Las estrellas conocidas como enanas rojas son pequeñas, pero podrían ser de mucha ayuda en la continua búsqueda de exoplanetas habitables. En un nuevo estudio, un equipo internacional de astrónomos ha estimado que cada enana roja de nuestra galaxia alberga al menos a un exoplaneta y que un cuarto de ellas posee super-Tierras orbitando en la zona de habitabilidad. 

enana-roja

En los últimos años el campo científico exoplanetario ha florecido a niveles sorprendentes gracias a descubrimientos hechos por telescopios espaciales como Kepler y otras herramientas sofisticadas que nos permiten observar el Cosmos. De hecho, hace pocos días el conteo de exoplanetas confirmados aumentó a 715 mundos. Pero esto es solo la punta del iceberg. Con técnicas de observación cada vez más refinadas, se espera un aluvión de  hallazgos estelares.

Las particulares enanas rojas, son estrellas frías y pequeñas que tienen apenas la mitad de la masa de nuestro sol, sin embargo compensan esta falta de energía con una gran longevidad. A medida que queman hidrógeno en sus núcleos a escalas menos impresionantes que sus primas, las enanas rojas pueden persistir por decenas de billones o incluso trillones de años. Si la vida se desarrollara en un mundo en los alrededores de este tipo de estrellas, tendría billones de años para evolucionar.

Este solo factor ha llevado a teorizar que muchas civilizaciones inteligentes de nuestro Universo podrían aventajarnos por millones de años de evolución… y que los observados podríamos ser nosotros.

Señales de otros mundos

Estos nuevos resultados, publicados en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, se han obtenido a partir del análisis de los datos de dos sondeos de exoplanetas: el HARPS (High Accuracy Radial Velocity Planet Searcher) y UVES (Ultraviolet and Visual Echelle Spectrograph), ambos operados por el Observatorio Europeo del Sur en Chile. Al combinar los datos de los dos, el equipo fue capaz de detectar las señales que no eran lo suficientemente fuertes como para ser vistas valiéndose de solo uno de los proyectos.

El autor principal, Mikko Tuomi, ha explicado que se estaban buscando datos sólo en UVES, y notaron cierta variabilidad que no podía ser explicada por el ruido aleatorio. Al combinar los datos de HARPS, lograron detectar estas características. “Estamos sondeando claramente una población muy abundante de planetas de masa baja y podemos esperar encontrar muchos más en el futuro cercano, incluso alrededor de las estrellas más cercanas al Sol”, ha señalado.

Los astrónomos midieron cuánto se ‘tambalea’ una estrella en el espacio al verse afectada por la gravedad de un planeta. Este proceso se denomina oscilación periódica a la luz de la estrella. Además, se aplicó la regla de las probabilidades condicionales que permite responder a la pregunta: ¿cuál es la probabilidad de que una determinada estrella tenga planetas en órbita sobre la base de los datos disponibles? La unión de ambas técnicas permitió a los investigadores filtrar el exceso de ruido en las mediciones e hizo posibles las detecciones.

“Este resultado es algo esperado en el sentido que los estudios de las enanas rojas distantes con la misión Kepler indican una población significativa de pequeños planetas en su radio. Es agradable poder confirmar este resultado con una muestra de las estrellas que se encuentran entre las más brillantes de su clase”, ha apuntado otro de los autores, Hugh Jones.

Los nuevos planetas han sido descubiertos alrededor de estrellas de entre 15 y 80 años luz de distancia y tienen períodos orbitales entre dos semanas y nueve años. Esto significa que orbitan sus estrellas a distancias que van de 0,05 a 4 veces la distancia Tierra-Sol (+149 millones kilómetros).

No obstante, antes de volvernos demasiados entusiastas en cuanto a avanzadas civilizaciones emergiendo de sistemas planetarios de enanas rojas, hay que tener en cuenta que a pesar que estas pequeñas estrellas son moderadas en su poder, no serían tan apacibles. Pueden llegar a ser muy tumultuosas y generar un clima espacial que sofoque el florecimiento de la biología alienígena. Aunque, claro, esto se aplica si juzgamos la vida alienígena desde nuestros estándares…

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