El fenómeno fue como un haz de luz compacta, de color blanco iridiscente, que ingresó por la ventana encegueciéndola. “Cuando me quise ver a mi misma no me pude ver”, comentaría la Señora de Arias. La luz parecía atravesar las paredes de la casa, su origen era desde el exterior atravesando toda la esquina derecha del chalet.

Afuera de esta finca se encontraba un gran objeto oscuro que permanecía detenido aunque basculando sobre un grupo de 6 silos ubicado a unos 30 metros de la casa.

La Señora de Arias despierta a su marido y éste se dirige rápidamente hacia la ventana. Ahora toda la familia es testigo de estas evoluciones. En esos momentos el objeto se encontraba alejándose del chalet, sobrevolando una zona de sembradíos a unos 80 metros de los protagonistas. Luego continuó su marcha horizontalmente, con lentitud, quizá a unos 15 metros de altura, hasta detenerse sobre un monte de eucaliptos distante unos 800 metros.

Este objeto tenía un diámetro estimado en unos 8 metros, era oscuro, basculaba, y parecía sólido, según las palabras de Manuel Arias, esposo de Leonor Beatriz.

Fotografía de la zona de la Estancia La Dulce. Se grafica allí la ubicación del OVNI de gran tamaño con sus hileras de ventanillas. Dos extraños seres de siluetas amorfas salieron del OVNI y merodearon la zona ante los ojos de la familia Arias la noche del 31 de agosto de 1978.

Tenía una hilera de 10 ventanillas luminosas que contorneaba la zona central del objeto. Estas ventanillas eran rectangulares, alargadas verticalmente, separadas por tabiques finos y oscuros. Emitían una intensa luz que variaba entre los colores blanco brillante y naranja.

La parte superior del OVNI era oscura y ovoide, mientras que la parte inferior era menos visible por fusionarse con la oscuridad de la zona. Según la familia Arias, podría ser también ovoidal. El OVNI se encontraba hacia la derecha del monte. Desde su posición, los protagonistas eran testigos privilegiados por la excelente visual que tenían desde la ventana. El objeto emitía un zumbido que se escuchaba a pesar de la distancia. Era similar a una turbina, comentaría Arias, que aumentaba y disminuía en forma cíclica, a la par que lo mismo sucedía con sus luces. En ese momento de la noche, corría fuerte viento y la oscuridad impedía ver la reacción de los animales ante la proximidad del fenómeno.

Pasados unos minutos, del objeto salieron dos luces rojas similares a focos de linternas que descendieron con suavidad y se movían una detrás de la otra, en dirección a los testigos. Estos focos parecían siluetas oscuras que avanzaban a una velocidad aproximada a unos 20 km/h.

Sus estaturas tenían entre 0,70 a 1 metro y su aspecto imposible de distinguir por la oscuridad de la noche. Los focos de luz parecían constituir la cara de estas entidades amorfas. Estos seres no tocaban el suelo, sino que parecían flotar a escasos centímetros de éste.

Sus movimientos eran continuos, rígidos, al llegar a los alambrados estos seres sortearon los mismos, elevándose hasta sobrepasarlos para luego descender y continuar su rumbo. Se aproximaron hacia un galpón, donde había máquinas y vehículos, giraron 90º y penetraron por un espacio existente entre el galpón y los alambrados. Allí desaparecieron por unos instantes y volvieron a aparecer. Para ello debieron sortear otros obstáculos, un monte de eucaliptos y una tranquera. Este corredor tiene unos dos metros de ancho y trece metros de largo, siendo su piso de ladrillos.

Aquí estos seres se encontraban en cercanías de otro galpón existente haciendo este circuito mucho más lento que el anterior, a paso de hombre, muy lento. Estos seres o enigmáticas figuras completaron otro segundo giro, y quizás más giros, siempre alrededor del galpón, mientras el OVNI continuaba basculándose en el cielo y emitiendo su zumbido. Es allí cuando los Arias deciden irse al dormitorio abandonando la observación. Momentos después, retornaron a la ventana comprobando que el gran objeto y los enigmáticos seres habían ya desaparecido.

La duración de todos estos fenómenos estiman que duró casi una hora.

Estancia La Dulce, vista desde el nordeste. Se muestra aquí los movimientos del OVNI durante los hechos. (CLIC PARA AMPLIAR)

La familia Arias en momentos de estos hechos estaba constituida por Manuel Arias, de 55 años de edad, su esposa Leonor Beatriz Turiella de Arias, de menor edad que su marido y su hijo de tres años.

Luego de estos hechos no se encontraron huellas, salvo una secuela fisiológica de shock emocional en la Señora de Arias por los momentos vividos. La zona donde se encuentra el chalet de la familia es rica en actividad agrícola-ganadera, en palabras del propio propietario dice que son campos productivos. En el momento de los hechos, estos campos pertenecían a los cuatro hermanos Arias. Hoy ya están divididos. Asimismo, a unos 3 kilómetros al sudeste existe una gran laguna de agua salada.

Gráfico demostrativo de las entidades amorfas que salieron del OVNI en el caso Estancia La Dulce. Los seres flotaban, no tocaban el piso y merodeaban todo el lugar. Mientras el OVNI se mantenía suspendido en el aire emitiendo un zumbido.

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