El investigador Antonio Las Heras responde la pregunta y agrega un interesante punto de vista psicosocial.

Crédito: Nikolay N.

Este 24 de junio se cumple un nuevo aniversario de cuando, en 1947, un aviador civil afirmó —por primera vez— haber visto surcando los cielos estadounidenses un conjunto de objetos desconocidos a los que describió como flying saucers —lo que fue traducido al castellano con la denominación de ‘platos voladores’—. A partir de allí la expresión se hará tan popular que recorrerá los periódicos, radios, televisión, teatro y cine.

La razón de este auge estuvo motivada en que, para el imaginario popular, estos platos voladores no podían ser otra cosa que vehículos enviados por entidades inteligentes nacidas en otros mundos.

Quien hizo aquel anuncio sorprendente que, de inmediato, fue difundido por Associated Press fue Kenneth Arnold. El piloto civil afirmó que durante ese 24 de junio de 1947, en pleno día —encontrándose en vuelo cerca del monte Rainier (Washington) a bordo de un Call Air A 2— avistó nueve objetos inusuales desplazándose de manera errática. Los describió «como la cola de una cometa china; sumamente brillantes por el reflejo de la luz solar».

Retrato del piloto estadounidense Kenneth Arnold (1915-84), tomado por fotógrafo del Idaho Daily Statesman en su casa de Boise, Idaho. Fuente: Idaho Daily Statesman (28 de junio de 1947).

Es, como mínimo, curioso que al mes siguiente del mismo año haya ocurrido otro suceso —vinculado a supuestas presencias extrahumanas— también en los EE.UU.; el cual tomó estado público cuando los diarios lo publicaron en primera página. Nos referimos a lo que ya se conoce de manera popular en todo Occidente como «Incidente Roswell».

Aquí ya no se trata de un avistamiento sino que un vehículo tripulado y construido en algún otro lugar del universo se había estrellado en un rancho cerca de la localidad de Roswell, estado de Nuevo México. Hasta se llegó a afirmar que la Fuerza Aérea norteamericana había extraído de entre los restos del siniestro el cadáver de un alienígena. Tanta ha sido la difusión que, a nivel mundial aún hoy sigue teniendo el caso, que el principal ingreso de los habitantes de Roswell es el turismo ocasionado por el permanente flujo de visitantes interesados en descubrir algo nuevo —y también concreto— sobre el controvertido tema.

Pie de foto de la primera página del número de East Oregonian del 25 de junio de 1947, con el primer artículo de periódico sobre platillos voladores.

No se puede dudar que fueron estos dos hechos los que dieron nacimiento a la llamada investigación ovni (OVNI es la abreviatura de objeto volador no identificado, surgido el inglés UFO, Unidentified Flying Object, expresión que comenzó a ser familiar hacia la década del setenta).

La vertiente psicosocial

El sabio suizo Carl Gustav Jung ya hubo señalado, a fines de los cincuenta, que un asunto tan difundido no puede considerarse algo insignificante y gratuito. Por ello indicó que había que analizarlo desde la moderna Psicología de lo Inconsciente y —más todavía— desde su creación: la Psicología de los Arquetipos.

Nosotros, hoy, pensamos que no estaba equivocado. Y que el tema tiene para ser investigado desde una perspectiva psicosocial.

Alcanza con comenzar señalando que estos dos hechos —de naturaleza extraordinaria— ocurren a poco menos de dos años de concluida la Segunda Guerra Mundial y se dan en territorio de una de las potencias triunfantes. En plena Guerra Fría. Tiempo en que las tensiones sociocivilizatorias alcanzaban inusitada intensidad por el peligro, por entonces muy justificado, a que se desatara una contienda con uso de armas atómicas que, de acontecer, llevarían a una rápida extinción de la Humanidad… y, probablemente, de toda forma de vida en la Tierra.

Algunos ufólogos sostienen que el uso de bombas atómicas en la década de los 1940 fue una tecnofirma que atrajo la atención de extraterrestres que nos estarían vigilando de cerca; de allí el incremento de la actividad y las oleadas ovni de la época.

Semejante tensión consciente e inconsciente personal y social cotidiana requería —en busca de algún mínimo alivio— algunas vías de escape. Las religiones tradicionales ya no parecían servir para eso. El vuelco al orientalismo tanto como lo que generó el movimiento hippie, el amor libre, el hiperdesarrollo del rock and roll son algunas de esas manifestaciones. Pero más tardías. La primera que encontramos es la de los visitantes extraterrestres. Y el convencimiento —en muchos, aún hoy— que se trata de alienígenas que llegan a la Tierra para asegurar el bienestar entre los humanos. Lo que Jung habría llamado «el arquetipo de la llegada del salvador».

Tanto fue piedra angular lo informado por Kenneth Arnold que, desde hace décadas, los investigadores han designado al 24 de junio «Día Mundial de los Platos Voladores» ó «Día Mundial del Fenómeno OVNI».


Por Antonio Las Heras. Doctor en Psicología Social y magíster en Psicoanálisis. Filósofo y escritor. Su más reciente libro es OVNIS, LOS DOCUMENTOS SECRETOS DE LOS ASTRONAUTAS.

NOTA: Más información sobre el Caso de Kenneth Arnold puede ser encontrada AQUÍ.

Kenneth Arnold y la era del plato volador

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