A través de una labor de buceo se pudo localizar y georreferenciar las edificaciones, estelas y estructuras de la antigua ciudad sumergida.

Crédito: INAH.

Durante el Preclásico Tardío (400 a.C. a 250 d.C.), los mayas establecieron un importante asentamiento dentro del lago en un islote, que constaba de templos, plazas y viviendas domésticas.

El lago es de origen volcánico y llena una enorme caldera formada por una erupción hace 84.000 años. Se teoriza que un evento natural relacionado con la actividad volcánica provocó un desnivel en el lecho del lago, lo que provocó que la ciudad quedara sumergida a una profundidad de entre 12 y 20 metros.

Los pueblos que vivían alrededor del lago eran predominantemente Tz'utujil y Kaqchikel. Durante la conquista española, los Kaqchikel inicialmente se aliaron con los invasores para derrotar a sus enemigos históricos, los Tz'utujil y K'iche' Maya, pero ellos mismos fueron conquistados y sometidos cuando se negaron a rendir tributo a los españoles.

Se han encontrado varios sitios arqueológicos mayas en el lago, incluido Sambaj, que se encuentra aproximadamente a 16,7 metros por debajo del nivel actual del lago, y Chiutinamit, que fue descubierto por pescadores locales.

La ciudad sumergida

Un equipo de investigadores dirigido por Helena Barba Meinecke del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha estado documentando las ruinas de la ciudad para comprender los procesos de hundimiento y la escala del asentamiento para su futura preservación.

El estudio ya ha logrado ubicar varios edificios nuevos, estelas y cerámicas, lo que permite a los investigadores georreferenciar las estructuras y comenzar a construir un mapa planimétrico de la ciudad.

Crédito: INAH.

«Con este mapa planimétrico podemos determinar que el sitio mide al menos 200 por 300 metros», dijo Meinecke.

De acuerdo al INAH, las últimas exploraciones —que iniciaron el pasado 14 de marzo y concluyeron esta semana—  además permitieron «visibilizar el sitio mediante tecnologías virtuales y no invasivas, para promover la conservación y el respeto al carácter sagrado que tiene para las comunidades indígenas de la región».

Cabe apuntar que actualmente el sitio arqueológico es conservado gracias a la vigilancia de los habitantes de Santiago Atitlán y de los pueblos cercanos al lago, además, el buceo irregular en él está prohibido por el Gobierno de Guatemala.

Fuente: INAH. Edición: MP.

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