Por Alfredo Embid

II. LA FALSIFICACION DE LA CIENCIA

Uno de los tantos ejemplos de lo que se podía ver en las calles de Nagasaki luego de la explosión.

EL FRAUDE DE LOS ESTUDIOS MÉDICOS SOBRE LOS SUPERVIVIENTES SIRVIÓ DE BASE PARA ESTABLECER LOS NIVELES “ADMISIBLES” DE RADIACTIVIDAD QUE SIGUE CONTAMINÁNDONOS.

Del mismo modo que se falsificó (y se sigue falsificando) la historia de Hiroshima y Nagasaki (1), desde el comienzo hubo un intento de minimizar los efectos sanitarios del crimen.

El jefe de los servicios de salud estadounidenses declaró alegremente durante el retorno de los diplomáticos rusos a Tokio que “los efectos radiológicos de la bomba desaparecían después de 24 horas” (2), pero demostradamente aún persisten.

A finales de 1945 los médicos del ejército de EEUU dijeron que todas las muertes debidas a los efectos de la radiación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki ya habían tenido lugar así que no había que preocuparse (3).

Pero las evidencias se acumulaban así que en 1950 los estadounidenses crearon la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica (Atom Bomb Casualty Commission, ABCC) para estudiar los efectos a largo plazo de las bombas. La ABCC ha sido reemplazada años después por la Radiation Effects Research Foundation (Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación).

La comisión pretendía examinar las causas de la muerte de 109.000 supervivientes, elegidos entre 284.000 identificados en el censo de 1950 de Japón, y compararlos con una población teóricamente no expuesta a la contaminación (3). Luego el estudio LSS (Life Span Study) mantuvo el seguimiento de algunos supervivientes de las bombas atómicas durante toda su vida. Estos estudios tienen numerosas irregularidades, que los invalidan científicamente. Veamos algunas de ellas:

1. El primer estudio comenzó en 1950, cuando ya numerosos supervivientes habían fallecido y fue terminado rápidamente.

Los resultados fueron publicados en 1965 ignorando que hay cánceres que tardan decenios en aparecer. Aún hoy, más de 50 años después de la tragedia, hay mujeres que tienen cáncer de mama tras los efectos de las radiaciones ionizantes liberadas en Hiroshima y Nagasaki, los porcentajes revelados en Hiroshima son más elevados que en las regiones vecinas (2).

El primer estudio se continuó después con el mencionado LLS donde el factor de riesgo de padecer cáncer se basó en la mortalidad observada hasta 1974. Esto supone que el cáncer radioinducido tarde menos de 30 años en aparecer, lo que es cierto para la leucemia pero completamente falso para otros cánceres. De hecho, desde 1974 el número de tumores malignos no ha dejado de crecer para la mayoría de los cánceres (8). La mayoría de los cánceres muestran un efecto de la radiación aún creciente (9). Los datos más recientes sobre los efectos tardíos de cáncer en el estudio de Hiroshima LSS muestran que el total de cánceres continúa excediendo lo previsto (5).

2. El grupo de víctimas estudiado no era representativo de una población normal y estaba sesgado.

Se seleccionaron a los supervivientes de la bomba que ya de por sí habían demostrado tener más resistencia puesto que habían sobrevivido. Especialmente se seleccionaron aquellas personas con un sistema inmunológico particularmente eficaz que resistió a la agresión de su médula ósea que fabrica las células de la sangre y sobrevivieron, y esto hizo que la incidencia de cánceres se atenuase. Además el grupo seleccionado en el estudio inicial comprendía a deportistas jóvenes en buena forma. Las personas particularmente vulnerables a los efectos nefastos de la radiación, niños, mujeres y ancianos no fueron incluidos en este estudio.

Víctimas de la Bomba-A que escaparon a Puente Miyuki (cerca de 2 km del centro de la explosión).

Todo esto ha sido resaltado por numerosos autores (17 – 18 – 19 – 23 – 27).

3. El grupo de control no contaminado, también estaba contaminado.

El grupo expuesto era el que se encontraba a menos de 2.5 km del impacto mientras que el grupo de control estaba formado por personas que en el momento de la explosión estaban a más de 2.5 km del centro de la misma (9), lo que no quiere decir que no recibiera ninguna radiación ya que las bombas estallaron a 500 m. antes de tocar el suelo.

Tanto el grupo estudiado como los controles fueron expuestos a irradiación interna por la lluvia radiactiva que devolvió partículas al suelo y al agua contaminando las cadenas alimenticias (ver más adelante cómo se negó la exposición interna).

Esto ha sido denunciado también por numerosos autores (4-5-19-28). En el estudio de Hiroshima por lo tanto no había grupo de control no expuesto realmente. Como los controles estaban también contaminados, el riesgo relativo (muertes en el grupo de estudio/muertes en los controles) fue bajo, y en ocasiones no significativo.

Este es un problema importante especialmente si la relación dosis-respuesta no es lineal (y no lo es como veremos), los supuestos controles sometidos a una baja exposición pueden incluso mostrar un número de cánceres mayor que otros grupos con mayor exposición, donde las células (o el feto) puede que hayan muerto en vez de mutado (5). El mismo Karl Morgan ex director del ICRP (Comisión Internacional de Protección Radiológica) reconoce que “las evaluaciones utilizan como grupo de control el grupo que recibió dosis débiles. En el modelo supralineal (*) esto puede subestimar de forma importante el riesgo de cáncer”. (18)

Y ya sabéis, si las personas oficialmente poco o no contaminadas tienen más cánceres que las irradiadas, algún listillo (o el mismo que hizo el estudio) dirá que la radiación no solo no es nociva si no que encima ¡nos protege del cáncer! (13). Este fraude se ha cometido constantemente no solo en Hiroshima, sino también en las Islas Marshall afectadas por la lluvia radiactiva, en Chernobyl, en los escapes de centrales nucleares en normal funcionamiento en los accidentes nucleares.

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