La Sociedad de Ciencia Aranzadi ha descubierto los restos óseos del Gigante de Alzo, que se creían desaparecidos o robados. Se trata de un hombre que vivió en el siglo XIX y cuya estatura de 2,40 metros le hizo un personaje muy popular de su época.

IZQ: Los restos del gigante recientemente encontrados. DER: Retrato de Joaquín Eleisegui, xilografía de Pablo Alabern.

Se acabaron las leyendas, los restos del gigante nunca fueron comprados por ingleses, ni robados. Miguel Joaquín Eleicegui, como era su nombre, yació desde un inicio en la tierra que le vio nacer: Alzo, un pequeño municipio de la provincia de Guipúzcoa (País Vasco, España).

El viernes pasado, en torno a las 16.15 hora local, los integrantes del equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que trabajaban sobre el cementerio de forma totalmente voluntaria, dieron con el primero de los huesos de Eleicegui, fallecido por tuberculosis pulmonar en 1861, a los 43 años de edad.

No estaba en la tumba de la familia sino en el osario de la iglesia contigua de San Salvador, un hecho que, según Karlos Almortza, de Aranzadi, apunta hacia la posibilidad que los restos del gigante fueran ocultados adrede para evitar a los saqueadores. «Puede ser que su familia o allegados los trasladaran al osario para protegerlos y luego crearan el bulo de que fueron robados para desalentar cualquier intento de hacerse con ellos», apuntó el investigador a modo de hipótesis.

Una de las sorpresas para los responsables de la excavación ha sido «el buen estado» de los huesos. Lourdes Herrasti, codirectora del proyecto, ha destacado este detalle después de casi 160 años bajo tierra y de haber sido en vida una fuente de sufrimiento para Eleicegui: solía quejarse de fuertes dolores y lo hacía con motivo, pues —a simple vista— los investigadores han advertido en los huesos «una avanzada artrosis y osteoporosis».

Herrasti ha explicado también que «toda la historia se ha corroborado: nunca salió de Alzo, siempre siguió aquí con sus vecinos. Por lo tanto, todas las leyendas no tienen sentido».

Paco Etxeberria descubre el panel sobre el que se colocaron los restos del Gigante de Alzo.

Los huesos, que según los representantes de Aranzadi aparecieron en el osario en una posición «que denota cierto cuidado», eran claramente más grandes. Se han recuperado los restos suficientes para realizar «una representación» del esqueleto, entre ellos, «los huesos grandes de las extremidades superiores e inferiores» y la prominente mandíbula.

Cierto es que el resultado final sigue quedando pendiente de las pruebas de ADN, pero la gran diferencia de largura de los huesos hallados —por ejemplo un fémur de 64 cm— respecto a los de una persona de talla media parecen evidenciar que Miguel Joaquín Eleicegui pudo finalmente descansar en casa.

El gigante de Alzo en vida

Este paisano nacido en 1818 era conocido popularmente por su estatura. Se calcula que alcanzaba los 2,40 metros y, por eso, se le exhibió por media Europa y le recibieron personalidades de cada país: la reina Isabel II de España, María II de Portugal o Victoria en el Reino Unido. Era una atracción circense por sus insólitas dimensiones: la envergadura se extendía también a los 2,42 metros, los pies le medían 42 centímetros y pesaba unos 200 kilos.

Su gigantismo (o acromelagia) le llevó a la fama en aquella época y se refrescó en 2017, cuando los directores vascos Aitor Arregui y Jon Garaño estrenaron su historia en Handia. La película recordaba sus trayectos de un lugar a otro para ser expuesto y los intentos de ser emparejado con una mujer inglesa de estatura parecida. Logró 11 premios Goya y acercó la biografía de El Gigante Español a quienes la desconocían.

Fuente: Sputnik News/Noticias de Gipuzkoa.

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