Estas misteriosas ondas magnéticas barren la parte más cercana a la superficie del núcleo externo de la Tierra cada siete años.

La mayor parte del campo magnético de nuestro planeta es generado por un océano de hierro líquido sobrecalentado y arremolinado que forma el núcleo exterior a 3.000 km bajo nuestros pies. Actuando como el conductor giratorio en una dínamo de bicicleta, genera corrientes eléctricas y el campo electromagnético en constante cambio.

La misión Swarm de la ESA, que consta de tres satélites idénticos, mide estas señales magnéticas que provienen del núcleo de la Tierra —así como otras señales que provienen de la corteza, los océanos, la ionosfera y la magnetosfera—.

Desde que se lanzó el trío de satélites Swarm en 2013, los científicos han estado analizando sus datos para obtener nuevos conocimientos sobre muchos de los procesos naturales del planeta, desde el clima espacial hasta la física y la dinámica del tormentoso corazón terrestre.

Medir nuestro campo magnético desde el espacio es la única forma real de sondear las profundidades del núcleo de la Tierra. Y a pesar que la sismología y la física mineral brindan información sobre las propiedades materiales del núcleo, no arrojan ninguna luz sobre el movimiento generador de dínamo del núcleo externo líquido.

Pero ahora, utilizando datos de la misión Swarm, los investigadores han revelado un secreto oculto.

Un artículo, publicado en la revista PNAS, describe cómo un equipo de científicos detectó un nuevo tipo de onda magnética que barre la «superficie» del núcleo exterior de la Tierra —donde el núcleo se encuentra con el manto—. Esta misteriosa onda oscila cada siete años y se propaga hacia el oeste a una velocidad de hasta 1.500 kilómetros al año.

«Los geofísicos han teorizado durante mucho tiempo sobre la existencia de tales ondas, pero se pensaba que tenían lugar en escalas de tiempo mucho más largas de lo que ha demostrado nuestra investigación», dijo Nicolas Gillet, de la Université Grenoble Alpes y autor principal del artículo.

«Las mediciones del campo magnético de los instrumentos basados en la superficie de la Tierra sugirieron que había algún tipo de acción de las ondas, pero necesitábamos la cobertura global que ofrecen las mediciones desde el espacio para revelar lo que realmente está sucediendo. Es así que combinamos mediciones satelitales de Swarm, y también de la anterior misión alemana Champ y la misión danesa Ørsted, con un modelo de computadora del geodínamo para explicar lo qué arrojaron los datos terrestres, y esto condujo a nuestro hallazgo», precisó.

Ondas magnéticas a través del núcleo exterior de la Tierra. Crédito: ESA.

Debido a la rotación de la Tierra, estas ondas se alinean en columnas a lo largo del eje de rotación. Los cambios de movimiento y campo magnético asociados con estas ondas son más fuertes cerca de la región ecuatorial del núcleo.

Si bien la investigación muestra ondas de magneto-Coriolis cerca de un período de siete años, la cuestión de la existencia de tales ondas que oscilarían en diferentes períodos, no obstante, permanece.

«Es probable que las ondas magnéticas se desencadenen por perturbaciones en las profundidades del núcleo fluido de la Tierra, posiblemente relacionadas con plumas de flotabilidad. Cada onda se especifica por su período y escala de longitud típica, y el período depende de las características de las fuerzas en juego. Para las ondas magneto-Coriolis, el período es indicativo de la intensidad del campo magnético dentro del núcleo», agregó el Dr. Gillet.

Representación artística de la constelación de satélites Swarm. Crédito: ESA.

«Nuestra investigación sugiere que es probable que existan otras ondas de este tipo, probablemente con períodos más largos, pero su descubrimiento depende de más investigación».

Por su parte, el científico de la misión Swarm de la ESA, Ilias Daras, opinó que la investigación actual ciertamente mejorará el modelo científico del campo magnético dentro del núcleo exterior de la Tierra.

«También puede darnos una nueva perspectiva de la conductividad eléctrica de la parte más baja del manto y también de la historia térmica de la Tierra», concluyó.

Fuente: ESA. Edición: MP.

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