Una investigadora de la Universidad de Otago apunta que el rey macedonio quedó paralizado y le dieron por muerto seis días antes de fallecer realmente, en el 323 a.C.

La muerte de Alejandro Magno en Babilonia.

El mayor conquistador de todos los tiempos. Un tipo carismático que logró acaparar, en poco más de una década de reinado, un imperio que llegaba desde el Mediterráneo hasta los límites del mundo conocido hace más de 2.300 años. Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno, falleció en el 323 antes de Cristo, pero su muerte sigue siendo objeto de estudio.

La historia clásica cuenta que Alejandro murió en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia un mes antes de cumplir los 33 años. Las causas que se han barajado son muchas, desde la enfermedad (fiebre del Nilo o una recaída de la malaria que padeció en el 336 a.C.) hasta el envenenamiento.

Colin Farrel, caracterizado como Alejandro Magno en la película de Oliver Stone (2004).

La doctora Katherine Hall, de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) apunta que el antiguo gobernante griego no falleció ni por una infección, ni por alcoholismo ni tampoco fue asesinado. Según un estudio que acaba de publicar en la revista The Ancient History Bulletin, Alejandro Magno sufrió un trastorno neurológico conocido como Síndrome de Guillain-Barré (SGB).

«Ninguna (de las teorías anteriores) ha proporcionado una explicación plausible y factible a un hecho registrado por una de las fuentes: el cuerpo no mostró signos de descomposición durante los seis días posteriores a su muerte», explica en un comunicado. «Los antiguos griegos pensaron que esto demostraba que Alejandro era un dios. Nuestro artículo es el primero que da una respuesta del mundo real», añade.

Detalle del mosaico de Issos (también conocido como mosaico de Alejandro Magno), realizado cerca del año 325 a. C. en Pompeya.

Además de esta demora en la descomposición, otras fuentes históricas apuntaron que el joven rey de 32 años tuvo fiebre, dolor abdominal y una parálisis progresiva, simétrica y ascendente, además de estar compos mentis (en su sano juicio) hasta poco antes de fallecer.

Hall cree que un diagnóstico de SGB, contraído por una infección del intestino delgado por la bacteria Campylobacter pylori (común en esa época y causa frecuente de Guillain-Barré), «resiste la prueba del rigor académico, tanto desde el punto de vista clínico como clásico». La doctora cree más importante poner el foco en el hecho de que Alejandro tuviera «la mente sana» por delante de centrarse en su fiebre y dolor abdominal, como se hacía hasta ahora.

Mapa de la máxima extensión del imperio de Alejandro, con hoja de ruta. Desde Grecia, mares Egeo y Mediterráneo, Asia Menor, Media, Egipto, Mesopotamia, Persia, Asia Central e India.

El síndrome de Guillain-Barré es un trastorno poco frecuente en el que el sistema inmunitario ataca los nervios. Los primeros síntomas son debilidad y hormigueo en las extremidades que se acaban convirtiendo en parálisis en todo el cuerpo. Aunque se desconoce la causa exacta del síndrome, por lo general este trastorno es precedido por una enfermedad infecciosa. No se conoce ninguna cura para el SGB, aunque hay tratamientos para aliviar los síntomas y la mayoría de las personas se acaban recuperando.

La hipótesis de Katherine Hall es que Alejandro Magno contrajo una variante de neuropatía axonal aguda motora vinculada a SGB que produjo parálisis pero sin confusión ni inconsciencia. «Su fallecimiento se complicó aún más por las dificultades para diagnosticar la muerte en tiempos antiguos, que dependían de la presencia de la respiración en lugar del pulso», apunta.

Alejandro y Aristóteles. El notable filósofo se ocupó de la formación intelectual y académica de Alejandro durante 5 años.

El tipo de parálisis de su cuerpo (causada comúnmente por el Síndrome Guillain-Barré) y la disminución de la demanda de oxígeno reducirían la visibilidad de su respiración. «Un posible fallo de la autorregulación de la temperatura corporal, junto con sus pupilas fijadas y dilatadas, también apuntan a que la preservación de su cuerpo no se produjo debido a un milagro, sino al hecho de que seguía con vida», escribe.

«La muerte real de Alejandro habría sido seis días después de lo aceptado anteriormente. Su defunción puede ser el caso más famoso de pseudotanatos, o falso diagnóstico de muerte, jamás registrado», argumenta Hall. «El diagnóstico de SGB explica muchos elementos y los convierte en un todo coherente», concluye.

Edición: La Vanguardia.

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