Un pescador ruso ha rescatado una rareza del fondo de un río en la aldea de Tisul, al sur de Rusia, un área conocida por las fructíferas culturas que la habitaron en tiempos antiguos. Se trata de una pequeña escultura de 30 cm que representa a un ancestral dios pagano. Ha sido descrita por los arqueólogos locales como “única y sorprendente”.

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El siberiano Nikolay Tarasov se hallaba pescando en un río, esperando capturar algún pez cuando de manera fortuita la red que utilizaba para tal propósito trajo consigo una misteriosa estatua que poseía un rostro con ojos almendrados, gran boca y una expresión de enojo. En la nuca de la estatua, pudo notar una trenza plateada y debajo de ésta una serie de líneas que asemejan escamas.

Los arqueólogos han identificado a la figura como la de un dios pagano de 4.000 años grabado en un cuerno que luego se fosilizó.

Tarasov describe su experiencia de pescar este raro artefacto:

“Utilicé una red en vez de una línea, y la estaba recogiendo cuando noté que algo la hacía pesada, y pensé que había arrastrado una roca. Logré sacarla con ayuda de mi compañero. Iba a desechar el pedazo de roca cuando me di cuenta que tenía grabado un rostro. La lavé en el río y noté que lo que tenía en mis manos era más que una simple piedra. La llevé al museo local donde los expertos me contaron que la estatuilla había sido grabada al principio de la Edad de Bronce”.

Antes del advenimiento del Cristianismo en Rusia en el siglo décimo de nuestra era, la gente eslava practicaba varias formas de paganismo. Su religión era politeísta y el panteón de dioses, deidades y espíritus estaba directamente conectado con los elementos, las estaciones y la sobrevivencia.

Actuales teorías sugieren que la estatuilla encontrada perteneció a la cultura Okunev o Samus, dos sociedades vecinas de la Edad de Bronce datadas allí por mitad del segundo milenio antes de Cristo en el sur de Siberia. Ambas culturas son conocidas por haber dejado detrás de sí extraordinarios ejemplos de arte representativo, incluyendo amuletos, estelas de piedra, petroglifos y estatuillas.

Tarasov ha donado su singular hallazgo al Museo de Historia de Tisul sin pedir ninguna compensación a cambio. “La gente debe verla y aprender la historia de su región. Es una pieza preciosa para cualquier museo del mundo”, dijo el pescador.

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