Una imagen recientemente capturada por el telescopio espacial Hubble muestra la majestuosidad del tormentoso Júpiter, revelando los cambios a largo término en su clima y atmósfera.

Júpiter y Europa.

Crédito: NASA, ESA, A. Simon (Centro de Vuelo Espacial Goddard), M. H. Wong (Universidad de California, Berkeley) y el equipo OPAL.

En el hemisferio norte del planeta, turbulentas nubes podrían indicar la formación de nuevos remolinos, mientras que en el sur, una tormenta de larga data, apenas la mitad de tamaño de la famosa Gran Mancha Roja, parece estar cambiando de color, de blanco a rojo.

Y si eso no fuera suficiente, a la izquierda de la foto aparece la gélida luna Europa, uno de los objetivos para la búsqueda de vida extraterrestre en nuestro sistema solar.

La Gran Mancha Roja es el mayor vórtice anticiclónico (altas presiones) de Júpiter y el detalle de su atmósfera más conocido a nivel popular. Comparable a una enorme tormenta, se trata de un enorme remolino que podría existir desde hace más de 350 años y caracterizado por vientos en su periferia de hasta 400 km/h.

En las últimas décadas, esta Gran Mancha parece haberse ido encogiendo. Por ejemplo, mediciones hechas en 2017 arrojaban un tamaño de 16.360 kilómetros, y actualmente mide unos 15.800 kilómetros; un misterio que ha desconcertado a los científicos. Aún así, aún es enorme, más grande que nuestro propio planeta, que tiene 12.742 kilómetros de diámetro.

Recientemente, el encogimiento de este vórtice ha disminuido su ritmo, aunque no se ha detenido por completo.

IZQUIERDA: Última imagen en luz visible tomada por el Hubble el 25 de agosto de 2020, cuando Júpiter estaba a 653 millones de km de la Tierra. DERECHA: Observación en ultravioleta/visible/infrarrojo cercano, tomada el mismo día. Crédito: NASA, ESA, A. Simon (Centro de Vuelo Espacial Goddard), M. H. Wong (Universidad de California, Berkeley) y el equipo OPAL.

Justo debajo de la Gran Mancha Roja, se encuentra otra tormenta más joven pero igualmente fascinante, llamada Oval BA. Se formó a finales de los 1990s a partir de tres pequeñas tormentas que se embravecieron por 60 años. Tras la fusión, su vida comenzó como una tormenta blanca; luego, en 2006, los científicos notaron que estaba cambiando de color, volviéndose rojiza como su prima mayor. Pero no permaneció así, regresando a su tono blanquecino por unos años y ahora, según revelan las imágenes del Hubble, está regresando al rojo de nuevo.

Hasta ahora no se sabe a qué responde este patrón de cambio de color.

Asimismo y hablando de colores, en el hemisferio norte del gigante, en latitudes medias, una tormenta resplandecientemente blanca ha aparecido, viajando a alrededor de 560 kilómetros por hora y dejando una estela a su paso. Como bien habrás podido deducir, las tormentas en Júpiter vienen y van todo el tiempo, aunque esta parece diferente a las demás.

Pequeñas y oscuras aglomeraciones ciclónicas —rotando en sentido antihorario— la siguen, como si estuvieran enganchadas a esta pluma que deja a su camino. Este tipo de fenómeno no ha sido observado antes por los astrónomos, quienes piensan que tal vez podría ser un ejemplo de cómo nace una tormenta de larga vida, similar a la Gran Mancha Roja o a la Oval Ba.

Ciertamente, hay un montón de elementos en esta foto para el deleite de los científicos planetarios y su entendimiento de la salvaje e impredecible atmósfera joviana. Aunque también es un recordatorio de la colorida belleza artística que existe en nuestra pequeña esquina del cosmos.

Fuente: ScienceAlert. Edición: MP.

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