Egipto, crisol de la civilización, tierra de pirámides, momias, jeroglíficos, dioses con cabezas de animales y poderosos reyes. Los estudiosos creían saber como había comenzado todo, pero estaban errados.

Hoy, arqueólogos de todo el mundo están explorando los desiertos más desolados de Egipto; cerniendo las arenas en busca de pistas y evadiendo a las criaturas más mortales del planeta con el fin de descubrir los orígenes de esta tierra mística y la identidad de sus primeros faraones. Y lo que están encontrando es toda una nueva dinastía y un misterioso rey desconocido. Su nombre inspiró una película de Hollywood: The Scorpion King (El Rey Escorpión). Pero los hechos acerca de su vida son más fascinantes que la ficción.

El rey Escorpión logró unificar el Alto Egipto, dando el primer paso para la unificación total.

El rey Escorpión logró unificar el Alto Egipto, dando el primer paso para la unificación total.

Tal vez el rey Escorpión fue responsable de la escritura, la religión, la guerra ritual y las construcciones monumentales, creaciones de una época que ignorábamos que existiera. La búsqueda del verdadero rey Escorpión es un viaje de 5.000 años hasta los orígenes de la civilización egipcia.

Egipto es una tierra tan antigua que ya era ancestral incluso en la época de la antigua Grecia y el Imperio Romano. Para el año cero y el nacimiento de Jesús, la civilización egipcia ya había quedado en el pasado.

El antiguo Egipto pasó a la historia tras la muerte de su última gran gobernante, la legendaria Cleopatra. La última reina tenía sólo 39 años cuando murió pero Egipto ya tenía más de 3.000 años de antigüedad.

Mucho se conoce acerca del fin de la civilización egipcia pero poco se sabe acerca de sus orígenes. ¿Cómo comenzó todo? Para saberlo se debe viajar al pasado, al año 3.500 a. C., es decir, antes de la historia escrita.

Las tribus nómadas merodeaban por las fértiles llanuras anegadas a lo largo del río Nilo. Durante decenas de miles de años sus campamentos temporales se convirtieron en aldeas y poblados. Los poblados crearon lealtades y rivalidades.

Al sur se hallaba el sofisticado Alto Reino, cuyo nombre se derivaba de su posición en relación a la corriente del Nilo. Su gobernante usaba la alargada corona blanca y pulposa del Alto Egipto. Al norte, donde el delta se abría hacia el mar Mediterráneo, se ubicaba su equivalente escasamente organizado, el Bajo Reino, controlado por el usuario de la singular corona roja.

Egipto, tal como lo conocemos —una tierra de pirámides, esfinges, momias y faraones— nace cuando el primer rey unifica los reinos Alto y Bajo. ¿Pero quién fue el primer monarca de Egipto? Irónicamente, esa pregunta inquietaba incluso a los antiguos egipcios. Éstos, para llevar el registro de sus gobernantes, llegaron a crear una lista. Llamada la “lista de reyes”, consistía en murales cuidadosamente labrados en paredes de templos. A medida que cada nuevo rey subía al trono agregaba su nombre a la lista escribiéndolo dentro de una figura oval destinada para tal efecto. Encima de cada nombre se halla el símbolo egipcio para la majestad, Horus, un halcón al que veneraban como un dios y de quien creían que era el padre del primer rey humano de Egipto. Estas listas de reyes representan una pista esencial para la búsqueda del primer monarca.

Luego de la conquista de Egipto por Alejandro Magno, éste utilizó la lista para ayudar a establecer una nueva dinastía de faraones griegos. Los reyes tolemáicos, de los cuales Cleopatra fue su último gobernante importante, llegaron a legitimar sus reinados como griegos al tallar sus nombres en la lista de reyes y a colocarse en el linaje de los grandes faraones egipcios. Sin embargo, los tolemáicos también la utilizaron como un calendario, una ventana al pasado. Por primera vez relataron la historia de Egipto en un lenguaje distinto al de los jeroglíficos. De hecho, fueron los griegos quienes llamaron a la escritura egipcia: “jeroglíficos”, que significa entalladuras sagradas.

La obra más importante escrita en griego acerca de Egipto consiste en los tres volúmenes de la “Egiptíaca”. En el siglo II a. C., unos de los reyes tolemáicos encargó a un sacerdote llamado Manetón una historia de Egipto. En esta tarea, Manetón pudo trazar treinta dinastías, remontándose hasta la primera que había sido fundada por un rey a quién dio el nombre de Menes. Él fue el primer rey de la primera dinastía.

Pero, ¿cuán fiable es? En la época en que escribía Manetón, la lista de reyes ya representaba una historia que abarcaba unos 3.000 años. Para colmo de males, sólo sabemos acerca de la traducción de la lista de reyes de Manetón gracias a otros estudiosos antiguos, la Egiptíaca original se había perdido.

Luego, tras el surgimiento de la Cristiandad, en el siglo IV d. C., la sagrada escritura egipcia fue prohibida por considerarse como culto al diablo y pronto fue olvidada. Durante más de mil años, la historia del antiguo Egipto y su primer rey siguió siendo un misterio. Entonces, en 1799, mientras las tropas de Napoleón saqueaban los tesoros de Egipto, un soldado francés descubrió una gran placa de piedra. Era la piedra Roseta. En la piedra había escrituras en 3 idiomas: griego, demótico y egipcio antiguo. El soldado supo de inmediato que había encontrado una pista importante para desentrañar el misterioso pasado de esta tierra mística. Napoleón ordenó hacer reproducciones y luego las envió a estudiosos en todo el mundo. Había comenzado la carrera para descifrar el código.

Veintitrés años después, utilizando una de las reproducciones de Napoleón, Jean-François Champollion, un lingüista francés que sabía leer griego y demótico, descifró los jeroglíficos. Curiosamente logró interpretar el código sin poner un pié en Egipto.

La piedra Roseta llevó a uno de los más grandes descubrimientos de todos los tiempos. La nueva habilidad para leer jeroglíficos abrió un nuevo mundo al pasado. Repentinamente, los estudiosos del siglo XIX y los buscadores de tesoros podían leer por igual las fuentes egipcias originales. Se redescubrió al rey Menes como el faraón inicial de la primera dinastía, pero pronto hubo nuevas dudas…

Los fundadores de Egipto

Frente de la paleta de Narmer.

En 1898, dos jóvenes egiptólogos desenterraron una bandeja ceremonial de maquillaje que literalmente cambió el rostro de la historia egipcia. Fue uno de los descubrimientos más importantes del antiguo Egipto. Se le llama la “paleta de Narmer” en honor a la figura central en la paleta: el rey Narmer. No obstante, hay un problema: éste no aparece en la lista de reyes. Sin embargo, el simbolismo en la paleta sugiere que Narmer pudo ser el responsable de unificar el Alto y el Bajo Egipto; eso lo convertiría en el rey inicial de la primera dinastía.

A un lado, el barbado rey Narmer porta la corona emplumada del Bajo Egipto mientras inspecciona una hilera de prisioneros decapitados; al otro lado porta la corona redondeada del Alto Egipto y blande una maza sobre un cautivo de rodillas. Entonces, ¿fue Narmer —un rey que no aparece en la lista de reyes— quién conquistó tanto el Alto como el Bajo Egipto? El simbolismo de la paleta de Narmer fue suficiente para convencer a los primeros egiptólogos que fue el rey Narmer, y no Menes, el fundador del Egipto faraónico.

Esta paleta dio pie a una cascada de preguntas. ¿Estaba errada la lista de reyes? ¿Habían olvidado sus propios orígenes los egipcios que la tallaron? ¿Hubo otros reyes antes de la época de Narmer? Irónicamente el objeto que podía contener las respuestas fue descubierto al mismo tiempo que la paleta de Narmer a escasos 10 metros de distancia. En él, un hombre no identificado observa la imagen de un escorpión. Sólo ahora, más de 100 años después de su descubrimiento, es cuando los egiptólogos comienzan a descubrir esta misteriosa figura.

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