El concepto de Metaverso se compone de espacios virtuales tridimensionales compartidos dentro de un universo virtual percibido, donde la Internet ha evolucionado hacia una realidad aumentada casi indistinguible de la propia realidad. ¿Qué problemas podría traer consigo esta nueva tecnología? ¿Qué tan en peligro está la realidad como la conocemos?

La comparación con Matrix no es para nada azarosa. Los que vieron la película de culto recordaran la trama: un futuro distópico donde casi todos los seres humanos han sido esclavizados por las máquinas y las inteligencias artificiales. Con las mentes conectadas a una realidad virtual donde pasan su vida cotidiana ignorando que son usadas por las máquinas para obtener energía.

La diferencia con el metaverso que se viene es que nosotros tendremos la capacidad de crear esos mundos donde queramos interactuar con otras personas y no serán creados por las máquinas para engañarnos. Es decir, estaremos conscientes de que no son mundos reales y que nuestro cuerpo verdadero se encuentra a salvo.

Al menos así lo promete Mark Zuckerberg, quien esta semana anunció el nuevo nombre de su servicio de realidad virtual: Horizon, el cual se centrará en la interacción digital dentro de un metaverso donde los usuarios pueden jugar, relacionarse, hacer ejercicio y hasta trabajar.

«Hablamos de una Internet corpórea: en lugar de mirar una pantalla, estaremos "dentro". Será más natural y vívido: las pantallas no pueden conectar la experiencia humana completa, no pueden brindar la idea de la presencia», dijo el dueño de Facebook y —su ahora compañía madre— Meta.

«Habrá avatares (representación gráfica del usuario): con eso nos vamos a representar en el metaverso. Vamos a vivir con imágenes representativas de nosotros. Será mucho más rico que las experiencias que tenemos hoy», añadió.

¿Cómo será logrado todo esto? Bueno, Morfeo nos diría que nadie puede decirnos cómo es, que debemos verlo por nosotros mismos. Y en este caso para verlo y experimentarlo deberemos contar con un visor de realidad virtual, similar —en primera instancia— al Oculus.

¿Gafas o vendas para no ver la realidad? Crédito: Oculus VR.

Metaverso es control

Apoyado por las brillantes ideas del filósofo francés Jean Baudrillard (Simulacro y Simulación), el equipo de dirección de los entonces hermanos Wachowski elaboró una narrativa que sirvió como una especie de advertencia contra los sistemas de control que utilizan la semiótica y los avatares para influir en nuestros patrones de pensamiento.

Jugar con otras personas del mundo tal como si estuviéramos cara a cara, será posible en el Metaverso. Crédito: Meta.

Y si bien aquellos profundamente involucrados en el espacio de la realidad aumentada (AR) y virtual (VR) perciben el surgimiento del metaverso real como un avance positivo en el aprovechamiento del poder de la computación, algunos han comenzado a hacer sonar las campanas de advertencia.

Privacidad, seguimiento (tanto la ubicación física como el seguimiento ocular), el acceso y la oportunidad de vigilarnos —como dice Zuckerberg— «desde dentro», son cuestiones a considerar. De hecho, el acaparamiento virtual de tierras ya ha comenzado, con Meta (Facebook) siendo la pionera de muchas otras compañías que seguramente vendrán antes de que muchos se hayan dado cuenta de lo que está sucediendo.

Y si el metaverso es control, el avance de la inteligencia artificial y las interfaces cerebro-computadora podrían poner ese control en manos que escapen a las capacidades humanas —tal como en Matrix, donde dicho control es ejercido por las máquinas de una manera tan eficaz como escalofriante—.

El auge de la hiperrealidad

Baudrillard sugiere que el mundo en el que vivimos ha sido reemplazado por un mundo copiado, donde buscamos nada más que estímulos simulados. Esto ha sido llamado hiperrealidad: un paradigma que explica, entre otras cosas, la condición cultural del occidente primermundista.

El consumismo, por su dependencia del valor de signo, es el factor contribuyente para la creación de la hiperrealidad. Ésta engaña a la conciencia hacia el desprendimiento de cualquier compromiso emocional verdadero, optando en cambio por la simulación artificial, e interminables reproducciones de apariencia fundamentalmente vacía. Esencialmente, la satisfacción y la felicidad se encuentran a través de la simulación e imitación de lo real, más que a través de la realidad misma.

La interacción en un lugar hiperreal como el propuesto metaverso, halla su analogía más precisa en un casino de Las Vegas, donde se brinda la sensación de estar atravesando un mundo de fantasía, donde todos contribuyen a la ilusión. La decoración no es auténtica, todo es una copia, y la experiencia en su conjunto se siente como un sueño. Lo que no es un sueño, por supuesto, es que el casino se queda con el dinero, y uno es más propenso a entregar ese dinero si uno no se da cuenta de lo que verdaderamente está pasando. En otras palabras, aunque intelectualmente uno entienda el funcionamiento de un casino, la propia conciencia cree que apostar dinero en el casino es parte del mundo «irreal». El interés de los decoradores es enfatizar la apariencia de fachada del conjunto, para aparentar que toda la experiencia es irreal.

Adicción a la ilusión

Si consideramos los últimos acontecimientos mundiales, en cierto modo, esto era —tal como el latiguillo del agente Smith— inevitable. La cuarentena por el COVID-19 hizo que todos se imaginaran un mundo así. Un mundo donde podemos ser las mejores versiones de nuestro yo imaginario sin salir de nuestras casas y hacer cosas que solo podemos imaginarnos haciendo.

Sin embargo, los efectos de este aislamiento prolongado también incrementaron la ansiedad, el insomnio y, sobre todo, las adicciones de las personas.

Teniendo esto en cuenta, que los seres humanos son tan propensos a la adicción en el actual mundo en el que desconectarse sigue siendo una opción, ¿qué nos sucedería cuando ese refugio sea imposible? Solo basta imaginar el nivel de adicción que tendríamos en un metaverso en el que la estimulación, el placer y la conexión social son multisensoriales, omnipresentes e inmediatos.

Lo que promete Horizon. Crédito: Meta.

La dismorfia, la ansiedad y la depresión serán igualmente omnipresentes y urgentes. En este punto, no hay tratamiento. No hay forma de detenerse y bajarse de este tren. Seríamos arrojados a este mundo desde el nacimiento sin la capacidad de reconocer su virtualidad y tomar la decisión intencional de desembarcar. La velocidad a la que ocurre la vida haría imposible optar por no participar.

Así que bienvenidos al metaverso. Literalmente estamos creado nuestra propia Matrix, de la que estaríamos esperando patéticamente que Morfeo viniera a llamar con una pastilla roja o azul (azul como el logo de Meta/Facebook) para salvarnos.

Referencias:

Por MysteryPlanet.com.ar.

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 3 comentarios
Comentarios
Oct 29, 2021
18:57
#1 HORACIO:

CADA VEZ ESTAMOS MAS LEJOS DE LA REALIDAD......HASTA LLEGAR A UN PUNTO QUE DUDEMOS QUE EXISTE..!

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Oct 31, 2021
10:02
#2 Virus C:

666 La gran mayoria de Homo/Sapiens ya es un Zombie, no ven lo vidente, ni captan lo claro, viven sin existencia, muriendo sin vivir mientras pierden lo infinito. AH pero en cambio de lo vanal hacen coronas, mientras dansan a la Cabra. Total no falta mucho, 8 años lo mas!... Feliz Halloweed Ojala No Maten muchos niños

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Nov 1, 2021
1:59
#3 HORACIO:

@Virus C: ya esta por salir el phone 666 un especial modelo dei a`pple superior al 13. viene con un autodesivo para pegartelo a la frente y si te lo tatuas tenes un 50% de descuento...;) nadie podra comprar ni vende sin el..jajajaa

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