Egipto, crisol de la civilización, tierra de pirámides, momias, jeroglíficos, dioses con cabezas de animales y poderosos reyes. Los estudiosos creían saber como había comenzado todo, pero estaban errados.

Hoy, arqueólogos de todo el mundo están explorando los desiertos más desolados de Egipto; cerniendo las arenas en busca de pistas y evadiendo a las criaturas más mortales del planeta con el fin de descubrir los orígenes de esta tierra mística y la identidad de sus primeros faraones. Y lo que están encontrando es toda una nueva dinastía y un misterioso rey desconocido. Su nombre inspiró una película de Hollywood: The Scorpion King (El Rey Escorpión). Pero los hechos acerca de su vida son más fascinantes que la ficción.

El rey Escorpión logró unificar el Alto Egipto, dando el primer paso para la unificación total.

El rey Escorpión logró unificar el Alto Egipto, dando el primer paso para la unificación total.

Tal vez el rey Escorpión fue responsable de la escritura, la religión, la guerra ritual y las construcciones monumentales, creaciones de una época que ignorábamos que existiera. La búsqueda del verdadero rey Escorpión es un viaje de 5.000 años hasta los orígenes de la civilización egipcia.

Egipto es una tierra tan antigua que ya era ancestral incluso en la época de la antigua Grecia y el Imperio Romano. Para el año cero y el nacimiento de Jesús, la civilización egipcia ya había quedado en el pasado.

El antiguo Egipto pasó a la historia tras la muerte de su última gran gobernante, la legendaria Cleopatra. La última reina tenía sólo 39 años cuando murió pero Egipto ya tenía más de 3.000 años de antigüedad.

Mucho se conoce acerca del fin de la civilización egipcia pero poco se sabe acerca de sus orígenes. ¿Cómo comenzó todo? Para saberlo se debe viajar al pasado, al año 3.500 a. C., es decir, antes de la historia escrita.

Las tribus nómadas merodeaban por las fértiles llanuras anegadas a lo largo del río Nilo. Durante decenas de miles de años sus campamentos temporales se convirtieron en aldeas y poblados. Los poblados crearon lealtades y rivalidades.

Al sur se hallaba el sofisticado Alto Reino, cuyo nombre se derivaba de su posición en relación a la corriente del Nilo. Su gobernante usaba la alargada corona blanca y pulposa del Alto Egipto. Al norte, donde el delta se abría hacia el mar Mediterráneo, se ubicaba su equivalente escasamente organizado, el Bajo Reino, controlado por el usuario de la singular corona roja.

Egipto, tal como lo conocemos —una tierra de pirámides, esfinges, momias y faraones— nace cuando el primer rey unifica los reinos Alto y Bajo. ¿Pero quién fue el primer monarca de Egipto? Irónicamente, esa pregunta inquietaba incluso a los antiguos egipcios. Éstos, para llevar el registro de sus gobernantes, llegaron a crear una lista. Llamada la “lista de reyes”, consistía en murales cuidadosamente labrados en paredes de templos. A medida que cada nuevo rey subía al trono agregaba su nombre a la lista escribiéndolo dentro de una figura oval destinada para tal efecto. Encima de cada nombre se halla el símbolo egipcio para la majestad, Horus, un halcón al que veneraban como un dios y de quien creían que era el padre del primer rey humano de Egipto. Estas listas de reyes representan una pista esencial para la búsqueda del primer monarca.

Luego de la conquista de Egipto por Alejandro Magno, éste utilizó la lista para ayudar a establecer una nueva dinastía de faraones griegos. Los reyes tolemáicos, de los cuales Cleopatra fue su último gobernante importante, llegaron a legitimar sus reinados como griegos al tallar sus nombres en la lista de reyes y a colocarse en el linaje de los grandes faraones egipcios. Sin embargo, los tolemáicos también la utilizaron como un calendario, una ventana al pasado. Por primera vez relataron la historia de Egipto en un lenguaje distinto al de los jeroglíficos. De hecho, fueron los griegos quienes llamaron a la escritura egipcia: “jeroglíficos”, que significa entalladuras sagradas.

La obra más importante escrita en griego acerca de Egipto consiste en los tres volúmenes de la “Egiptíaca”. En el siglo II a. C., unos de los reyes tolemáicos encargó a un sacerdote llamado Manetón una historia de Egipto. En esta tarea, Manetón pudo trazar treinta dinastías, remontándose hasta la primera que había sido fundada por un rey a quién dio el nombre de Menes. Él fue el primer rey de la primera dinastía.

Pero, ¿cuán fiable es? En la época en que escribía Manetón, la lista de reyes ya representaba una historia que abarcaba unos 3.000 años. Para colmo de males, sólo sabemos acerca de la traducción de la lista de reyes de Manetón gracias a otros estudiosos antiguos, la Egiptíaca original se había perdido.

Luego, tras el surgimiento de la Cristiandad, en el siglo IV d. C., la sagrada escritura egipcia fue prohibida por considerarse como culto al diablo y pronto fue olvidada. Durante más de mil años, la historia del antiguo Egipto y su primer rey siguió siendo un misterio. Entonces, en 1799, mientras las tropas de Napoleón saqueaban los tesoros de Egipto, un soldado francés descubrió una gran placa de piedra. Era la piedra Roseta. En la piedra había escrituras en 3 idiomas: griego, demótico y egipcio antiguo. El soldado supo de inmediato que había encontrado una pista importante para desentrañar el misterioso pasado de esta tierra mística. Napoleón ordenó hacer reproducciones y luego las envió a estudiosos en todo el mundo. Había comenzado la carrera para descifrar el código.

Veintitrés años después, utilizando una de las reproducciones de Napoleón, Jean-François Champollion, un lingüista francés que sabía leer griego y demótico, descifró los jeroglíficos. Curiosamente logró interpretar el código sin poner un pié en Egipto.

La piedra Roseta llevó a uno de los más grandes descubrimientos de todos los tiempos. La nueva habilidad para leer jeroglíficos abrió un nuevo mundo al pasado. Repentinamente, los estudiosos del siglo XIX y los buscadores de tesoros podían leer por igual las fuentes egipcias originales. Se redescubrió al rey Menes como el faraón inicial de la primera dinastía, pero pronto hubo nuevas dudas…

Los fundadores de Egipto

Frente de la paleta de Narmer.

En 1898, dos jóvenes egiptólogos desenterraron una bandeja ceremonial de maquillaje que literalmente cambió el rostro de la historia egipcia. Fue uno de los descubrimientos más importantes del antiguo Egipto. Se le llama la “paleta de Narmer” en honor a la figura central en la paleta: el rey Narmer. No obstante, hay un problema: éste no aparece en la lista de reyes. Sin embargo, el simbolismo en la paleta sugiere que Narmer pudo ser el responsable de unificar el Alto y el Bajo Egipto; eso lo convertiría en el rey inicial de la primera dinastía.

A un lado, el barbado rey Narmer porta la corona emplumada del Bajo Egipto mientras inspecciona una hilera de prisioneros decapitados; al otro lado porta la corona redondeada del Alto Egipto y blande una maza sobre un cautivo de rodillas. Entonces, ¿fue Narmer —un rey que no aparece en la lista de reyes— quién conquistó tanto el Alto como el Bajo Egipto? El simbolismo de la paleta de Narmer fue suficiente para convencer a los primeros egiptólogos que fue el rey Narmer, y no Menes, el fundador del Egipto faraónico.

Esta paleta dio pie a una cascada de preguntas. ¿Estaba errada la lista de reyes? ¿Habían olvidado sus propios orígenes los egipcios que la tallaron? ¿Hubo otros reyes antes de la época de Narmer? Irónicamente el objeto que podía contener las respuestas fue descubierto al mismo tiempo que la paleta de Narmer a escasos 10 metros de distancia. En él, un hombre no identificado observa la imagen de un escorpión. Sólo ahora, más de 100 años después de su descubrimiento, es cuando los egiptólogos comienzan a descubrir esta misteriosa figura.

El singular objeto con la imagen de un hombre y un escorpión es una enorme maza ritual. La maza o cetro de batalla es uno de los símbolos más viejos del poder real en el antiguo Egipto. En el transcurso de 3.000 años de historia egipcia sus reyes son representados destrozando los cráneos de sus enemigos con ellas; las que eran utilizadas en combates eran del tamaño de una pelota de béisbol pero las rituales podían ser del tamaño de balones de baloncesto y pesar unos 10 kg. La maza ceremonial con la imagen del hombre y el escorpión es la más antigua jamás encontrada.

Maza ceremonial del rey Escorpión.

El hombre en la maza es la imagen más antigua de un rey que lleva la corona blanca. Otra imagen ancestral es la de un rey que lleva agua a la tierra; se tornó en un símbolo de llevar riqueza a los pueblos en los territorios del Egipto faraónico. Colgando de la falda del rey se halla otro símbolo faraónico, la cola del toro, que representa la virilidad y poder del faraón. En la parte superior de la maza se hallan unas avefrías que cuelgan de pértigas. Estas pértigas representan diversas regiones del Alto Egipto; las avefrías representan símbolos de los pueblos conquistados.

Detalles de la maza ceremonial que se muestra arriba.

En base a la iconografía, el tamaño de la figura, las actividades, la gente que lo rodea, y sobre todo en base a su corona, no cabe duda que este es un rey del Alto Egipto. Las claves de su identidad son las figuras que tiene delante: el rosetón y el escorpión. La lectura que damos a esto es: rey Escorpión.

¿Quién era el rey Escorpión? ¿Por qué solo después de 5.000 años estamos comenzando a hablar de él? Al principio algunos egiptólogos se negaban a creer que fuera real. Interpretaban el simbolismo como la evidencia de un dios mítico, después de todo hay una tradición de la religión egipcia que combina características de animales y humanos. No obstante, los reyes también se identificaban con animales importantes. Uno de los símbolos por excelencia del antiguo Egipto es la esfinge, una imagen del faraón como un león poderoso.

Su mortal picadura, la velocidad de su ataque y su habilidad para sobrevivir en condiciones extremas son las características naturales del escorpión. En base a la antigua tradición egipcia que combinaba animales y humanos, este rey Escorpión bien podría ser un dios mitológico o un rey de verdad. ¿Una deidad egipcia o un hombre de carne y hueso? Una manera de demostrar que fue real era encontrar su tumba, pero ¿dónde en los vastos desiertos de Egipto podía comenzarse a buscar una sepultura de 5.000 años de antigüedad que tal vez ni siquiera existía?

La tumba de los “Horus”

La moderna Abidos, ubicada a 500 km. al sur de El Cairo, pocos visitantes podrían creer que el remoto poblado actual fuera una vez la ciudad más importante del antiguo Egipto. Sin embargo, en las afueras del poblado, varias expediciones internacionales trabajan para desenterrar evidencias de los primeros gobernantes de Egipto; entre ellos se encuentra el equipo del instituto arqueológico alemán, liderado por Günter Dreyer.

Limitada a un lado por las apacibles aguas del río Nilo y al otro por los imponentes riscos del desierto, Abidos, la necrópolis egipcia, parece ser poco más que unas ruinas barridas por las arenas del implacable Sahara. Esta área fue una vez una fértil llanura, y hoy los egiptólogos están descubriendo un registro de ocupación humana que se remonta más allá del año 4000 a.C.

Abidos era antigua incluso para los primeros egipcios, quienes, tal como hoy, cernían las arenas en busca de evidencias de los reyes fundadores y los restos de dioses ancestrales. Una vez, fue el lugar más sagrado. Los egipcios suponían que Osiris, dios de los muertos, había sido enterrado allí. Según la mitología, él había sido rey de Egipto así que era natural pensar que lo hubieran enterrado en la “Ciudad de los Muertos”. Ellos llevaron a cabo grandes excavaciones a fin de encontrar su tumba. Cuando pensaron que la habían hallado fundaron un templo al que todo egipcio piadoso rendía culto. Miles de vasijas fueron halladas en la actualidad en este sitio, vasijas que representan ofrendas de buen vino o de aceite importado llevadas a este dios.

Las vasijas rotas se hallan sobre los restos de una elaborada ciudad-templo enterrada desde hace largo tiempo por las arenas del desierto. Pese a eso, un gran monumento aún se erige sobre el desolado paisaje: un templo dedicado a Osiris, el dios del otro mundo y padre del primer rey mitológico egipcio: Horus, el halcón. El templo consiste en más de una docena de santuarios y ermitas. Los murales celebran la conexión real y terrenal con los fundadores mitológicos de Egipto, entre ellos el mito de Osiris, Isis y su hijo Horus.

Curiosamente, la búsqueda de tesoros y dioses mitológicos llevó posteriormente a los arqueólogos a descubrir a los primeros reyes verdaderos. Una de las primeras excavaciones en Abidos se realizó en 1895, excavaron cerca de 160 tumbas en cuatro días, alegaron haber encontrado la verdadera tumba de Osiris, mostraron un cráneo que al parecer era la cabeza del dios y luego se marcharon. Después, un inglés, Sir Flinders Petrie, entró en escena. Aunque rechazaba la idea de que Osiris estuviera sepultado allí, sospechaba que Abidos tal vez contenía las tumbas de los primeros reyes de Egipto. Pero ¿cómo demostrarlo?

Tumba del rey Escorpión.

Petrie pensó que la riqueza de las vasijas podía constituir una pista. Éste utilizó el tipo de vasijas que se usaban en el Egipto prehistórico como herramienta para crear una cronología relativa para este período que carece de registros escritos. Al observar la ocurrencia de los diferentes tipos de vasijas en los diferentes grupos de tumbas, pudo establecer una secuencia de desarrollo del arte de las vasijas. Luego dividió este desarrollo en 49 etapas numeradas. Petrie fue el primer egiptólogo en asociar la evidencia material, los objetos mortuorios de alfarería y las tumbas mismas a la lista de reyes egipcios. Comparando su cronología de las vasijas a la lista de los antiguos reyes, confirmó que éstos eran los cementerios de los monarcas de la primera dinastía e incluso aún más antiguos, los anteriores a la lista de reyes.

En un área de Abidos previamente ignorada, Günter Dreyer prácticamente sigue los pasos dejados atrás por Flinders Petrie. Este arqueólogo alemán está en busca de las tumbas de los reyes anteriores a la primera dinastía, las tumbas de la dinastía cero. Mientras el equipo de Dreyer inspecciona el área repleta de vasijas, descubren depresiones en la tierra que a menudo indican la existencia de tumbas subterráneas. Según la cifra de tumbas y sus dimensiones, el equipo prevé un hallazgo significativo.

Empiezan a excavar y pronto, justo debajo del desierto, el equipo encuentra la primera pared de ladrillos de lodo. Al tiempo que despejan la arena pueden ver que la pared era parte de una gran cámara subterránea. Y así, continúan desenterrando más ladrillos, más paredes y más, hasta llegar a doce recámaras en total. Ésta no es una tumba ordinaria; se trata de la mayor tumba predinástica jamás encontrada. De hecho, es comparable en tamaño a algunas de las tumbas de los reyes de la primera dinastía. En fin, ¿de quién es la tumba?…

Por desgracia, probablemente en tiempos antiguos, la sepultura fue despojada de su elemento más valioso, la momia estaba ausente. Los pocos artefactos restantes son transportados a la oficina principal de la misión alemana en Abidos, donde Dreyer y su equipo examinaron la evidencia.

La recámara más grande contenía rastros de una capilla de madera. Casi todas estaban interconectadas entre sí por medio de ranuras, o especies de prototipos de puertas. Una estructura de la tumba formada por nueve recámaras, piensa Dreyer, es el modelo de algún palacio. En algunas de las salas se encontraron abundantes vasijas egipcias e importadas. Éstas indican que ya existían ciertas rutas de comercio internacional. Cientos de jarros importados deben significar que la tumba le pertenece a alguien de gran riqueza y poder.

En este lugar también se encontraron muchos objetos de marfil, entre ellos adornos y juegos. Uno de los objetos de marfil de un juego similar a los dados es igual a una pieza encontrada en la tumba del rey Tutankhamón, sepultado 2.000 años después.

Luego se encuentra el símbolo supremo del poder real. Dentro de la recámara más grande se halló un cetro de marfil, símbolo del poder faraónico. Esto nos dice que se trata sin duda de una tumba real. Mediante el método del carbono 14 se ha determinado que este cetro es el más antiguo hallado en todo Egipto. Ahora, ¿cuál es el nombre de este misterioso rey?… La respuesta se halla en las inscripciones halladas en las vasijas y objetos de la tumba, de las cuales las más notables son las que muestran a un escorpión. En base a estas inscripciones se pudo concluir finalmente que pertenece a un gobernante cuyo nombre fue: Escorpión.

Era real, existió un rey Escorpión. Ningún dios mitológico tiene una tumba terrenal. El descubrimiento de su tumba es la prueba evidente de que gobernó el Alto Egipto como un rey de verdad hace más de 5.000 años. Sin embargo, es un rey anterior a la edad de los monarcas y su descubrimiento establece una nueva dinastía: la dinastía cero. ¿Quién era el rey Escorpión? ¿Qué papel desempeñó en la creación del antiguo Egipto?

Las innovaciones de Escorpión

Las prácticas mortuorias reflejadas en la tumba del rey Escorpión plantaron la semilla para las sepulturas de todos los faraones del resto de la historia egipcia. Escorpión fue el primero que comenzó con la práctica dinástica. Su tumba fue construida hace más de 5.000 años, y él decidió hacerla replicar la forma de su palacio. En cierto modo, creaba una casa para su alma, que sería eterna.

Aunque sencilla en su estructura es fácil ver como, por primera vez, la tumba del rey Escorpión constituyó un plan arquitectónico para alcanzar la vida eterna. Fue modelada de acuerdo al palacio donde él vivió y, tras su muerte, su cuerpo fue colocado en ella. Una vez terminada, fue cubierta de arena en la forma del montículo primitivo, del cual, según la religión egipcia, el mundo fue creado. Además de su importancia espiritual, la sepultura también fue diseñada para proporcionarle al rey todos los bienes materiales que necesitaría en la vida eterna.

Cada generación de reyes extendió este concepto y diseño básico y, a lo largo de los siglos, las tumbas reales se trasformaron en pirámides.

Lo que Günter Dreyer y su equipo hallaron en el suelo de la tumba cabe perfectamente en una caja de zapatos. Aunque pequeño en tamaño, su importancia es extraordinaria. Lo que encontraron fueron pequeñas fichas de hueso y marfil del tamaño de estampillas, 160 en total. Cada una fue tallada con sencillas figuras: árboles, aves, serpientes, elefantes, etc. A primera vista, las imágenes parecen dibujos primitivos similares a los encontrados en cuevas y vasijas prehistóricas. En las pinturas rupestres una imagen es lo que es, una imagen de un ave significa ave; pero estas fichas pueden significar algo más.

La primera pista que Dreyer notó fue que muchas de ellas contenían más de una imagen, algo muy complejo para tan primitivas entalladuras. Primero intentó interpretar las fichas como grupos de dibujos, pero eso no tenía ningún sentido. Entonces, se preguntó ¿ y sí estas imágenes no fueran sólo dibujos sino más bien símbolos? En tal caso, eso haría de las fichas del rey Escorpión la forma de escritura conocida más antigua.

Las fichas fueron sometidas a la prueba de radiocarbono y los resultados fueron asombrosos, éstas datan del año 3250 a. C., más de 200 años antes de la que se piensa fue la época de los orígenes de la escritura. Así, se refutaría por completo la teoría de que la escritura surgió en Mesopotamia hacia el 3000 a. C. Significaría que la escritura egipcia se originó independientemente de la de Mesopotamia. El descubrimiento implicaría que la escritura, tal vez la invención más importante de todos los tiempos, fue creada primero en Egipto.

¿Cómo demostrar que las fichas son símbolos de escritura? Para ser considerado un verdadero sistema de escritura cada figura debe significar más de lo que representa. Utilizando los jeroglíficos egipcios como una guía, se leen las fichas. Por ejemplo, en una de ellas se muestra un elefante sobre unas montañas; si a esto le asignamos un valor fonético de un jeroglífico similar: el elefante representa el sonido “Ab” y las montañas el sonido “Yu”. Al juntar las sílabas obtenemos “Ab-Yu”, que es el nombre de Abidos. Se demostró que sucede lo mismo las demás fichas, cada una representa un lugar o ciudad. De manera que podemos leer los rótulos como escritura jeroglífica temprana.

Las fichas de la tumba del rey Escorpión demuestran que los jeroglíficos egipcios constituyen un sistema de escritura completo anterior a los caracteres cuneiformes de Mesopotamia. La falta de evidencia de un sistema previo a la época del rey Escorpión sugieren que el sistema de escritura no evolucionó; ya que al parecer ésta surgió de pronto en la época de Escorpión, tal vez fue una invención cuya creación había sido ordenada.

El rey notó que necesitaba un sistema de escritura para el cobro de impuestos, así que ordenó a su corte crear uno, y así lo hicieron. Eso es lo que parece, no fue un desarrollo lento sino algo que se inventó casi de un día para el otro.

Tal vez sea aventurado afirmar que fue el rey Escorpión quien ordenó la invención de la escritura, pero obviamente las fichas en su tumba demuestran que éste entendía la necesidad de la escritura y tenía el poder para utilizarla.

La lectura de las fichas y su contexto arqueológico representan una pista del modo de uso de las mismas. Dreyer las descubrió en el suelo de la tumba, y ya que muchas de ellas presentan pequeños agujeros, piensa que estaban fijadas a cajas de madera, rollos de lino y vasijas de aceite que eran entregadas en pago al rey por las ciudades que gobernaba. En esencia, las fichas son recibos de impuestos pagados.

En las manos del rey Escorpión, la escritura se convirtió en una herramienta para acumular riqueza y poder; pero con la riqueza y el poder surgen las rivalidades. Entonces, debió utilizar el poderío militar para proteger su reino y colocar las bases para la unificación de todo Egipto.

Conquista y poder

¿Cómo conquistó el rey Escorpión el Alto Egipto? La respuesta se halla a lo largo del curso natural del Nilo, en un área donde el río gira dramáticamente al este para adaptarse al implacable desierto occidental. Conocido como el Meandro de Qena, este lugar fue una vez un importante centro de actividad del mundo antiguo.

El egiptólogo, John Darnell, de la Universidad Yale, exploró el área durante más de una década. Gracias a esto pudo revelar un documento único en la historia, el cual puede desentrañar los misterios del ascenso del rey Escorpión al poder y también resultar ser el documento histórico más antiguo de Egipto y posiblemente del mundo.

En una de las mayores rutas antiguas que conectaba la curva de Qena con el desierto del oeste, en un lugar muy estratégico en medio de la curva, entre Hierakonpolis en el sur y Abidos en el norte, Darnell hizo un gran descubrimiento en el llamado Gebel Tjauti: un retablo protodinástico sumamente elaborado que llamó “el retablo del escorpión”. Éste representa un evento histórico específico, y esta ordenado de un modo muy interesante. En la abertura, se muestra un halcón de cuerpo triangular encima de un escorpión. Esto resulta notable puesto que parece ser la primera vez que se usa el nombre de Horus como título de la realeza. Al parecer, se nos dice que el autor de estos eventos es un hombre llamado Escorpión, o Horus Escorpión, para ser más exactos.

Reproducción del retablo del escorpión.

El nombre de Horus, como el término romano César, es otra palabra para rey. El título identifica al rey Escorpión con Horus, el dios halcón, la deidad protectora de los reyes egipcios. El título de Horus siguió siendo utilizado por todos los monarcas egipcios durante los 3.000 años siguientes. Es de destacar que el rey Escorpión fue el primer monarca en la historia egipcia en utilizar este título.

En el retablo también se observa una procesión religiosa, esto se sabe por el emblema que muestra a un hombre que lleva algo que parece ser una tela que lo envuelve. Es probable que sea una suerte de oficiante con una larga vara. Esta misma figura religiosa, una especie de sacerdote, se puede encontrar en muchos artefactos importantes de la antigua historia egipcia, incluso en la paleta de Narmer.

Detrás del sacerdote hay otros elementos familiares. A éste lo siguen dos grupos separados, lo cual resulta tan notable como el uso del título de Horus, porque lo que se observa es un prisionero de cabellera salvaje atado de brazos por una cuerda que sostiene en su mano una enorme figura que vemos en la extrema izquierda del retablo. En su otra mano, este hombre sostiene algo que tiene toda la apariencia de una maza. Es una maza en forma de pera que usa para golpear al prisionero en la cabeza. El cautivo, por su parte, pareciera llevar un rótulo, detrás de él vemos una cabeza de toro que parece estar clavada sobre un poste vertical. Nos sugiere que el nombre o emblema totémico del cautivo podría ser Cabeza de Toro.

Darnell piensa que tal vez la cabeza de toro en una vara sea el nombre del rey de Naqada, una antigua ciudad rival ubicada junto al Nilo entre Hierakonpolis y Abidos. Aunque primitivo en esencia, el retablo del escorpión representa una imagen vital de poder: el rey blande la muy importante maza sobre un cautivo. Destinada a convertirse en prototipo para los reyes posteriores, esta misma escena apareció en artefactos y paredes de templos durante el resto de la historia egipcia. Sin embargo, el grabado en la escena del escorpión es la imagen de violencia más antigua que puede asociarse a un suceso histórico específico. El significado está claro, el evento en su totalidad lleva un rótulo protojeroglífico, un ave con una serpiente en el pico. Este rótulo significa victoria.

La escena del escorpión, aunque primitiva, pudo ser la inspiración para la paleta de Narmer tallada 200 años después. Sus temas centrales son idénticos: el rey victorioso destroza la cabeza de su rival y lo celebra con una procesión.

La mayoría de los egiptólogos piensan que las imágenes en la paleta de Narmer representan un suceso histórico real. ¿Será el mismo caso con el retablo del escorpión? Muchos piensan que sí. En esta escena tenemos un evento histórico real que simboliza la victoria de Horus Escorpión sobre las fuerzas de Naqada. Esta victoria en sí, al igual que la procesión subsiguiente que nos lleva de regreso a Abidos, parece haber ocurrido en Gebel Tjauti.

El unificador

El lugar de nacimiento del rey Escorpión aún no ha sido precisado, aunque muchas pistas apuntan a que puede haber nacido en Hierakonpolis. Entre ellas se encuentran palacios con arquitecturas similares a la tumba de Escorpión, templos en donde aparece la figura de este arácnido y por supuesto el que la maza ceremonial del rey Escorpión también halla sido encontrada allí.

Con vínculos a Hierakonpolis y Abidos, el rey Escorpión habría sido el hombre ideal en el momento correcto para liderar una fuerza unida contra los ejércitos de Naqada. Habría sido una batalla para controlar valiosas rutas comerciales y riquezas terrenales. También sería una verdadera batalla cósmica entre dioses. Hierakonpolis y Abidos comparten a la deidad Horus, el dios halcón que se deriva de Osiris; la deidad protectora de Naqada es Seth, el dios del caos y enemigo de Osiris. Lo que se preparaba era una confrontación clásica entre las fuerzas del orden y las fuerzas del caos. Hay algo cierto, quienquiera que ganase la batalla controlaría la riqueza y el poder del Alto Egipto.

Es el año 3250 a.C. y es el rey Escorpión quién ejecuta una estrategia para derrotar Naqada. Pero ¿cuál es la estrategia? En base a la topografía de Gebel Tjauti, este remoto fortín en el desierto, y el hecho que la escena del escorpión se ubica allí, John Darnell dice que el rey Escorpión lanzó un rápido ataque comenzando en ese lugar.

Mapa protodinástico de Egipto.

Al atacar Naqada por el desierto, es casi seguro que el rey tuviera intenciones de hacer uso del elemento sorpresa. Naqada tenía un gran ejército en el valle del Nilo y es posible que esperaran que, si Abidos atacaba, Escorpión entrara por el Nilo. Sin embargo, él no se acercó a Naqada por el río. En cambio, lideró a sus tropas en ruta al desierto y luego se ocultó detrás de Gebel Tjauti. El Gebel o montaña era uno de los pocos lugares donde las tropas podían ascender o descender desde la alta meseta del desierto. Esta inusual zona es conocida como “el pasaje estrecho”. Fue detrás de este pasaje donde el rey Escorpión esperó con su ejército. Desde allí lanzó su ataque por la parte posterior de Naqada, entrando por el desierto. Es probable que supiera que el enemigo preparaba un puesto de avanzada en el desierto, al oeste de la ciudad. Escorpión tuvo la capacidad de atacar a través del desierto y evitar cualquier contacto con las fuerzas del valle del Nilo de Naqada. Al elegir el camino de Gebel Tjauti, logra salir al sur del puesto de avanzada del enemigo y luego avanza hacia el norte donde el ejército de Abidos aislaría las fuerzas de Naqada del Nilo de las de avanzada. Así lograrían una victoria rápida y no muy sangrienta.

La conquista de Naqada por parte del rey Escorpión fue un suceso decisivo. Era la primera vez que todo el Alto Egipto sería gobernado por un solo monarca. Para celebrarlo, Escorpión traslado al gobernante capturado de Naqada hacia Abidos y aprovechó la ocasión para ordenar la entalladura de la escena del escorpión. Al tallar la escena pudo también haber inventado la historia.

La escena del escorpión tiene tanta importancia como la paleta de Narmer para aumentar nuestros conocimientos acerca de la unificación de Egipto. Los egiptólogos han pensado por mucho tiempo que Narmer logró la unificación con una gran batalla. Las nuevas evidencias sugieren que el proceso comenzó mucho antes. La entalladura establece la victoria del rey Escorpión sobre Naqada como el primer paso conocido hacia la unificación del Alto y Bajo Egipto.

El rey Escorpión llegaría a dominar un opulento reino, llevaría las rutas comerciales tan lejos como Afganistán, utilizaría la escritura para llevar el control de sus riquezas y el arte para celebrar su poder y el poder de sus dioses. Construiría palacios y templos para la vida terrenal y tumbas para la vida eterna. Como se muestra en su maza ceremonial, llevaría el agua a la tierra y riqueza a su pueblo. Fue el rey Escorpión quien colocó las bases de una de las más grandes civilizaciones que el mundo haya conocido.

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 1 comentario
Comentarios
Ago 1, 2020
14:51
#1 César:

Me ha encantado la lectura, muy buena

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