En los últimos meses, con la pandemia de coronavirus afectando el mundo, las redes sociales reforzaron el control que tienen sobre lo que publican los usuarios en sus plataformas. En otro avance en dichas restricciones, ayer Facebook prohibió los anuncios que desmotiven a la gente a vacunarse contra el coronavirus; mientras que hoy YouTube ha hecho lo propio, comunicando que eliminará las afirmaciones falsas que se publiquen en relación a estas vacunas.

Mark Zuckerberg, CEO de Facebook; y Susan Wojcicki, CEO de YouTube.

Mark Zuckerberg, CEO de Facebook; y Susan Wojcicki, CEO de YouTube.

«Nuestro objetivo es ayudar a que los mensajes sobre la seguridad y la eficacia de las vacunas lleguen a un grupo amplio de la población, a la vez que prohibimos los anuncios con información falsa que puedan dañar los esfuerzos de salud pública», apuntó la compañía de Mark Zuckerberg en una entrada en el blog oficial de la empresa.

La plataforma ya prohibió la desinformación y los fraudes identificados por las instituciones de salud pública como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades. Una correa que mantiene bien corta con ayuda de los llamados fact-checkers.

Facebook continuará permitiendo, empero, los anuncios tanto a favor como en contra de las regulaciones gubernamentales ligadas a las vacunas. Así, la idea de Facebook es seguir permitiendo un debate sobre cómo deben gestionar los Gobiernos el desarrollo y administración de las vacunas, pero impedir que haya voces que llamen directamente a la población a no vacunarse.

El gigante tecnológico planea igualmente lanzar una campaña de información pública en Estados Unidos animando a que la población se vacune contra la gripe estacional.

Por su parte, YouTube ha anunciado que eliminará contenidos que afirmen, por ejemplo, que la vacuna contra el COVID-19 matará a personas o causará infertilidad. También las teorías conspirativas relacionadas con las vacunas se eliminarán de la plataforma de videos, entre ellas las que aseguran que con la vacuna nos implantarán microchips. Todas estas teorías de la conspiración se han propagado en las últimas semanas.

Según las encuestas, la mitad de los espectadores de Fox News cree que Bill Gates quiere usar una vacuna contra el coronavirus para implantar microchips en los estadounidenses con el fin de promover una vigilancia global. Y si bien esto efectivamente es falso, cabe destacar que el fundador de Microsoft —y ahora filántropo de la salud— sí ha hablado, a futuro, de establecer certificados digitales por medios de implantes para tener un registro de quién ha sido vacunado y quién no.

Movimiento anti-vacunas.

«Eventualmente, tendremos certificados digitales que nos mostrarán quienes se han recuperado, quienes han sido testeados recientemente, o cuando tengamos una vacuna quién la ha recibido», escribió el magnate en una sesión de preguntas y respuestas que tuvo lugar en Reddit en marzo de este año.

Suspensiones y problemas en ensayos

Pero… ¿está justificado este tipo de censura en las redes? ¿Qué tanto se puede correr la línea «paternalista» que sesga la libertad de expresión en Internet en pro —supuestamente— de la salud de las personas? Lo cierto, es que las vacunas actualmente en desarrollo no están libres de cuestionamientos, más cuando han sido desarrolladas en solo unos meses —cuando, habitualmente, es algo que lleva años—.

Actualmente, existe una carrera geopolítica, principalmente entre Rusia y EE.UU., para ver cuál es el primero en implementar una vacuna que funcione masivamente en la población y permita así ponerle punto final a la pandemia.

Los rusos dicen que su vacuna, Sputnik V, ha mostrado resultados muy alentadores. De hecho, el pasado 11 de agosto fue registrada como tal en pleno cumplimiento de las normas internacionales; y el 9 de septiembre entró en la tercera fase de ensayos clínicos, con la participación de 40.000 personas.

Actualmente existen 10 vacunas en fases de prueba contra el coronavirus.

En cambio, otra de las vacunas contra el coronavirus más prometedoras, la que están desarrollando la farmacéutica AstraZeneca y la Universidad de Oxford, se ha visto obligada a suspender sus ensayos tras encontrar una reacción adversa en uno de los participantes. Según la compañía, esta reacción (una «enfermedad potencialmente inexplicable») solo se produjo en uno y la pausa de los ensayos es un procedimiento rutinario durante el desarrollo de la vacuna.

Por último, la farmacéutica estadounidense Johnson & Johnson confirmó esta semana que detuvo la prueba clínica de su vacuna contra el COVID-19 debido a que uno de sus participantes se enfermó. «Hemos detenido temporalmente la administración de nuevas dosis en todos nuestros ensayos clínicos de la vacuna, incluido el ensayo de fase 3 Ensemble, debido a una enfermedad inexplicable en un participante del estudio», dijo en un comunicado.

Tras ello, el sistema de inscripción en línea fue cerrado para el ensayo clínico de 60.000 pacientes, mientras se convoca al comité independiente de seguridad del paciente.

Fuentes: Télam/La Vanguardia/Infobae/LN.

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 1 comentario
Comentarios
Oct 16, 2020
18:37
#1 Juan Manuel:

Pues yo desaliento contra la vacuna que no es más que un resfriado.

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