Espartaco y setenta de sus compañeros decidieron fugarse de la escuela de Capua y se refugiaron en los alrededores del monte Vesubio. Pronto se unieron a ellos otros esclavos prófugos y descontentos, y, de súbito, Espartaco se encontró al frente de un vasto ejército rebelde.

Al principio, el Senado romano no le dio importancia a la rebelión y calificó a Espartaco de simple bandolero. Pero cuando infligió sendas derrotas a los dos ejércitos enviados para capturarlo, el Senado entró en pánico.

Mientras, Espartaco y su ejército de esclavos se habrían paso hacia el norte rumbo a la frontera con Galia. Su plan era atravesar los Alpes y llegar a un territorio no gobernado por los romanos, para después, quizá, dispersar a su ejército. Sin embargo, sus seguidores le hicieron cambiar de plan, tal vez motivados por la venganza o la codicia. Su deseo era atacar y saquear la rica campiña italiana, por lo que retornaron de los Alpes.

Esta sería una desafortunada decisión. El Senado eligió para enfrentar a Espartaco a Marco Licinio Craso, un taimado político y despiadado hombre de negocios, quien era también uno de los hombres más ricos de Roma.

A pesar de su poca experiencia militar, Craso ofreció cubrir parte de los costos para organizar un ejército. También era un hombre ambicioso que deseaba hacerse una figura prominente en la política. La forma ideal de hacerlo era como comandante militar.

En el año 71 a. C., Craso parte de Roma al mando de ocho legiones. Aunque Espartaco tenía el doble de soldados, las tropas del comandante romano se encuentran altamente motivadas. Los dos ejercitos por fin se vieron las caras a campo abierto en Lucania, al sur de Roma. Si bien combatían con ferocidad, las desordenadas tropas de gladiadores y esclavos no pudieron hacer frente a las disciplinadas legiones de Craso. “Eran tantos los muertos – relata el historiador griego Apiano – que fue imposible contarlos”. Las fuentes antiguas también registran la muerte de Espartaco durante la batalla.

Para asegurarse de que no volviese a ocurrir una revuelta semejante, Craso le lanzó una brutal advertencia a los esclavos de Roma; apresó a seis mil sobrevivientes de la revuelta liderada por Espartaco y los crucificó en la Vía Apia entre Roma y Capua, donde se encontraba la escuela de gladiadores de Espartaco.

Roma, la ciudad eterna, a entrado al nuevo milenio en medio de paz y prosperidad. Pero dos mil años atrás, los torneos de gladiadores evolucionarían hasta convertirse en un extravagante espectáculo de muerte.

HERRAMIENTAS DEL PODER IMPERIAL

El termino gladiador se deriva de la palabra “gladius”, nombre de una espada corta utilizada por los romanos.

A medida que cobraba forma la República romana durante el siglo I a. C., surgía la figura de uno de los mayores líderes de la historia romana: Julio César. Era un genio en muchos aspectos. Era escritor, militar y obviamente un político. De haber sido el primero, Julio César hubiera sido un gran emperador, pues estaba calificado para ello.

César, un entusiasta promotor de los torneos de gladiadores, es célebre por entrenar a sus soldados en los estilos de combate usados por estos guerreros esclavos. De joven, ejerció el cargo de edil, una especie de magistrado municipal. Organizó juegos espectaculares y se dice que llegó a ser propietario de unos seiscientos gladiadores, lo que llevó al Senado a limitar la posesión de éstos.

Mientras combatía en Galia y en el Medio Oriente, César envía dinero a Roma para financiar un gran número de eventos cuyo objetivo era mantener la atención del público en él. Julio César estaba muy consciente de la importancia de este espectáculo. Lo veía como parte de su futuro papel como emperador.

Pero serían los grandes triunfos de César, una serie de eventos y desfiles organizados tras su retorno de África del norte en el año 46 a. C., los que sentarían las bases para los futuros espectáculos romanos. Éstos eran superiores a cualquier espectáculo anterior, repletos de desfiles y regalos para el pueblo romano. Se repartía dinero, comida y vino en las calles de Roma, y se organizaban toda clase de eventos, desde representaciones teatrales y combates entre gladiadores, hasta batallas a gran escala escenificadas en el Circo Máximo.

Sólo en un día un cuarto de millón de romanos llenaba el gran coliseo de carreras de cuadrigas conocido como Circus Maximus. César proporcionaba mil soldados a pie, sesenta jinetes y cuarenta elefantes para que se trenzaran en una batalla y divirtieran a la emocionada multitud.

Si bien los espectáculos de César deleitaban al público romano, algunos senadores veían esto como el ardid de un dictador enceguecido por el poder y deseoso de que el pueblo lo coronara emperador. Durante las idus de marzo del año 44 a. C., los partidarios de la República asesinaron a Julio César apuñalándolo salvajemente. Su muerte, sin embargo, sólo provocaría el caos y la instauración de la monarquía que tanto deseaba. El asesinato de César fue un hecho lamentable no sólo por su muerte en sí, sino también porque condujo a otro período de guerra civil.

De los escombros de esta guerra surgió un frágil joven de diecinueve años, se llamaba Cayo Octavio; pero bajo el nombre de César Augusto se convertiría en el primer emperador de Roma. El joven Augusto era sobrino nieto de César y ascendió al trono tras una serie de maniobras turbias y dudosas. Al crecer cerca de Julio César y hacerse emperador, Augusto se dio cuenta que los combates de gladiadores tenían un gran influjo e importancia política.

Augusto transformó los torneos de gladiadores en una gigantesca industria cuyo fin era mostrar la gloria del Imperio y al mismo tiempo saciar la sed de sangre de las multitudes romanas. También fundó la primera de tres escuelas imperiales para gladiadores en Roma y patrocinaba un gran número de torneos durante los ciento cincuenta días de festivales culturales y religiosos que se organizaban cada año.

Augusto gobernó durante casi medio siglo, el comienzo de una era conocida como la Pax Romana. Pero la paz de Roma no detendría el curso de los sangrientos juegos. Calígula, tal vez el más cruel de todos los emperadores romanos, era un fanático acérrimo de los torneos de gladiadores. Él aumento sustancialmente el gasto en todo tipo de espectáculo de gran envergadura. Tanta era la pasión de Calígula por el combate que frecuentemente aparecía en ceremonias importantes vestido a la usanza de un gladiador. La élite se escandalizaba viendo como su emperador se rebajaba al disfrazarse de esclavo.

Calígula no sabía como comportarse. Obligaba a muchos a luchar hasta la muerte y lanzaba a la arena a gente del público, para matarlos o para empalarlos. Durante un combate entre gladiadores, cuando la multitud se opuso a la muerte de un gladiador herido, se dice que Calígula comentó: “Ojalá el pueblo romano tuviera un solo cuello”. Irónicamente, este emperador fue asesinado luego de asistir a un combate entre gladiadores en el año 41 d. C.

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Comentarios
Jun 8, 2015
21:55
#1 María Inés Bruccolleri Rennella:

Muy interesante los artículos que leí. Podría agregar que “El circo” sigue igual actualmente, cuando tanto, hombres como mujeres eligen ir a cualquier guerra que SU país enfrenta y se le da honores cuando regresa con vida y muchos son olvidados y regresan tan maltratados físicamente y psíquicamente (a diferencia de los gladiadores)que poco y nada puede gozar de su vida restante. Leer los artículos me representó la actualidad de muchos sufrientes.

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