4. El total de la dosis supuestamente recibida fue una especulación y se reveló años más tarde inexacto.

La dosimetría era completamente falsa como se vio a comienzos de los años ’80 (8-9-16-17). Las nuevas evaluaciones indican que las dosis fueron sobreestimadas inicialmente. Ahora es evidente que el exceso de cánceres detectados han sido producidos por dosis de radiación más débiles (9). Esto implica por ejemplo que, con las nuevas estimaciones de las dosis, el riesgo de leucemia es 70% mayor que el precedentemente estimado (16).

Incluso el mismo ex director del ICRP ha reconocido que “las estimaciones de la dosis total eran demasiado elevadas y de ese modo el riesgo de cáncer fue subestimado” (18).

Según un documento que me fue entregado por los científicos japoneses Khasuma Yagasaki y Nobuo Karachi en la conferencia de Hamburgo el 16-19 de octubre 2003, la mayoría del material radiactivo no se fisionó; por ejemplo, de los 8 Kgs. de plutonio que contenía la bomba de Nagasaki solo lo hicieron 0.8 Kgs. (10)

Se estudió solo la mortalidad por cáncer. No se estudió el aumento del cáncer. Pero incluso si tenemos solo en cuenta el aumento de riesgo de cáncer mortal las conclusiones del estudio son equivocadas.

El profesor de epidemiología de la Universidad de Pittsburg Edward P. Radford, en una investigación a partir de los propios datos de los supervivientes, sobre el estudio de la incidencia de cáncer, demuestra que es 8 veces mayor que el admitido oficialmente hasta 1986. Constata que algunos tumores benignos también estaban relacionados con la irradiación (por ejemplo los fibromas uterinos, los pólipos gástricos, las enfermedades no malignas del tiroides y que los análisis de causas de muerte los omiten ya que no se consideran causas primarias de muerte (21).

Otro hecho que destaca en su estudio es la diferente susceptibilidad de los individuos a los efectos de la radiación: Los niños que tenían menos de 10 años en el momento del bombardeo presentaban un riesgo relativo de tener cáncer 8 veces mayor y 4 veces para la leucemia, por su parte las mujeres tenían el doble de riesgo relativo de padecer cáncer (exceptuando la leucemia) que los hombres (9).

Además las estadísticas sobre las causas de muerte en las que se basó el estudio LSS subestiman la presencia de ciertos cánceres como los de pulmón, vías urinarias, hígado, sistema biliar, páncreas, próstata (20) y es sabido que precisamente los cánceres de pulmón y de las vías urinarias se encuentran entre los cánceres más radiosensibles junto con los cánceres de tiroides, de mama, la leucemia, y el mieloma múltiple (9).

El análisis independiente de Gofman de los datos del LSS, los hallazgos de Stewart relativos a la homogeneidad de las poblaciones de estudio del LSS, y el trabajo de Padmanabhan sobre la elección del grupo de control sugieren que los factores de riesgo para el cáncer que se dieron para el estudio LSS pueden tener errores tan grandes como de un factor 20 (5).

Jóvenes soldados siendo tratados en un hogar provisional.

Basándose en nuevos datos de los supervivientes japoneses, Tatabe ha encontrado que los efectos siguen persistiendo. Los decesos por cáncer, exceptuada la leucemia, siguen aumentando cada año (16-22-23-24). Los excesos de muertes por cáncer y leucemia en Hiroshima y Nagasaki muestran que los factores de riesgo son 6 veces mayores que los propuestos por la agencia oficial de protección radiológica (25).

5. El estudio excluyó las enfermedades distintas del cáncer.

El deterioro total de la salud se ignoró. Sin embargo los efectos no cancerígenos de la radiación se han observado en poblaciones que habitan Hiroshima y Nagasaki. No hay porque sorprenderse ya que una de las dianas de la contaminación radiactiva es la médula ósea que fabrica las células sanguíneas y en consecuencia una alteración (entre otras) del sistema inmune. Así muchos japoneses murieron de infecciones antes de desarrollar cánceres y sus muertes no fueron atribuidas a la contaminación.

En un estudio japonés de Furitsu publicado en 1994 se examinaron las tasas de morbilidad (expresadas en porcentaje) de enfermedades no cancerígenas para 1.232 víctimas de la Bomba-A en el Hannan Chuo Hospital, Osaka, entre los años 1985 y 1990, comparándolas con la población japonesa (7). Los resultados indican que hay un aumento en TODAS las enfermedades estudiadas:

Comparación de las tasas de morbilidad (%) de las víctimas de la Bomba-A y de la población general japonesa (Furitsu, 1994).
Enfermedades Víctimas de Bomba-A Población general japonesa
Lumbago 29% 8%
Hipertensión 24 15
Enfermedades oculares 18 3
Neuralgia, mialgia 12 2.5
Anemia, leucopenia 12 1
Enfermedades dentales 10 <1
Úlcera gastroduodenal 9 2
Enfermedad cardíaca isquémica 9 2
Enfermedad hepática 8 1
Diabetes mellitus 7 3
Nefritis, infección uretral 5 1
Enfermedades de la piel 5 2
Bronquitis, neumonía 5 0.8
Arrítmia cardíaca 5 <0.1
Litiasis vesical, pancreatitis 4 1

Furitsu reconoce que los efectos somáticos no cancerígenos en estas poblaciones son muy similares a los hallados en los territorios afectados por Chernobyl. Este estudio no ha sido considerado ni citado por los organismos oficiales de control como el ICRP ni tampoco los numerosos estudios con conclusiones similares respecto a otros casos de contaminación.

Por ejemplo, Malko en 1997 presentó una lista muy parecida de las alteraciones que se observaron en las poblaciones expuestas tras Chernobyl (5).

Es más, algunos científicos han sido encarcelados por realizar estos trabajos y demostrar que la contaminación radiactiva produce otras alteraciones aparte del cáncer. Es el caso de la Dra. Ammash, que presentó en el año 2000 observaciones similares para las poblaciones expuestas a partículas de Uranio Empobrecido en Irak (5). Recordemos que la Dra. Ammash sigue encarcelada en Irak junto con otros científicos que trabajaron en este tema.

Como hemos informado en precedentes boletines, otro encarcelado por sus investigaciones en este sentido es el Dr. Bandazhevsky, director de la facultad de medicina de Gomel, que demostró asociaciones significativas entre la contaminación de cesio-137 en niños, usando mediciones de cuerpo entero, y arritmias, en las regiones contaminadas de Bielorrusia cerca de Gomel (12).

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