Un verdadero gigante de tiempos inmemoriales.

Muchos criptozoologos sostienen la teoría de que este simio gigante jamás se extinguió por completo y que los avistamientos de Pie Grande son una prueba de ello.

El elusivo Pie Grande o Sasquatch es motivo de muchas leyendas y avistamientos de la criptozoología. Sin embargo, en la prehistoria existió realmente una criatura de características similares —un simio peludo y bípedo del doble de un humano adulto—, que deambuló por los bosques del sudeste asiático, antes de extinguirse hace cientos de miles de años atrás. Su nombre: Gigantopithecus blacki.

Su tamaño deja como enanos a los grandes simios de la actualidad; alcanzaba los 3 metros y pesaba 270 kilogramos. Pero a pesar de ser tan masivo en vida, sus fósiles han sido muy difíciles de encontrar —en su mayoría dientes y cuatro mandíbulas parciales—, dejando muchas preguntas sobre su linaje evolutivo y apariencia.

Los análisis genéticos de los fósiles pueden proveer pistas importantes sobre animales ya extintos hace tiempo, pero en fósiles muy antiguos encontrados en regiones geográficas húmedas, el ADN usualmente está demasiado degradado para ser usado. Por ejemplo, en la Asia subtropical donde vivía el Gigantopithecus, el único ADN viable previamente obtenido vino de otros fósiles animales que no superaban los 10.000 años de antigüedad.

Mandíbula de una G. Blacki.

Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature muestra cómo un grupo de investigadores concibieron un método para recuperar y reconstruir las secuencias de proteínas a partir del esmalte dental. La técnica fue justamente probada en un molar de Gigantopithecus datado en 1.9 millones de años. Posteriormente, el equipo comparó los resultados con una base de datos de secuencias de proteínas para grandes simios contemporáneos.

«Lo que observamos es el número de diferencias en las secuencias», dijo el autor principal Enrico Cappellini, profesor asociado de la Universidad de Copenhage. «Asumimos que a menor número de diferencias, más estrechamente las especies estaban relacionadas, y a mayor, lo contrario».

Fue así como llegaron a la conclusión que este «Pie Grande» extinto no era un pariente cercano a los humanos, como los chimpancés y los bonobos. En su lugar, las secuencias de proteínas que más se asemejaban a las del Gigantopithecus pertenecían a los orangutanes modernos.

Recreación artística.

«El linaje del simio gigante se separó del de su primo el orangután hace entre 12 o 10 millones de años», explicó Cappellini.

«El éxito en nuestro método genera intrigantes posibilidades para la investigación de otros primates extintos en áreas tropicales, que estén más relacionados con nuestro propio linaje evolutivo», agregó.

En las reconstrucciones, el Gigantopithecus a menudo se parece a un orangután muy grande; en el pasado, estas representaciones artísticas habían estado basadas en información limitada de los fósiles y de lo que era conocido sobre el rango y hábitat del primate. Pero aún cuando la nueva evidencia confirma esta relación evolutiva cercana entre Gigantopithecus y orangutanes, los datos no le pueden decir a los científicos cómo lucía exactamente el simio extinto.

«La información que hemos recolectado no nos puede decir nada sobre su apariencia, fenotipo o biología», concluyó Cappellini.

Fuente: Live Science.

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