El misterioso Oumuamua avistado en 2017 y el cometa Borisov observado el año pasado, parecen no ser los únicos visitantes interestelares en nuestro vecindario planetario.

De acuerdo a una nueva investigación, un grupo de asteroides de origen interestelar ha estado pululando muy cerca de nosotros por un largo tiempo.

Basados en sus movimientos alrededor del Sol, un equipo de astrónomos identificó 19 de estos objetos que piensan fueron capturados de otra estrella hace eones, cuando el Sistema Solar tenía apenas unos pocos millones de años. Se cree que, en aquel entonces, el Sol era parte de una guardería estelar —un cúmulo de estrellas en formación en la misma nube de gas y polvo—.

«La proximidad de las estrellas significa que cada una “sentía” la gravedad de la otra de una forma mucho más fuerte que la de hoy», explica el astrónomo y cosmólogo Fathi Namouni del Observatoire de la Côte d’Azur en Francia. «Esto permitió que los asteroides fueran empujados de un sistema a otro».

Fathi y su colega Helena Morais, de la Universidade Estadual Paulista en Brasil, hallaron su primer residente interestelar en 2018, al observar un grupo de asteroides conocidos como Centauros, que orbitan irregularmente entre Júpiter y Neptuno.

Uno de los asteroides, llamado 015 BZ509 —más tarde nombrado Kaʻepaokaʻawela— tiene una órbita extraña, similar a la de Júpiter pero en la dirección opuesta (retrógada). Si fuera nativo del Sistema Solar, deberían viajar en la misma dirección que todo lo demás. El equipo corrió simulaciones para descubrir sus orígenes y llegó a la conclusión que venía del espacio interestelar, siendo probablemente capturado por el Sistema Solar hace 4.500 millones de años.

En el nuevo estudio, los investigadores examinaron Centauros y objetos transneptunianos con una inclinación orbital alta relativa al plano donde se mueven los planetas. Al igual que Kaʻepaokaʻawela, algunos de estos objetos resultaron tener órbitas retrógradas.

«Con excentricidades de moderadas a altas, las órbitas de los Centauros tal vez estén inclinadas unos pocos grados respecto al plano invariable del Sistema Solar, a casi 180° de movimiento retrógrado», escriben los autores del estudio. «Sus características orbitales son a menudo tomadas como la señal de un violento pasado, una noción reforzada por su conocida inestabilidad. Si la órbita de un Centauro es integrada atrás o adelante en el tiempo, golpeará invariablemente al Sol, los planetas, o será expulsado del Sistema Solar».

El estudio incluyó 17 centauros con inclinaciones orbitales mayores a los 60 grados, y dos objetos cuya órbita supera a Neptuno (transneptunianos). Los investigadores utilizaron los datos conocidos de estos objetos para crear múltiples clones de cada uno y simular sus órbitas atrás en el tiempo, llegando hasta los 4.500 millones de años. En aquellos tiempos inmemoriales, el Sistema Solar era un disco plano alrededor del Sol, los restos de un disco de acreción de una joven estrella. Todo alrededor debería estar orbitando en el mismo plano y en la misma dirección.

Ilustración de un disco protoplanetario.

Pero, de acuerdo a las simulaciones hechas por los astrónomos, 19 de estos asteroides no eran parte del orden establecido en el disco. Como se había predicho, la mayoría de los clones terminaron estrellándose contra el Sol o siendo expulsados del sistema. Unos pocos colisionaron con un planeta y otros, en menor cantidad, lograron mantener una órbita relativamente estable.

No obstante, estas últimas excepciones a la regla no habrían comenzado sus vidas alrededor del Sol. No solo estaban más allá de la periferia del disco, sino que sus órbitas eran perpendiculares a éste. Esto, dicen los investigadores, significa que la probabilidad de que fueran capturados y traídos desde los dominios interestelares por la gravedad de nuestro astro rey, es alta.

Estudios futuros de estas rocas espaciales podrían ayudar a validar los actuales hallazgos y, desde ahí, darnos la posibilidad de identificar más intrusos interestelares.

«El descubrimiento de una población entera de asteroides de origen interestelar es un paso importante hacia la comprensión de las similitudes y diferencias con aquellos que nacieron aquí», concluye Morais. «Nos da pistas sobre el cúmulo que habitó nuestro Sol durante su infancia, sobre cómo ocurrió la captura de asteroides, y el papel de la materia interestelar en el enriquecimiento químico y evolución de nuestro Sistema Solar».

Fuente: ScienceAlert.

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