Arqueólogos afirman que una misteriosa formación rocosa sumergida en la parte suiza del lago de Constanza, está hecha por el hombre y tiene una antigüedad de al menos 5.000 años.

Los medios ya lo han rotulado como el «Stonehenge suizo». Se encuentra a 4.5 metros de profundidad y cada montículo de rocas está dispuesto en intervalos regulares en línea paralela a la orilla del lago.

Un vocero de la Oficina de Arqueología del cantón de Turgovia describió el hallazgo como «sensacional» luego que se llevaran a cabo las investigaciones subacuáticas. Anteriormente, un barco equipado con un brazo excavador de 15 metros fue el encargado de remover el material alrededor de las rocas para exponerlas a su estudio.

«El análisis de cómo fueron colocadas muestra que la formación es obra del humano y no de la naturaleza», afirman los arqueólogos.

Utilizando un georradar subacuático desarrollado por la Universidad Técnica de Darmstadt en Alemania, el equipo fue capaz de estudiar los sedimentos del lago y los depósitos de piedra en búsqueda del origen y el propósito de estas obras pétreas.

«Con pulsos electromagnéticos de alta frecuencia, la capa oculta del lecho en la vecindad de las estructuras fue registrada. Es obvio que las rocas que superan los 40 centímetros en tamaño yacen en una capa post-glaciar, sobre la parte superior de la morena —el sedimento depositado directamente por un glaciar—. Por lo tanto, está científicamente comprobado que estos cairns no se originaron naturalmente, sino que fueron apilados y construidos por manos humanas», escribió la oficina arqueológica.

«Los primeros resultados producidos por datación de carbono muestran que algunas rocas fueron colocadas allí hace alrededor de 5.500 años, en el periodo Neolítico», agregó el vocero.

En los siguientes meses, se efectuarán más investigaciones e incursiones de los buzos con el objetivo de encontrar artefactos que puedan dar una pista sobre el propósito de este Stonehenge suizo.

El propósito

Actualmente hay varias teorías sobre el propósito de las piedras, como que sirvieron como dique, túmulos funerarios, o como postes de señalización de rutas.

Urs Leuzinger, investigador del proyecto, estima que al tiempo de su construcción, estos montículos de piedras (cairns, por su etimología gaélica), estaban localizados en la orilla o incluso en aguas pocas profundas. «Nunca había experimentado algo así. Siempre que excavamos algo, usualmente sabemos de qué se trata», dijo. Además, añadió que el apodo de Stonehenge «no está pensado para competir con el original británico» y que le fue puesto por los medios alemanes y no por los arqueólogos.

Una pieza de madera de álamo recuperada por los buzos. Se especula con que pudo ser utilizada durante la construcción de los montículos de piedra.

No obstante, Leuzinger piensa que las estructuras en el fondo del lago sí tienen ciertas similitudes con el monumento de Wiltshire, dado que «requirió de una tarea igualmente notable para los humanos prehistóricos el transportar las rocas a ese lugar».

Fuente: Daily Mail.

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