Veo desde mi profanidad que estas huellas, que denominaré «humanoides», pues no las creo «humanas» en tanto pertenecientes a individuos de nuestra Humanidad, tiene coherencia propia. La profundidad de la misma guarda relación tanto con su tamaño, el peso proporcional que debería haber tenido su propietario y el peso de las bestias que a su lado, o sobre ellas, imprimiera las propias. Su tamaño —hablo de los pies desnudos— no me resulta particularmente escandalosos: todas las antiguas culturas (la cuestión es hasta bíblica, después de todo) hablan de gigantes caminando sobre la Tierra en evos ancestrales y de cualquier manera, hasta la Paleontología y la Antropología hablan de simios protohomínidos como el Gigantopithecus que con sus, precisamente, entre 3,5 y 4 metros de altura ha sido parte del sendero evolutivo de las especies, simios que llegaron al punto de emplear el fuego (no ha generarlo pero sí a no temerle necesariamente y emplearle quizás con fines defensivos) y herramientas rudimentarias (palos afilados, rocas aguzadas, etc.), sin abundar en evidencias tales como huesos evidentemente humanos en términos morfológicos pero correspondientes a seres de unos tres metros de altura hallados también en Norteamérica, Europa, África, etc., incluso pertenecientes a tiempos relativamente recientes.

Detalle de huella de dinosaurio en el lecho del río Paluxy.

Detalle de huella de dinosaurio en el lecho del río Paluxy.

Estoy convencido que existieron otras Humanidades además de nuestra Humanidad, con una antigüedad que, sin embargo, retrocede más y más de década en década. Siendo yo un niño recuerdo haber leído textos escolares que habían sido de mi padre, editados allá por 1930, y que fijaban la antigüedad de la especie humana en unos 100.000 años. Ingresado yo en el colegio secundario, la cronología «oficial» hablaba de 1.000.000 y para cuando egresé cinco años después se especulaba con unos 3.000.000 . Hoy en día la cifra se estima entre 4 y 5.000.000 de años para los homínidos que luego darían origen al Cromañón del cual derivamos todos, pero hasta estas clasificaciones son discutibles a la hora de cifrar la «verdadera humanidad». Por ejemplo, no hace mucho se decía que el hombre de Neandertal era anterior al Cromañón. Luego se admitió que fueron contemporáneos, pero enemigos, y de hecho se afirmaba que los Cromañón habrían exterminado a los Neandertal. Actualmente hay evidencia que ambas especies se cruzaron, a la par que en distintos puntos del globo coexistían otras especies homínidos hoy desaparecidas (como los «hobbits» de la Isla de Flores, Indonesia) . Lo que quiero significar es que es esperable que la cronología humana sea aún inconmensurablemente más antigua, si bien no creo que llegue a un período tan remoto como aquél del que estamos hablando; sin embargo, eso señala lo poco que en definitiva sabemos de nuestra historia.

En la misma línea de pensamiento, es que supongo, a título personal, perfectamente posible como dije la existencia de otras «humanidades», no necesariamente de la misma línea genética que la nuestra. Humanidades que pudieron surgir, prosperar, colapsar y desaparecer más de una vez en sesenta o ciento cincuenta millones de años. En cuanto a las huellas de calzado, civilización culturalmente desarrollada, extraterrestres de paseo o —como en el cuento Un ruido de trueno, de Ray Bradbury— turistas del futuro de cacería en el pasado, ¿por qué no?

Las huellas están allí. Antes de denostarlas, vayan hasta el lugar y obsérvenlas.

El martillo

Ahí está. En ese anacrónico «Museo de Evidencias de la Creación». Hay que hablar un poco del mismo, pues ésta es su idea medular: Dios creó al mundo y las especies hace 6.000 años, dinosaurios incluidos, y a éstos, incluso, los salvó Noé en su Arca. Pero luego del diluvio, se extinguieron. Y si los fósiles de dinosaurios son distintos a los restos paleontológicos y antropológicos (los primeros, precisamente, fosilizados, los segundos, no) es porque Dios lo hizo así para poner a prueba la fe de la especie humana.

Sí, ya les estoy escuchando. Cuando terminen las carcajadas, continúo.

Hay que reconocerles a los propietarios mucho profesionalismo; el museo es atractivo visualmente y dejando en suspenso mi escepticismo crítico y tomándolo como un paseo, debo decir que disfruté la jornada. No me pidan que resuma las «evidencias»: es tomar ciertos elementos y ubicarlos en un contexto bizarro. Pero no me digan (los amantes del maquetismo y los dioramas) que esta genial reproducción del arca de Noé que acompañamos en el video que subimos a nuestro canal en Youtube no es una delicia. Vamos viendo sus distintos compartimientos, y filmando debía reprimir la risa cuando en un compartimento está la familia de Noé con sus cabritas y vaquitas, en otro elefantes y jirafas (ponele) y, al lado, velocirráptores…

Incluso, en los años 1980s esta gente realizó una expedición al monte Ararat y regresó de allí con un trozo de madera carbonizada que aducen es de la misma. Está en exhibición en una de sus salas.

Menos simpático resulta, a mi modo de ver, el marcado sionismo político en estos no-judíos, con leyendas de apoyo a Israel y su engrandecimiento, extraño entre cristianos, aunque sean fundamentalistas. Pero no extraños en un bible belt, un cinturón bíblico donde la repulsa pública al Islam está instalada y el apoyo al gobierno y nación hebreos casi absoluto…

Así que ahí, en ese marco entre delirante y fantástico, están las huellas recortadas del lecho del río (¿recuerdan?) y el martillo. Y si hacen (como yo hice) un esfuerzo por obviar el lugar donde están, reconsideren ese instrumento.

Cabezal de hierro, con mínimas huellas de oxidación. Fue hallado en los años 1950s en otro pueblo de Texas, New London. Estuvo en propiedad de la familia del descubridor hasta que —en un «pasamanos» que no he podido desentrañar aún— llega a este museo.

El conocido como martillo de Texas o de London se podría considerar como uno de los Ooparts más controvertidos que existen. Para sus defensores, la edad de este martillo se podría datar en millones de años, desafiando las creencias establecidas sobre la aparición en el planeta de las primeras civilizaciones humanas.

El conocido como martillo de Texas o de London se podría considerar como uno de los Ooparts más controvertidos que existen. Para sus defensores, la edad de este martillo se podría datar en millones de años, desafiando las creencias establecidas sobre la aparición en el planeta de las primeras civilizaciones humanas.

Cabo de madera, roto, mínimo. Y he aquí la gran clave que me sorprendió: esta madera está petrificada. Eso terminó de echar por tierra mi escepticismo y me disparó una avalancha de interrogantes. Que estuviera petrificada —lo que no notaba yo en las fotos donde durante por años lo había visto— explicaba que perdurara tantos millones de años después.

Pero seguía teniendo recelos. Un martillo «demasiado» humano, contemporáneo. Suponiéndole herramienta de una de esas humanidades desaparecidas de las que escribiera, ¿era lógico suponer que fuera tan similar a nuestros martillos? Sé que alguien acotará que después de todo un martillo es un martillo, pero no me convencía. Salvo que, como buen OOPART (out of place artifact: artefacto fuera de lugar) hubiera otra explicación. Como un objeto teletransportado en el tiempo a ese remoto pasado. U olvidado por algún viajero del tiempo…

Dígase lo que se quiera decir, el objeto existe. Y está allí.

Entrada al museo.

Entrada al museo.

Pero, ¿por qué allí?

No pude dejar de pensar, paseando por los alrededores del museo que también balconea sobre el río Paluxy, que esa evidencia, en cualquier otro museo del mundo hubiera desatado un verdadero escándalo académico internacional, obligando literalmente a reescribir los libros de texto o, cuando menos, dejándoles grandes vacíos. Pero allí, en ese lugar…. Era un pasaporte seguro al desprestigio. Por otro lado, no puedo ser contradictorio con mi propio parecer y la realidad de estas evidencias (las huellas y el martillo, que es de lo que estoy hablando) me parecen incontrastables. Fue entonces cuando me pregunté: ¿y si algún Poder en las Sombras manipuló personas y circunstancias para que, precisamente, esas evidencias terminaran allí y fueran ridiculizadas por carácter transitivo?

Alguien me dirá que sería mucho más sencillo simplemente hacerlas desaparecer, destruirlas. Ciertamente. Pero, ¿si siguieran apareciendo? ¿Podría tenerse un control y monitoreo más o menos inmediato en tiempo y forma para darles el mismo destino en el olvido sin correr el riesgo que alguna se filtrara en otras manos? En cambio, con el «precedente» de este museo, es mucho más sencillo que, si aparecieran nuevas huellas, nuevos Ooparts, simplemente descalificarlos por carácter transitivo, remitiendo toda discusión a los simpáticos loquillos del «museo de evidencias de la creación»…

Por Gustavo Fernández.

2 comentarios
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 2 comentarios
Comentarios
Ago 3, 2017
8:01
#1 MLB:

estamos pensando como adultos que se basan en la ciencia, decimos por ejemplo con que motivo estos abuelos ………pero imaginen un momento a un par o mas adolescentes de la epoca, aburridos sinn nada que hacer y con deseos de llamar la atencion y divertirse como todos los adolescentes y ahi tenemos la respuesta tanto de las cosechas con sogas y tablas, riendose en la noche y quizas con alguna copa robada del aparador de papa, y las pisadas…..seguro que son falsas, quizas alguno de ellos sabiendo un poco mas de quimica hizo algo para que quedaran grabadas como lo hicieron……..es mi opinion claro y respeto a quien piense diferente

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Nov 17, 2018
16:09
#2 Adolfo:

@MLB: La tuya, es una típica explicación en términos prosaicos; que bien hubiera sido muy del agrado del extinto Carl Sagan (célebre astrónomo norteamericano, QEPD 1996).

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