entre hititas y egipcios siguieron siendo amistosas, hasta que el Imperio hitita cayó poco después del 1200 a. C. en manos de los invasores denominados pueblos del mar.

Batalla de Maratón (490 a. C.)

Batalla de Maratón.

La llanura de Maratón es famosa por ser el escenario de una gran batalla entre los atenienses y los persas el 13 de septiembre del año 490 a. C. En la batalla, el ejército persa de Darío I fue derrotado por los atenienses dirigidos por Milcíades. Esta victoria permitió a los griegos regresar rápidamente a Atenas, evitando un ataque marítimo persa sobre la ciudad. También incitó a los griegos a continuar la lucha y derrotar por completo a los persas diez años más tarde.

La actual carrera de maratón, cuya distancia es de 42,195 km., es una competición atlética que conmemora la legendaria proeza de un mensajero que corrió hasta Atenas con la noticia de la victoria.

Batalla de Salamina (480 a. C.)

Importante victoria naval griega durante las Guerras Médicas, que detuvo el avance de Jerjes I el 29 de septiembre del 480 a. C. y tuvo lugar en la isla de Salamina, situada en el golfo de Egina, próxima a Atenas.

Los persas, bajo el mando de su rey Jerjes, habían avanzado con gran éxito a través de Grecia, y en el 480 a. C. habían capturado Atenas. Tanto las provisiones griegas como las persas eran escasas y existían divergencias entre los griegos en cuanto a cuál debía ser su próximo movimiento; algunos abogaban por retirarse a Corinto. No obstante, el general ateniense Temístocles sostuvo que era más efectivo seguir una política naval agresiva y evitó el repliegue. Amenazó con llevarse la flota ateniense, por lo que el resto de la fuerza griega cedió.

Temístocles envió un esclavo a Jerjes, diciendo que su flota ateniense estaba dispuesta a volverse contra el resto de los griegos y que los persas sólo tenían que atacar para asegurarse la victoria. Jerjes, engañado con este truco, atacó con su flota de unos 350 barcos. Cuando los persas avanzaron, los griegos retrocedieron hacia la bahía, una maniobra táctica concebida para atraer a los persas. Entonces los griegos emprendieron una lucha cuerpo a cuerpo, ante la inmovilidad de los barcos persas. La batalla fue un gran éxito de los griegos, que sólo perdieron 40 barcos, mientras que los persas perdieron 200.

Esta victoria fue posible gracias a las astutas tácticas de Temístocles y a la impresionante lucha de la flota griega.

Batalla de Isos (333 a. C.)

Batalla de Isos.

Al parecer, en su camino a través de Frigia, Alejandro Magno, cortó con su espada el nudo gordiano. Continuó avanzando hacia el sur y se encontró con el ejército principal persa, bajo el mando de Darío III, en Isos, en el noroeste de Siria. Según la tradición, el ejército de Darío se estimaba en 500.000 soldados, cifra que hoy es considerada exagerada. La batalla de Isos, en el año 333 a. C., terminó con una gran victoria de Alejandro.

No obstante la estrategia superior de Alejandro no resultó decisiva para la victoria macedonia. Antes, tras algunas horas de furiosas refriegas, los mercenarios griegos que estaban al servicio de los persas lograron introducirse en el centro de las filas macedonias, y Alejandro, que se encontraba a la izquierda, a la cabeza de la caballería, debió acudir velozmente para taponar la brecha. Pero al hacerlo dejó desguarnecido el flanco izquierdo, que corrió el riesgo de ser arrollado por los persas.

Fue en este momento cuando, inesperadamente se produjo el vuelco decisivo, presa del pánico, el Rey Darío, que estaba venciendo y no esperaba este cambio de suerte, decidió salvarse dándose a la fuga de una manera precipitada.

Al quedar sin jefe, el orden de batalla persa se deshizo literalmente y los macedonios hicieron estragos en él. Sólo los mercenarios griegos conservaron la sangre fría y se replegaron ordenadamente, poniéndose a salvo.

Aunque cortó la retirada, Darío huyó, abandonando a su madre, esposa e hijos a Alejandro, quien les trató con respeto debido a su condición de familia real. Tiro, un puerto marítimo muy fortificado, ofreció una resistencia obstinada, pero Alejandro lo tomó por asalto en el 332 a. C. después de un asedio de siete meses. Seguidamente, Alejandro capturó Gaza y después pasó a Egipto, donde fue recibido como libertador. Estos acontecimientos facilitaron el control de toda la línea costera del Mediterráneo. Más tarde, en el 332 a. C., fundó en la desembocadura del río Nilo la ciudad de Alejandría, que se convirtió en el centro literario, científico y comercial del mundo griego.

Batalla de Arbela (331 a. C.)

También llamada batalla de Gaugamela, donde en realidad tuvo lugar, fue un combate librado entre los ejércitos de Alejandro Magno y el monarca persa Darío III, el 1 de octubre del 331 a. C. La derrota de los persas en la batalla marcó el declive de su Imperio y la apertura del este a los macedonios.

Alejandro invadió el Imperio persa por segunda vez, dirigiéndose al norte desde Egipto en el 331 a. C. Darío reunió un ejército de unos 250.000 hombres en la llanura de Gaugamela (a 97 km. de Arbela, en la actualidad Irbil, o Arbil, en Irak), situada en la alta Mesopotamia, cerca del emplazamiento de Nínive. Los persas formaron una línea frontal de carros, apoyada por arqueros y caballería. La infantería estaba agrupada detrás de los carros y la caballería ligera protegía los flancos. Alejandro, con 40.000 hombres y 7.000 unidades de caballería, acercó sus fuerzas a la posición persa a finales de septiembre.

El 1 de octubre, Alejandro comenzó la batalla atacando el flanco izquierdo de los persas. Realizó pocos progresos hasta que toda la caballería persa del flanco izquierdo entró en combate, dejando a la infantería indefensa. Alejandro dirigió una carga de su mejor caballería contra el centro del enemigo, a quién rompió su posición, atacó a los persas por los flancos y la retaguardia.

Darío huyó y el Ejército persa comenzó a retroceder. Los hombres de Alejandro persiguieron a los persas durante 80 km. matando a muchos de los que huían.

Los persas perdieron entre 40.000 y 90.000 hombres en la batalla; los macedonios perdieron menos de 500.

Batalla de Milai (260 a. C.)

Combate naval librado en el año 260 a. C., durante la primera de las Guerras Púnicas. En esta batalla, la primera gran flota que habían construido los romanos entabló un combate contra un escuadrón cartaginés en la bahía de Milai, en latín Mylae (actual Milazzo), un puerto marítimo del noreste de Sicilia.

Bajo el mando del cónsul romano Cayo Duilio, la flota romana derrotó a las superiores fuerzas cartaginesas mediante tácticas intrépidas, usando los rezones (anclas pequeñas) y abordando los barcos enemigos. La victoria dio a Roma el suficiente control marítimo como para desembarcar un ejército en Córcega y expulsar a los cartagineses de la isla.

En el mismo lugar, las fuerzas de Octavio (el futuro emperador Augusto), mandadas por Marco Vipsanio Agripa, derrotaron el 3 de septiembre del 36 d. C. a la flota de Sexto Pompeyo.

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