El asesino de un planeta dejó una gran pieza de evidencia a la vista.

Astrónomos han divisado un objeto de tamaño considerable en un disco de polvo que orbita cuerpo estelar superdenso conocido como enana blanca, reporta un nuevo estudio.

El objeto detectado es posiblemente parte de un mundo que fue destruido durante la agonía de la estrella. Y tiene una órbita increíblemente cerrada —da una vuelta a la enana blanca cada 123 minutos—, lo que sugiere que incluso podría tratarse de un trozo del destrozado núcleo del otrora planeta.

«El planetesimal que hemos descubierto está profundamente anclado a la gravedad de la enana blanca, mucho más cerca de lo que uno podría esperar hallar algo vivo», explica el coautor del estudio Boris Gaensicke, profesor en la Universidad de Warwick, Inglaterra.

«Si fuera puro hierro, podría sobrevivir allí donde está ahora, aunque igualmente podría ser un cuerpo rico en hierro con la fortaleza suficiente como para mantenerse unido, lo cual es consistente con el fragmento masivo del núcleo de un planeta», continuó Gaensicke.

«Si estamos en lo correcto, entonces el cuerpo original tenía al menos cientos de kilómetros de diámetro, porque es solo en ese punto que los planetas se comienzan a diferenciar como tales —como agua sobre aceite— y tienen elementos pesados que se hunden en la forma de un núcleo metálico», agregó.

Destino final

La mayoría de las estrellas en la Vía Láctea, incluyendo nuestro propio sol, eventualmente colapsarán en enanas blancas, luego de quemar todo su combustible nuclear. Si tales estrellas son los suficientemente grandes, llegarán a este punto final tras la fase de «gigante roja», en donde crecen y se hinchan.

Nuestro sol califica para este último punto; se volverá una gigante roja en 5.000 millones de años, destruyendo a Mercurio, Venus y la Tierra en el proceso —si bien los planetas a partir de Marte podrían sobrevivir la infernal embestida—.

Este mismo proceso habría sido el responsable de destruir el mundo del que ahora solo queda un núcleo metálico.

A 410 años luz

Publicado este jueves en Science, el estudio fue liderado por Christopher Manser, físico de la Universidad de Warwick.

Manser y su equipo investigaron la enana blanca conocida como SDSS J122859.93+104032.9, ubicada a unos 410 luz de nuestro sistema solar. Este objeto exótico contiene el 70 por ciento de la masa de nuestro sol en una esfera del tamaño de la Tierra.

Para hacer la observación, los investigadores se valieron de uno de los telescopios más grandes del mundo: el Gran Telescopio de Canarias (GTC) en la isla de La Palma (España). Específicamente, miraron las líneas de emisiones de gas en el disco, algo que les permitió encontrar al planetesimal moviéndose en procesión alrededor de la difunta estrella cada 2 horas y 3 minutos.

Manser y sus colegas determinaron que el objeto tiene un tamaño de 600 km, con una densidad de entre 7.7 y 39 gramos por centímetro cuadrado; de otra forma ya hubiera sido desintegrado por la gravedad de la enana blanca.

Este rango de densidad «es compatible con el núcleo de hierro de la Tierra», comentó sobre el estudio Luca Fossati, científico de la Academia de Ciencia de Austria, quien no formó parte del equipo autor del hallazgo. «Por lo tanto, es plausible que el planetesimal sea el núcleo de un planeta destruido».

«La sorpresiva supervivencia del fragmento replantea el proceso por el cual las enanas blancas “mastican” a sus retoños planetarios», concluye Manser.

Fuente: Space.com.

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