Entre los nuevos descubrimientos se cuentan varios monumentos mayas, uno de los cuales tiene una importante inscripción que describe rituales, batallas, una serpiente de agua mítica y la danza de un dios de la lluvia.

Schroder (izquierda) y Scherer (derecha) excavando en el sitio, encerrado con cuerdas y palos para que las vacas no se acerquen.

En junio de 2014, Whittaker Schroder, estudiante de la Universidad de Pensilvania, conducía por Chiapas en busca de lugares para iniciar excavaciones arqueológicas. Hacia el final de su estadía en esta zona del sur de México, se topó con un hombre vendiendo carnitas a un lado del camino que lo saludaba, por lo que decidió detenerse.

Lejos de querer venderle carnitas al «gringo», el hombre le quería avisar que un amigo suyo había descubierto una ancestral tableta de piedra. El vendedor conocía a Schroder, que por varios años había visitado la zona interesado en el tema maya.

¿Decidió el estudiante echarle un vistazo al hallazgo? ¡Claro que sí!

Al día siguiente, Schroder y otro estudiante graduado, Jeffrey Dobereiner de Harvard, se encontraron con el amigo del vendedor, un ganadero, y confirmaron la autenticidad de la tableta. Fue así como luego contactaron a dos expertos en el tema, el profesor asociado de Arqueología de la Universidad de Brandeis Charles Golden, y el bioarqueólogo Andrew Scherer de la Universidad Brown, para coordinar los pasos a seguir.

Tomó cuatro años el negociar los permisos para excavar en la propiedad. En México, el patrimonio cultural como el de los sitios mayas son considerados propiedad del estado, por lo que el ganadero estaba preocupado que su tierra fuera confiscada por el gobierno. Golden y Scherer trabajaron con él y con los funcionarios gubernamentales para asegurarse que esto no ocurriera.

El mapa de la excavación. La estructura en forma de herradura (en la parte inferior) es el área del palacio, mientras que en la parte superior se observa la plaza de monumentos.

Las excavaciones en el yacimiento, llamado Lacanja Tzeltal, comenzaron finalmente en 2018, y para sorpresa de los arqueólogos, desenterraron algunas de las ruinas de lo que otrora supo ser la capital del reino de Sak Tz’i ‘, fundado hacia el 750 a.C. y habitado durante un milenio. Este lugar había sido buscado desde 1994, cuando se identificaron referencias en inscripciones encontradas en otros sitios de excavación maya —aunque también se menciona en esculturas alojadas en museos de todo el mundo—.

Sak Tz’i no fue el reino más poderoso de los reinos mayas, y los restos que se han encontrado son modestos en comparación con Chichén Itzá o la cercana Palenque. Sin embargo, el hallazgo de su capital arroja valiosa luz sobre el conocimiento de la cultura y la política mayas.

Entre sus descubrimientos, que se publican ahora en Journal of Field Archaeology, se encuentran varios monumentos mayas, uno de los cuales tiene una importante inscripción que describe rituales, batallas, una serpiente de agua mítica y la danza de un dios de la lluvia. También han encontrado restos de pirámides, un palacio real y una cancha de pelota.

Se prevé que los investigadores seguirán cartografiando la ciudad antigua utilizando, entre otras herramientas, una técnica llamada LIDAR con el uso de un sistema de láser montado en un dron para revelar la arquitectura y la topografía, incluso bajo el denso dosel de la selva

La vida en Sak Tz’i

A través de estos hallazgos, los especialistas han ido desentrañando cómo era la vida en la capital de este reino, cuyo significado es «perro blanco».

Los plebeyos vivían en el campo cosechando una gran variedad de cultivos y fabricando cerámica y herramientas de piedra. Golden y sus colegas han encontrado los restos de lo que probablemente era el mercado de la ciudad donde se vendían estas piezas.

La estrecha cancha de pelota era utilizada para juegos ceremoniales en los que un balón de goma sólido, que podía llagar a pesar hasta nueve kilos, era llevado de un lado a otro por los jugadores usando sus caderas y hombros. Asistían a ellos habitantes de todo el reino.

En el extremo noreste de la ciudad se encuentran las ruinas de una pirámide de 45 pies de altura y varias estructuras circundantes que sirvieron como residencias de élite y enclaves para rituales religiosos.

El centro neurálgico de la actividad religiosa y política era la «Plaza Muk’ul Ton», o Plaza de los Monumentos, un patio donde la gente se reunía para las ceremonias. Una escalera conduce desde la plaza a una plataforma altísima, donde los templos y las salas de recepción estaban dispuestos y miembros de la familia real reunían a la corte y pudieron haber sido enterrados.

Reino rodeado

Sak Tz’i tuvo la desgracia de estar rodeado por todos lados por estados más poderosos. Para los habitantes de la capital y el campo, esto significaba la amenaza perpetua de la guerra y las interrupciones violentas de la vida cotidiana. Con el fin de defenderse, construyeron muros de mampostería, de los que también han encontrado huellas este equipo de especialistas.

Pero estos muros defensivos y fortificaciones no siempre fueron efectivos contra los invasores. Los investigadores hallaron evidencia de que al menos una porción de la ciudad fue prendida fuego durante un conflicto con reinos vecinos.

Por último, la supervivencia de Sak Tz’i’ dependió mucho de su diplomacia, es decir, su habilidad para hacer la paz con sus enemigos e incluso ponerlos en contra uno del otro. «Esta fue una de las razones por la que Sak Tz’i’ tiene tanto interés para nosotros», explicó Golden en un comunicado. «Poco es conocido sobre cómo este tipo de reinos mayas, de tamaño medio, maniobraban y se las arreglaban para persistir frente a las constantes hostilidades de reinos más poderosos».

Serpientes míticas y dioses de piedra

Hasta ahora, se han encontrado docenas de estructuras entre las ruinas del sitio, a pesar que muchas han sido dañadas por saqueadores y se han deteriorado por un milenio de lluvias, incendios forestales y el avance de la frondosa vegetación.

El escultura mejor preservada es un tableta de 0.6 x 1.2 metros. Sus inscripciones cuentan historias sobre una serpiente acuática mítica, descrita en copla poética como «cielo brillante, tierra brillante»; dioses de piedra cuyos nombres no son mencionados; y las vidas de regentes dinásticos.

Una inscripción en específico habla sobre un gran diluvio mítico, mientras que otras listan lo que son probablemente fechas de nacimientos y batallas de grandes regentes, como uno nombrado como rey K’ab Kante’.

Al igual que con la mayoría de culturas antiguas alrededor del mundo, el entrelazamiento entre mito y realidad es típico en las inscripciones mayas y tenían un significado especial para los escribas y lectores de aquellos tiempos.

En la parte inferior de la tableta hay una figura real danzando. Los mayas creían que la realeza se volvía una con o incluso se transformaba en dios. En este caso, el regente está ataviado como el dios de la lluvia relacionado con las violentas tormentas tropicales, Yopaat. En su mano derecha lleva un hacha que es como el rayo de una tormenta, que tiene un aspecto deificado llamado K’awiil. En su otra mano, la figura lleva una manopla usada para el combate ritual.

Fuente: Sci-News.

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