Serían los restos de un mundo ya desaparecido.

Mundo perdido.

En 2008, algo único cayó del cielo sobre Sudán, explotando en fragmentos en las vastas y áridas extensiones del desierto de Nubia.

Este objeto que se precipitó a nuestro mundo se conoció como Almahata Sitta (‘Estación Seis’): una colección de casi 600 fragmentos de meteorito, cuidadosamente recuperados por los investigadores y que toma su nombre de una estación de tren cercana.

Lo único de Almahata Sitta es que representó algo sin precedentes en astronomía: la primera vez que los científicos predijeron con éxito un impacto de asteroide por adelantado. Desde entonces, los investigadores han analizado las esquirlas de ese asteroide, llamado 2008 TC3, en busca de pistas químicas sobre los orígenes del misterioso visitante lejano.

Animación de 2008 TC3. Crédito: Instituto Astronómico de la Universidad Charles.

Ahora, un nuevo estudio da sustancia a esa intrigante historia de fondo.

«Nuestro sorprendente resultado sugiere la existencia de un cuerpo padre grande y rico en agua», dice la primera autora y geóloga planetaria Vicky Hamilton del Southwest Research Institute en Boulder, Colorado.

En el nuevo trabajo, Hamilton y sus colegas no tenían mucho con qué trabajar, analizando solo las esquirlas más pequeñas de esta notable roca espacial.

Almahata Sitta.

Esquirla AhS 202. Crédito: Muawia Shaddad.

«Se nos asignó una muestra de 50 miligramos de Almahata Sitta para estudiar», explica Hamilton. «Montamos y pulimos el diminuto fragmento y usamos un microscopio infrarrojo para examinar su composición».

El análisis espectral reveló algo que los científicos no esperaban encontrar. Dentro del fragmento —un fragmento llamado AhS 202— se encontró una forma extremadamente rara de cristales hidratados, conocida como anfíbol. Este tipo de mineral requiere episodios prolongados de calor y presión extremos para formarse, de un tipo que generalmente no se cree posible en los meteoritos de condrita carbonosa (CC).

Cuerpo mayor desconocido

Las implicaciones sugieren que 2008 TC3 probablemente perteneció alguna vez a un cuerpo mucho, mucho más grande, algo tan grande que, de hecho, virtualmente estaría en la misma categoría que Ceres: el planeta enano —que representa el objeto más grande conocido del cinturón de asteroides principal del Sistema Solar, entre las órbitas de Marte y Júpiter—.

«Se cree que la mayoría de los cuerpos parentales CC tienen menos de 100 km de diámetro y, por lo tanto, no serían lo suficientemente grandes para producir el rango de condiciones de presión y temperatura representadas por el ensamblaje mineral en AhS 202», explican los autores en su artículo publicado en Nature.

Micrografía que muestra cristales de anfíbol, en naranja. Crédito: NASA / USRA / Instituto Lunar y Planetario.

«Como tal, es nuestra interpretación que el cuerpo padre original de AhS 202 era probablemente un objeto desconocido, potencialmente del tamaño de Ceres (~640-1,800 km de diámetro en las condiciones más probables)».

Si bien se cree que este misterioso objeto ya no existe, el hecho de que alguna vez habitó nuestro Sistema Solar sugiere que más de este tipo podrían haber hecho lo mismo, aunque no hemos encontrado evidencia de estos cuerpos grandes y ricos en agua en fragmentos de meteoritos recuperados antes de 2008 TC3.

Fuente: ScienceAlert. Edición: MP.

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