Un nuevo y completo estudio sobre las ballenas francas del Atlántico Norte ha encontrado que esta especie es significativamente más pequeña y menos saludable que sus primas del hemisferio sur, y que podría extinguirse dentro de los próximos 20 años si no hacemos algo para evitarlo.

El estudio, el mayor de su tipo, fue organizado por el Dr. Fredrik Christiansen de la Universidad Aarhus en Dinamarca e involucró a 12 instituciones de investigación en cinco países.

Utilizando una flota de drones y una técnica llamada «fotogrametría aérea», el equipo pudo correlacionar información básica sobre el tamaño de los cetáceos del norte y del sur, y así determinar su estado general de salud.

En una entrevista con National Geographic, Christiansen expresó cuánto lo había impactado el hallar que las ballenas francas del norte lucían tan planas y desnutridas. «Básicamente podrías plantar una tienda de campaña en sus lomos», dijo.

El equipo identificó un número de causas para el deterioro de la salud de las ballenas francas del Atlántico Norte, incluyendo colisiones con botes en área de gran tráfico y frecuentes enredos con equipos de pesca —especialmente de langostas y cangrejos— que les demandan grandes cantidades de energía para liberarse.

Crédito: Brian J. Skerry/National Geographic.

Otro desafío mayor fue la pérdida continua de su principal fuente de alimento: kril y copepodos, que han migrado cada vez más al norte escapando del calentamiento de los océanos provocado por el cambio climático.

Esto ha obligado a las ballenas francas del norte, que requieren un promedio de 900 kilogramos de kril por día, a nadar distancias mayores para alimentarse, contribuyendo a su pérdida de masa corporal.

«Una buena condición corporal y abundantes reservas de grasa son cruciales para la reproducción de los grandes cetáceos, incluyendo a la ballena franca, dado que estos animales dependen de la energía almacenada para la temporada de apareamiento, cuando pasan largos lapsos de tiempo sin comer», dijo Christiansen a EurekAlert.

Una ballena franca del Atlántico Norte junto con su cría, cerca de la costa de Florida. Crédito: Brian J. Skerry/National Geographic.

«Las reservas de grasa son particularmente importantes para las madres, que necesitan de energía extra para apoyar el crecimiento de sus crías durante las primeras etapas», añadió.

El equipo también observó que los ejemplares jóvenes están alcanzando la madurez sexual a un ritmo más lento que las ballenas francas del sur, siendo menor también la cantidad de nuevos nacimientos. Las ballenas francas del Atlántico Norte dieron a luz a siete crías durante la temporada 2018-19, lo cual no es suficiente para solventar la creciente tasa de mortalidad.

Se estima que solo quedan 410 ballenas francas del Atlántico Norte, mientras que hay entre 10.000 y 15.000 en el Atlántico Sur.

«Esta comparación con sus primas del hemisferio sur muestra la mala condición en la que se encuentran», señaló Michael Moore, del Instituto Oceanográfico Woods Hole. «Los traumas que sufren con los buques pesqueros y el cambio en su suministro de alimento, provoca una desnutrición que afecta su reproducción. Para revertir esta situación es necesario redirigir las embarcaciones y desviarlas del hábitat de las ballenas; recoger las trampas de cangrejos y langostas sin sogas, utilizando tecnología disponible; y minimizar el ruido en el océano proveniente de varias fuentes».

Fuente: Daily Mail.

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