¿Se esconderá algún tipo de vida en estos hábitats subterráneos? ¿Serán las primeras ciudades de los colonos humanos construidas bajo la superficie?

Los tubos de lava se forman cuando la superficie de la lava que fluye se enfría y endurece, pero la lava de la capa inferior sigue fluyendo y puede permanecer caliente y drenarse, dejando una cueva de muchos kilómetros de largo. Aquí en la Tierra, el tubo de lava más largo y profundo que conocemos es la cueva Kazamura en Hawái (EE.UU.), de 65,5 kilómetros de longitud.

Desde los 1960s se ha especulado que estas formaciones podrían existir también en Marte y la Luna, algo que en años recientes ha sido confirmado por los orbitadores enviados en diferentes misiones.

Ahora, en un nuevo estudio, los investigadores argumentan que es tiempo de explorarlos en detalle y considerarlos como un hábitat muy probable para los futuros colonos.

«Los tubos de lava más grandes de la Tierra tienen un máximo de 40 metros de ancho y alto», indica uno de los autores, Riccardo Pozzobon, geocientífico de la Universidad de Padua (Italia). «Y pueden extenderse por decenas de metros como si fueran una autopista debajo de la superficie».

Prototipo de rover rueda en un tubo de lava de la isla de Lanzarote en Canarias, España. Parte de una campaña de entrenamiento para explorar formaciones en nuestro planeta que puedan ser similares a aquellas en la Luna y Marte. Crédito: ESA/Robbie Shone.

Eso ciertamente es suficientemente grande como para que entren varias personas. Pero en Marte, los tubos de lava colapsados son aproximadamente 80 veces mayores que en nuestro planeta, con diámetros de entre 40 y 400 metros. En la Luna, por otro lado, son aún más colosales, con diámetros entre 300 y 700 veces mayores a los de la Tierra y con un recorrido de hasta 900 metros.

«Un tubo de lava en la Luna fácilmente podría contener una pequeña ciudad dentro de sus muros», explica Pozzobon.

Imagen tomada por el Mars Reconnaissance Orbiter que muestra tubos de lava en el flanco sur del volcán Arsia Mons en Marte.

La enorme escala de estas formaciones extraterrestres son probablemente el resultado de la baja gravedad marciana y lunar, como así también de cómo los volcanes funcionaron en estos cuerpos comparados con la Tierra.

Para evaluar el tamaño de los tubos de lava lunares y marcianos, los investigadores recolectaron escaneos láser en 3D de los tubos terrestres, tanto derrumbados como intactos. Luego, recopilaron todas las imágenes de satélite disponibles de los tubos de lava derrumbados ​​en Marte y la Luna y modelaron el tamaño de los tubos intactos basándose en las relaciones entre los túneles destruidos ​​e intactos en la Tierra.

Hábitats para los colonizadores

Estas formaciones son ideales como hábitats humanos por un número de razones. En primer lugar, ofrecen protección contra meteoros, los cuales no se queman tan fácilmente en las delgadas atmósferas de Marte y la Luna. También contienen químicos útiles, como hielo de agua y volátiles que pueden ser aprovechados como combustible. Una gruesa capa de roca como techo también puede salvaguardarnos contra la radiación solar. Y, por último, las claraboyas en estos tubos significan una salida rápida a la superficie.

Ocasionalmente, autores de ciencia ficción como Kim Stanley Robinson han imaginado presurizar cráteres o tubos de lava, llenándolos de aire respirable. Pero Pozzobon piensa que ese escenario es poco probable, sobre todo en los tubos de lava lunares, cuyas entradas pueden ser tan anchas como un campo de fútbol.

Uno de los libros donde se propone presurizar tubos de lava.

«Debido a su enorme tamaño y la posibilidad de tener filtraciones causadas por fracturas en las rocas, veo esto de la presurización como poco probable», precisa el científico. «Sería más probable establecer asentamientos dentro de estas cavernas, ya sea para albergar humanos o para almacenar equipamiento».

No obstante, incluso poner una base dentro de un tubo de lava representa un desafío.

Tubo de lava en la Luna.

«Aunque un tubo de lava podría proporcionar un refugio ante la oscilación térmica, la radiación y los microimpactos, no es de fácil acceso y las rocas basálticas de su interior pueden ser afiladas como navajas y el terreno es muy irregular», dijo al respecto Pozzobon. «El desafío de ingeniería de ubicar allí hábitats inflables no es algo trivial y requiere estudios previos muy detallados».

Mayor exploración de los tubos

El desafío inmediato es juntar más información sobre los tubos de lava que se encuentren intactos tanto en la Luna como en Marte. Por ahora, estas estructuras solo pueden ser identificadas gracias a las imágenes satelitales, localizando claraboyas o colapsos. Pero diferenciar una claraboya de un simple hoyo en el terreno es algo complicado.

Los modelos sugieren que los tubos de lava marcianos han crecido al punto del colapso cuando el planeta era geológicamente activo, por lo que podría ser más difícil de encontrarlos intactos. En cambio, una gran proporción de los homólogos lunares serían estructuralmente seguros, lo que los transforma en mejores candidatos para ser explorados.

Por el momento, no existe ningún rover lo suficientemente autónomo como para practicar la espeleología extraterrestre. Y antes de diseñar y lanzar uno para llevar a cabo tal tarea, satélites equipados con radares de penetración de terreno u otra tecnología remota debería construir mapas precisos sobre estas formaciones subterráneas.

«El proceso de descubrimiento de sitios ideales para la habitabilidad sublunar o submarciana tomará bastante tiempo y muchos pasos intermedios», concluyen los investigadores.

Fuente: Live Science. Edición: MP.

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