Por Alfredo Embid

I. LA FALSIFICACION DE LA HISTORIA

Las bombas no se tiraron sobre objetivos militares.

Las bombas no evitaron la muerte de soldados aliados.

Las bombas no pusieron fin a la II Guerra mundial, ni se tiraron para derrotar a Japón.

“La omisión, es la mentira más poderosa”. (George Orwell)

La omisión de hechos fundamentales es una parte de la falsificación sistemática de la historia, que es un elemento esencial de la propaganda del sistema.

La falsificación de la historia de la Segunda Guerra Mundial por los historiadores occidentales (1), llega a su cumbre con la versión oficial de los bombardeos atómicos de Japón (2).

Así que engañados por una enseñanza falsificada, reforzada regularmente por reportajes en los medios de desinformación, todo el mundo cree que las bombas arrojadas sobre objetivos militares de Hiroshima y Nagasaki pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial, evitando más víctimas civiles y militares.

Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, declaró entusiasmado inmediatamente al recibir la noticia de la aniquilación de Hiroshima: “Éste es el suceso más grandioso de la historia”.

Luego en su primer discurso referente al hecho mentiría sin verguenza: “El mundo se enterará que se soltó la primera bomba atómica del mundo sobre una base militar en Hiroshima”. Y no olvidó añadir otra justificación humanitaria, adelantándose a las críticas venideras: “Esto se hizo para evitar hasta donde fuera posible la muerte de civiles”. (3)

“Las bombas evitaron la muerte medio millón de soldados norteamericanos” —Truman.

“Las bombas salvaron a un millón doscientos mil aliados” —Winston Churchill. (4)

Os invito a repasar la versión oficial críticamente:

1. LAS BOMBAS SE TIRARON SOBRE OBJETIVOS MILITARES

Mentira!

Si Hiroshima albergaba “una importante base militar” como dijo el Presidente Roosevelt, y como repite esta semana la revista española la Aventura de la historia en su dossier central que no tiene ni una sola referencia bibliográfica: “Hiroshima era un importante enclave militar, albergaba depósitos de armamento y una planta de investigación del ultrasecreto caza a reacción japonés” (5).

¿Cómo es que sus habitantes declararon que no se asustaron cuando oyeron el ruido del Enola Gay que llegaba con el regalito, ni de los otros 2 aviones “ya que los aviones siempre pasaban de largo”?

¿Por qué no se había bombardeado antes Hiroshima, cuando la fuerza aérea norteamericana se había hartado de bombardear todos los objetivos militares y las ciudades japonesas?

En junio de 1945, el General Curtis LeMay, a cargo de los ataques aéreos a Japón, se quejaba de que después de meses de los bombardeos con napalm no había ya nada en las ciudades japonesas más que blancos de chatarra y basura. En julio, los aviones de Estados Unidos podían volar sobre Japón sin encontrar resistencia y bombardear tanto como quisieran ya que Japón no podía defenderse. (6-7-8).

De hecho los bombardeos de alfombra habían arrasado no solo las 5 ciudades más importantes, sino también otras 67 ciudades (23 ciudades de entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 ciudades de unos 100.000 habitantes) destruyendo casi toda la capacidad industrial japonesa como la propia revista La aventura de la Historia reconoce. Incluso se había bombardeado antes la ciudad de Iwakuni situada solamente a 8 km de Hiroshima como menciona la revista Le Monde Diplomatique de este mes sin incluir lamentablemente ni un solo comentario crítico sobre la versión oficial de los hechos (9).

La orden número 13 dada el 2 de agosto por mandos estadounidenses decía: “Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokura. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki”. (10)

Leyendo las ingenuas declaraciones de los pilotos norteamericanos que tiraron las bombas se puede encontrar que las dianas eran los propios centros de las ciudades y que en el caso de Nagasaki las ordenes ni siquiera se molestaban en mencionar otro objetivo.

Nagasaki no era el segundo objetivo pero una espesa capa de nubes cubría el que sí lo era: Kokura. Incluso en Nagasaki según declaraciones del copiloto estuvieron a punto de no poder tirar la bomba hasta que encontraron un agujero en las nubes. Por eso la bomba afortunadamente cayó tras las colinas que dividen a la ciudad y no en el área más poblada siendo el número de víctimas inmediatas mucho menor que en Hiroshima (11).

Bombardear ciudades no era nada nuevo. Desde antes de la Segunda Guerra Mundial el bombardeo de civiles había sido puesto en práctica por los británicos.

Es lo que documenta Yuri Tanaka, profesor investigador en el Instituto por la Paz de Hiroshima y coordinador de la Revista Japan Focus, entre cuyos libros se encuentra “Hidden Horrors. Japanese War Crimes in World War II”. (12)

En octubre de 1922, ocho escuadrones de la RAF iniciaron bombardeos a gran escala sobre Irak con diversos tipos de bombas, incluyendo bombas incendiarias, bombas de acción retardada, y petróleo sobre viviendas civiles. Según ellos los bombardeos indiscriminados “demostraban ser notablemente efectivos, extremadamente económicos e indudablemente humanitarios a la larga”… y prosiguieron hasta 1932 (12).

El General Hugh Trenchard, después de los bombardeos civiles en Irak, dirigió la Independent Force (el cuerpo británico de bombarderos en la II Guerra Mundial) y aplicó la misma estrategia que ahora pasó a denominarse púdicamente “bombardeos estratégicos”.

Trenchard aseguraba que: “es evidente que el efecto moral de los bombardeos supera a sus efectos materiales en una proporción de 20 a 1, y que por tanto era preciso crear el mayor efecto moral posible”. Por ende la mejor manera de derrotar al enemigo era llevar a cabo “bombardeos estratégicos” contra viviendas de civiles, especialmente de obreros industriales.

Personas cremando cuerpos en las ruinas.

Los norteamericanos compartieron esta táctica confiando en que la campaña de bombardeos conjuntos anglo-estadounidenses sobre civiles iba a destruir la moral alemana. Y así se hizo por ejemplo el 13 y el 15 de febrero, la ciudad de Dresde sufrió un bombardeo durante 14 horas con bombas incendiarias. Arrasaron la ciudad, donde no había instalación militar alguna, y mataron 70.000 y 135.000 personas. (12)

Al final de la guerra, 131 pueblos y ciudades alemanes habían sido bombardeados y aproximadamente 600.000 civiles alemanes habían muerto durante “bombardeos estratégicos” llevados a cabo principalmente por fuerzas británicas y estadounidenses (12).

A pesar de estas evidencias, el historiador David Kennedy tiene el cinismo de escribir esta semana misma en la “prestigiosa” revista Time: “En Europa los aviones U.S. B-17 y B-24 de bombardeo hicieron un considerable esfuerzo por restringir sus ataques a los objetivos de alto valor económico y militar”. (13)

Este energúmeno enseña Historia en la Universidad de Stanford para desgracia de sus alumnos y por si fuera poco amenaza con un próximo libro acerca del carácter nacional Americano.

Luego los norteamericanos continuaron la misma estrategia en el Pacífico.

Más de cien ciudades japonesas fueron destruidas mediante bombas incendiarias y dos más mediante bombardeos nucleares, causando un millón de víctimas, incluyendo más de medio millón de muertes, sobre todo de civiles (12). Solo el bombardeo de Tokio, el 9 de marzo de 1945, con bombas de fósforo y con 8.250 bombas de 250 kgs. que a 150 metros antes de tocar el suelo se fragmentaban cada una en 50 bombas de napalm, asesinó a 120.000 personas, hiriendo a más de 40.000 (14).

1 comentario
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 1 comentario
Comentarios
Jul 31, 2014
19:39
#1 Gene:

Me estoy dando cuenta, que en este mundo, todo es una gran mentira y en las guerras los quien más pierden, son los civiles, ,mientras los jefazos dnn ordenes de destrucción masiva, sentados comondamente en sus sillones.

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