También años después el Almirante Guillermo Leahy, indicó en sus memorias que “el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no supuso ninguna ayuda material en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses estaban derrotados y listos ya para rendirse”. (46)

El General MacArthur reiteró en 1960 que “No había ninguna necesidad militar de emplear bomba atómica en 1945”. (21)

Y no penséis que MacArthur se había vuelto pacifista y antinuclear. Al final de la guerra de Corea, cuando China entró en guerra, reclamaba desde el 9 de diciembre de 1950 nada menos que 34 bombas atómicas para utilizarlas en “un plan tan simple como decir buenos días”. Este genial proyecto consistía en “expandir desde el mar de Japón hasta el mar Amarillo un cinturón de cobalto radiactivo” tirando algunas de las 450 bombas atómicas que ya poseía EEUU en la época sobre una lista de objetivos que suministró en diciembre de 1950 (15).

Incluso el propio Churchill reconocería después que: “Sería erróneo suponer que el destino del Japón fuese determinado por la bomba atómica”. (21)

La oposición de los científicos

La oposición a la bomba en el mundo científico fue mucho más importante que en el ámbito militar. Numerosos científicos escribieron al anterior Presidente Roosevelt para que detuviese el proyecto de utilizar la bomba atómica.

Ya en 1944 el físico danés y premio Nobel Niels Bohr escribió al Presidente de los Estados Unidos, que en la época era Roosevelt, y a Churchil advirtiéndoles del peligro de las armas nucleares.

Bohr, insistió más tarde en la necesidad de informar a los soviéticos sobre las investigaciones realizadas en el marco del proyecto Manhattan. Churchill, contrariamente a Roosevelt, se opuso vigorosamente a esta propuesta e incluso quiso encarcelarlo. Bohr, que ya se había encontrado con los físicos Kapitsa y Landau en la URSS, no fue autorizado a visitarlos. (20)

En 1945 un grupo de 8 científicos atómicos encabezado por James Frank y entre los que se encuentra Einstein, escriben un informe (informe Frank) advirtiendo a Roosevelt del peligro. Roosevelt al parecer no leyó este informe, ni la carta de Bohr.

El informe fue reenviado al recién electo Presidente Truman el 11 de junio, firmado esta vez por 64 científicos. Tampoco tenemos evidencias de que los leyera.

Uno de los principales opositores fue precisamente J. Robert Oppenheimer, físico norteamericano de enorme prestigio y director científico del proyecto Manhattan para la fabricación de la bomba atómica.

El 16 julio de 1945 la primera bomba de plutonio estalló en las Montañas Jemez, al Norte de Nuevo México, en Los Alamos, Oppenheimer, contemplándola estático citó un fragmento del texto hindú milenario, el Bhagavad Gita: “Soy la muerte, el destructor de mundos”.

Ken Bainbridge, director de las pruebas, añadió algo menos poético: “Todos somos ahora unos hijos de puta”. Luego Oppenheimer inspeccionó el lugar de la explosión. Años después moriría de cáncer de pulmón, uno de los cánceres favoritos del plutonio, aunque se atribuirá a que fumaba en pipa.

Varios de los creadores de la bomba, inmediatamente después de haber contemplado la monstruosa explosión, escribieron una petición para que no se usase, pero como todas las demás protestas cayeron en saco roto.

Tras el crimen perpetrado por las bombas atómicas sobre los ciudadanos japoneses, numerosos científicos se manifestaron contra la utilización de la bomba y sus futuros desarrollos.

El 6 de septiembre de 1945, Matthew J. Connelly, Secretario del Presidente, representando a los científicos atómicos presentó un memorando crítico sobre las implicaciones políticas de la energía atómica a James Byrnes, Secretario de Estado. (47)

Oppenheimer, considerado como el padre de la bomba, ya que dirigió su fabricación, declaró que la humanidad condenaría la fabricación de esta arma. Dos meses después de Hiroshima, predijo: “La humanidad maldecirá los nombres de Los Alamos e Hiroshima”.

Oppenheimer, dimitió en octubre de 1945. En 1946 le dijo a Truman: “Sr. Presidente, tengo sangre en mis manos”. Truman contestó: “afuera está el baño”, y le dijo a su ayudante que “no lo volviera a dejar entrar”. (48)

Tras la bomba hubo también una reacción de otros científicos que habían trabajado en su preparación en los Alamos. Fundaron la Federación de Científicos Atómicos y publicaron un boletín mensual que se tituló “minutos antes de media noche”.

Einstein calificó la utilización de la bomba como “suicidio cósmico”.

Calles de Hiroshima… mirando hacia el Noroeste desde el centro de la explosión.

En 1949, el Dr. Oppenheimer, entonces Presidente del comité consultivo de la Comisión de Energía Atómica, obtuvo la condena por parte de todos sus miembros acusándola de ser “un arma inmoral, costosa, e inútilmente devastadora”.

Openheimer, aunque aceptó la dirección de la Comisión de Energía Atómica (CEA) de los EEUU, se opuso públicamente al nuevo plan para fabricar la bomba de hidrógeno mucho más devastadora. Todo esto le valió la exclusión de su cargo y pasar a la lista negra durante la caza de brujas del Macartismo.

En 1954, J. Edgar Hoover, director del FBI, redactó un informe para la Casa Blanca apoyando la acusación de que Oppenheimer era un “agente de espionaje”. El comité de seguridad de la CEA, sin que se demostrase que fuera culpable, lo separó de toda participación en los nuevos proyectos de investigación. Finalmente cuatro años antes de morir fue rehabilitado.

“Truman sabía que estaba comenzando el proceso de aniquilación de las especies”, afirma Peter Kuznick, director del Nuclear Studies Institute de la American University en Washington DC, EEUU. “No fue simplemente un crimen de guerra, fue un crimen contra la humanidad”. (7)

Como puede verse, ni la opinión de los dirigentes militares ni la de los científicos pudo impedir el crimen. No nos engañemos, no era culpa solo de Truman que acababa de llegar a la presidencia y de enterarse de la existencia del proyecto secreto de construirla (Manhattan), a pesar de que había sido el Vice Presidente con Roosevelt. Truman era solo un títere como lo son todos los Presidentes.

Otras fuerzas más poderosas ya estaban en acción. Predominó la opinión y los intereses de las multinacionales que habían impulsado el multimillonario proyecto de la creación de la bomba como Carnegie, Dupont, Westinghouse, Union Carbide, Tennessee Eastman, General Electric, Boeing (que fabricaba los bombarderos que las transportaron), etc. al que se sumarían otras como Monsanto. (50)

Esta es una buena prueba de que ya entonces el Presidente de los Estados Unidos, los políticos y el Pentágono no eran quienes decidían.

No es casual que Eisenhower en su discurso final como Presidente de los EEUU advirtiese del peligro para la democracia del creciente poder del lobby militar-industrial.

Las decisiones se tomaron y se siguen tomando en otra parte.

¿PERO SI NO HACIA FALTA TIRAR LAS BOMBAS PARA ACABAR LA GUERRA. ¿CUAL ERA EL OBJETIVO?

No es difícil de comprender.

A mi juicio había tres motivos claros que justifican este comportamiento criminal, innecesario, para ganar una guerra que ya estaba ganada.

I- Amenazar a Rusia, que entonces era un país “aliado”, y al mundo entero.

Anatoly Koshkin, PhD en Historia, opina que el objetivo era frenar el avance soviético en su artículo “No fue la bomba atómica lanzada sobre Japón lo que hizo finalizar la Segunda Guerra Mundial”. (10)

Truman dijo al respecto refiriéndose a los rusos: “Si la bomba explota, en lo que confío, tendré, sin lugar a dudas, un garrote para esos muchachos”. (10)

El 28 de mayo de 1945, el representante personal del Presidente de EEUU, Hopkins, al encontrarse en Moscú informó a Washington de que Stalin les prometió en persona a él y al Embajador de EEUU, Harriman, lo siguiente: “El ejército soviético habrá desplegado plenamente sus unidades en las posiciones de Manchuria hacia el 8 de agosto”. (10) Manchuria estaba ocupada por Japón en esos tiempos.

La URSS declaró la guerra a Japón el 8 de agosto y atacó el 10 de agosto, al día siguiente de la tragedia de Nagasaki. No lo hizo en relación con los bombardeos atómicos sino según lo acordado con sus aliados británicos y estadounidenses en la conferencia de Yalta: entraría en la guerra tres meses después de la capitulación de Alemania.

No es solo la opinión de los historiadores rusos, muchos historiadores, científicos y militares occidentales han dicho lo mismo.

El científico inglés Blackett por ejemplo afirmó que los bombardeos atómicos “en último lugar eran un acto apuntado contra Rusia”. (10)

Según el científico nuclear del proyecto Manhattan, Leo Szilard, el Secretario de Estado Byrnes había dicho que la ventaja más grande de la bomba no era su efecto sobre Japón sino su poder para hacer que Rusia fuera más manejable en Europa. (51)

Szilard contó a sus biógrafos cómo el Secretario de Estado de Truman, James Byrnes, dijo antes del ataque de Hiroshima que “Rusia sería más manejable si quedase impresionada por el ejército americano. Una demostración de la bomba puede impresionar Rusia”. (46)

Después de Nagasaki, Stimson, Secretario de Defensa, escribió: “en el Departamento de Estado se desarrolló una tendencia a pensar en la bomba como arma diplomática”.

Por si no estuviese suficientemente claro, el General Leslie Groves, que fue nada menos que el director del proyecto Manhattan desde su comienzo, testificó en 1954: “nunca a partir del momento en que tomé a mi cargo este proyecto, me hacía ilusiones, Rusia era nuestro enemigo, y el proyecto fue conducido sobre esa base”. (53)

Churchill, que conocía el proyecto antes de Truman, había aplaudido y había entendido su uso, dijo: “Ahora tenemos algo en nuestras manos que reenderezará el equilibrio con los rusos”. (54)

Hace solo unos días, en la revista Británica New Scientist, dos historiadores han divulgado algunas evidencias que confirman que la decisión de los EEUU de tirar bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki fue empezar la guerra fría contra la Unión Soviética en vez de terminar la Segunda Guerra Mundial, y que no era necesario para ello utilizarlas como hemos demostrado a lo largo de este trabajo.

Selden, un historiador de la Universidad de Cornell en Nueva York, con Peter Kuznick, director de los estudios nucleares del Instituto en la Universidad Americana en Washington, estudiaron los archivos diplomáticos de los EEUU, de Japón y de la URSS. Encontraron que “tres días antes de Hiroshima, Truman admitío en una reunión que ‘Japón buscaba paz’. Sus Generales mayores y consejeros políticos le dijeron que no había necesidad de utilizar la bomba. Pero las bombas se tiraron de todos modos. El impresionar a Rusia era más importante que terminar la guerra”. (55)

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 1 comentario
Comentarios
Jul 31, 2014
19:39
#1 Gene:

Me estoy dando cuenta, que en este mundo, todo es una gran mentira y en las guerras los quien más pierden, son los civiles, ,mientras los jefazos dnn ordenes de destrucción masiva, sentados comondamente en sus sillones.

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