En 1960, el científico postuló que civilizaciones alienígenas más avanzadas que la nuestra podrían utilizar a las estrellas de su vecindad cósmica como fuente de energía, valiéndose para ello de megaestructuras de tallas astronómicas: las esferas de Dyson.

El legendario físico y gran pensador Freeman Dyson murió ayer a las edad de 96 años en Nueva Jersey, luego de sufrir una caída a principios de semana, según reporta la Radio Pública de Maine y el New York Times.

Dyson nació en Inglaterra en 1923 y se mudó a los Estados Unidos en 1947. Pasó la mayoría de su vida como profesor o profesor emérito en el Instituto para Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. A finales de los 1940s, se volvió conocido en la comunidad científica por sus trabajos sobre las interacciones entre la luz y la materia, luego de lo cual su carrera se amplió a varios campos. Publicó artículos sobre el futuro del universo, estudió ideas para naves espaciales propulsadas por explosiones nucleares, desarrolló nuevos conceptos matemáticos y filosóficos, e imaginó las tecnologías que utilizarían los humanos del futuro —o aquellas que utilizan las presuntas supercivilizaciones alienígenas—.

Freeman Dyson.

«Dyson generó perspectivas científicas revolucionarias, incluyendo cálculos para crear puentes entre el mundo cuántico y el mundo que percibimos. Sus aportes tienen raíz en las numerosas áreas en las que trabajó, como la ingeniería nuclear, la física de estado sólido, ferromagnetismo, astrofísica, biología y matemática aplicada», se lee en el obituario del científico.

Él describió su propio acercamiento a la ciencia como conducido por una curiosidad irresistible.

«Siempre he disfrutado lo que hice independientemente de si era importante o no», dijo al New York Times en 2009, explicando luego por qué nunca ganó un premio Nobel como su colega Richard Feynman. «Pienso que es cierto, sin excepción, que si quieres ganar un Nobel debes prestar mucha atención por mucho tiempo y aferrarte a un problema importante, y convivir con eso por 10 años. Ese no era mi estilo».

Se puede decir que la idea más famosa del físico fue aquella que justamente lleva su apellido: la esfera de Dyson. Se trata de una hipotética estructura que una civilización podría construir alrededor de una estrella para encerrarla y aprovechar su energía. Dicha noción fue llevada a la ciencia ficción y a la astronomía también.

Una esfera de Dyson es una cubierta esférica de talla astronómica alrededor de una estrella, la cual permitiría a una civilización avanzada aprovechar al máximo la energía lumínica y térmica del astro.

En años recientes, algunos astrónomos especularon que ciertas estrellas en nuestra galaxia exhibían una disminución de su brillo que concordaba con la presencia de una esfera de Dyson, una megaestructura alienígena a su alrededor (si bien fue una de las tantas posibilidades propuestas y sabemos que el establishment siempre va a preferir decantarse por lo más prosaico posible).

Dyson también fue conocido por su idiosincrásica vista sobre el cambio climático, nociones que discutió hacia finales de la primera década del siglo 21. Mientras que no disputaba el hecho que las emisiones humanas causaban el calentamiento global, expresó frustración por el tono en el que tema era tratado en aquellos años. El físico sugirió que otros problemas eran más importantes y cuestionó algunas técnicas usadas por los científicos climáticos para estimar los efectos del futuro calentamiento.

También propuso que plantar miles de millones de árboles genéticamente modificados para capturar más carbono que los árboles normales, solucionaría el problema. Para el año 2020, dichos mega-bosques genéticamente modificados no existen y el mundo continúa experimentando los drásticos efectos del cambio climático.

Robert McNees, físico de la Universidad Loyola en Chicago, rindió homenaje a Dyson en Twitter, citando un artículo que éste escribió en 1979, Tiempo Sin Fin. En el texto, publicado en la revista Reviews of Modern Physics, Dyson argumentó que si el universo continúa expandiéndose para siempre y se enfría, la vida tal vez no se extinga como la mayoría de los físicos asumen.

«Mirando a la historia pasada de la vida, vemos que toma cerca de (1 millón) 10^6 años para que evolucione una nueva especie, (10 millones) 10^7 años para evolucionar un género, (100 millones) 10^8 años para que evolucione un filo, y menos de (10 mil millones) 10^10 años para evolucionar completamente desde el cieno primigenio a Homo sapiens. Si la vida continúa de esta manera en el futuro, es imposible establecer cualquier límite a la variedad de formas físicas que podría asumir. ¿Qué cambios podrían ocurrir en los próximos 10^10 años que rivalicen con los del pasado?

»Es concebible que en otros 10^10 años la vida pudiera evolucionar más allá de la carne y la sangre, y se incorpore a una nube negra interestelar o una computadora consciente».

Dyson termina escribiendo que la vida quizás requiera agua caliente, líquida, y una fuente de energía fiable para persistir en el frío universo, pero solo si la conciencia está atada al cuerpo…

«Ya que soy un optimista filosófico, asumo que la vida es libre de evolucionar en la personificación material que mejor le convenga para sus propósitos».

Fuente: Live Science.

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 2 comentarios
Comentarios
Mar 2, 2020
7:33
#1 Lenin Zapata:

Un grande, pense que el ya estaba muerto pero recien se muere, todos los honores y respeto a este visionario del espacio.

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Mar 2, 2020
8:39
#2 Adolfo:

Tenía una supermente.

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