Si queremos establecer bases permanentes en la Luna, los colonizadores deben tener un lugar donde quedarse. Y dado que los materiales de construcción son una pesadilla logística, las agencias espaciales están investigando la utilización de materiales que puedan ser hallados in situ. Ahora, se han dado cuenta que uno de ellos podría estar en la propia orina de los astronautas.

Aunque pueda sonar desagradable, en realidad la orina es un recurso perfecto: sin coste, prácticamente ilimitado, no necesita transporte, ya que se «fabricaría» por parte de los astronautas de forma autónoma en la misma Luna. El problema es cómo mezclar este elemento con otros materiales que estén en el satélite formando un polímero que resista a las duras condiciones lunares: desde fluctuaciones extremas de temperatura hasta la intensa radiación y el impacto ocasional de meteoritos.

Según un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Cleaner Production, investigadores de Noruega, España, los Países Bajos e Italia, en cooperación con la Agencia Espacial Europea (ESA), realizaron una serie de experimentos para probar el uso de la urea, un componente muy utilizado y que se puede encontrar en la orina humana, como plastificante, una sustancia que se puede agregar a materiales como el concreto para hacerlo más flexible antes de que se endurezca.

«Para hacer el hormigón geopolímero que se utilizará en la Luna, la idea es utilizar lo que está allí: regolito (el material suelto de la superficie) y el agua del hielo presente en algunas áreas», explica a SINC uno de los autores, Ramón Pamies, profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena (Murcia), donde se han realizado diversos análisis de las muestras mediante difracción de rayos X.

Mezclas de materiales con 3 % de urea (muestra U) y otra con 3 % de naftalina, un plastificante común (muestra N). Crédito: Shima Pilehvar et al. / Journal of Cleaner Production.

«Pero además, con este estudio hemos visto que también podría usarse un producto de desecho, como la orina del personal de la base, porque los dos componentes principales de este fluido corporal son el agua y la urea, una molécula que permite que se rompan los enlaces de hidrógeno y, por tanto, reduce las viscosidades de muchas mezclas acuosas», añade.

Utilizando un material desarrollado por la ESA, que es similar al regolito lunar, junto con urea y varios plastificantes, los investigadores, utilizando una impresora 3D, han fabricado varios cilindros de una especie de «barro». Al compararlos, revelaron que las muestras que portaban urea soportaban grandes pesos y mantenían una forma casi estable. Una vez que se calentó a 80 °C, su resistencia también aguantó, e incluso aumentó después de ocho ciclos de congelación-descongelación como los que se producen en la Luna.

Dispositivo para imprimir muestras tridimensionales. Crédito: Shima Pilehvar et al./ Journal of Cleaner Production.

«Todavía no hemos investigado cómo se extraería la urea de la orina, ya que estamos evaluando si esto realmente sería necesario, porque quizás sus otros componentes también podrían usarse para formar el hormigón geopolímero», explica Anna-Lena Kjøniksen, una de las autoras. También agrega: «El agua real en la orina podría usarse para la mezcla, junto con la que se puede obtener en la Luna, o una combinación de ambas».

Los científicos subrayan la necesidad de realizar más pruebas para encontrar el mejor material de construcción para las bases de la luna, donde se puede producir en masa utilizando impresoras 3D.

Fuente: SINC. Edición: ABC.

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