LA BELLEZA EN LA MUERTE

Japón, allí la tradición se aprecia en la gracia, la tranquilidad y la armonía con la naturaleza. Pero la tradición también celebra los feroces guerreros del Japón, LOS SAMURÁIS. Su época duró más de mil años para terminar tan sólo a mediados del siglo XIX, a veces vagando solitarios en busca de la fama y la riqueza, con frecuencia luchando en las complejas guerras civiles de Japón, los samuráis deben de haber sido los guerreros más efectivos y temidos de la historia.

samurai

¿Era sólo técnica, el dominio físico de la espada, lo que hacía al samurái tan mortal o había descubierto fuentes casi mágicas de fortaleza y valor a través de la contemplación de la belleza y la naturaleza? ¿Es por eso que podían blandir sus armas con la intensidad de concentración que los hizo legendarios?

Eran efectivos porque el temor a la muerte no los detenía ni los perturbaba. En todas las culturas los guerreros entrenaban para ser valientes al enfrentarse a la muerte, lo que hizo único al samurái es que con frecuencia escogía morir. Si era derrotado en batalla o caía en deshonra por algún otro fracaso, el honor exigía el suicidio. Pero el samurái no podía suicidarse como podían hacer otros, envenenándose o cortándose las venas, la tradición exigía un espantoso ritual a veces llamado Sepa-Ku y otras Haraki. El samurái hundía profundamente la daga en el lado izquierdo de su abdomen, cortaba hacia la derecha y terminaba jalando la daga hacia arriba. La muerte como resultado de tal herida podía demorar horas, a veces días.

¿Por qué escogió el samurái ese tipo tan particular de muerte, tan dolorosa? Según sus creencias era porque el abdomen es el centro del cuerpo que contiene el alma del hombre, la ambición, la ira, emociones, todo lo que está contenido y también porque no mata instantáneamente, era una prueba de voluntad. De hecho, pocos hombres, a pesar de ser samurái, podían terminar su propio desentrañamiento. Para asegurar que este último acto terminara sin tropiezos un amigo estaba listo con una espada, a la primera señal de vacilación o temor, en un acto final de amistad, el hombre con la espada lo decapitaba. En este momento crucial, en el momento mismo de la muerte, se tenía mucho cuidado de evitar a los testigos cualquier escena que pudiese parecer poco delicada u ofensiva. Por ejemplo, cuando lo decapitaba dejaba un pequeño pedazo de piel en la parte frontal del cuello para que la cabeza no rodara e insultase a la gente.

Para la moderna sensibilidad occidental, los samurái podrían parecer un misterio impenetrable, pero eran humanos.

¿Cómo llegaron a su visión única de la vida y la muerte? La búsqueda por la comprensión nos adentra en la historia y leyenda histórica de esta antigua tierra.

La cabeza era prueba irrefutable de que el enemigo había muerto. El samurai victorioso sería recompensado por su amo con tierras y otros regalos.

La palabra SAMURÁI significa ‘servir’, y así comenzaron los samurái, como guerreros al servicio del emperador de Japón. Siendo un país dividido por empinadas montañas, Japón era una tierra difícil para que un gobierno central pudiese subyugar y gobernar. El emperador necesitaba huestes de guerreros montañeses que pudiesen moverse con rapidez para hacer valer su autoridad aún en las más remotas aldeas. Comenzaron como recaudadores de impuestos. Necesitaban hombres rudos que salieran y sacudieran a los campesinos. Y así, cobraban los impuestos con el arte de la violencia.

Con el tiempo, los sirvientes guerreros del emperador se dieron cuenta de que podían ser los amos. Para el año 1.300, los samurái tomaron el control de las tierras y distritos que una vez solían administrar para el emperador. Al igual que los caballeros europeos del medioevo, los samurái construyeron castillos y establecieron escalafones entre ellos: los guerreros servían a los generales, y los generales servían a los jefes militares. Durante gran parte de la historia de Japón el emperador era una figura de estado respetada que no tenía ningún poder.

Habiéndose establecido en sus dominios, los jefes militares comenzaron a pelear uno contra el otro con ejércitos de guerreros samurái. Peleaban para su jefe, para extender sus tierras y aumentar su poder, empero, siempre había algo más en juego: el honor personal del guerrero. Un dicho popular entre los guerreros dice: «La vida esta limitada pero el nombre y el honor perdurarán por generaciones venideras eternamente».

LA ESPADA VIVIENTE

Durante más de 300 años, comenzando en el siglo XIV, Japón estuvo sacudido por guerras civiles periódicas. Pero con frecuencia, aún las batallas más grandes, consistían en duelos individuales simultáneos.

¿Cómo hacían los guerreros para conocer los méritos de sus oponentes antes de comenzar la pelea, para que fuera una contienda justa? Antes que la batalla comience declaraban su linaje, que luchaban por el honor, por su familia, quienes fueron sus ancestros, donde vivían y luego peleaban a morir.

Existía una razón práctica para esta aparente preocupación fanática por el honor. El estatus de samurái podía ser heredado pero durante casi toda la historia japonesa cualquier hombre podía declararse samurái. No obstante, para asegurar el empleo como uno de los jefes debía establecer una reputación y mantenerla.

Aún la armadura de cuero frecuentemente usada por los samuráis hacía más que protegerlos, proclamaba su presencia. Los protectores del rostro y las máscaras acentuaban la apariencia fiera del guerrero.

Las batallas que comenzaban y se peleaban con tal estilo y honor sólo podían terminar de una forma, con la muerte de uno de los peleadores. Si lo mataban o se suicidaba admitiendo su derrota, la muerte en el campo de batalla casi siempre terminaba con la decapitación. El interés de cortar la cabeza podría parecer una obsesión grotesca de los pueblos antiguos, pero el misterio puede disiparse. La cabeza era prueba irrefutable de que el enemigo había muerto. Entonces el samurái victorioso sería recompensado por su amo con tierras y otros regalos.

Para prepararse para la batalla, el guerrero llevaba un pequeño arsenal de armas: arco y flecha, una variedad letal de lanzas, dagas y cuchillos; incluso un abanico que estaba hecho de varillas de hierro para poder detener el ataque de una lanza o una espada. De todo este despliegue mortal, fue la espada la que eventualmente se convirtió en el arma suprema del samurái. En parte, esto fue porque mientras los jefes se hacían más poderosos pedían luchar contra ejércitos cada vez más grandes.

Era un arma temible, la paja envuelta alrededor del bambú duplica la textura y la resistencia de la carne y los huesos. Los métodos evolucionaron a través de los siglos pero lo esencial quedó inalterable. El acero calentado al rojo vivo era doblado y golpeado, y cada doblez producía 4 capas, 4 dobleces producían 16 capas, 8 producían 64. Las espadas mejor terminadas contienen hasta 1 millón de capas. Esto es lo que le da a la espada su flexibilidad única, su filo y su fuerza.

Dominar un arma tan mortal exigía años de entrenamiento, una vida de práctica inexorable. Con el tiempo la espada se convirtió en el emblema del estatus del samurái y en mucho más… Estaba dotada de cualidades místicas. La espada y el samurái debían ser uno, unir sus espíritus y fusionarse. El guerrero no mataba a nadie, la espada era la que mataba, él era simplemente un medio.

De hecho, muchos samurái estaban profundamente trastornados por su vida de matanza. Un gran número de ellos era budista y allí había un complicado dilema. El budismo predica los ciclos del nacimiento y renacimiento donde cada vida depende de las virtudes y los pecados de la vida anterior. Hay un dicho samurái que afirma que su castigo será renacer en la próxima vida como samurái… ¿Acaso estaban condenados a una vida de guerra y muerte?

AMOR DE GUERRERO

Para muchos en Occidente el modelo tradicional de la mujer japonesa es obediente y gentil, pero tiene otra faceta. En verdad las mujeres guerreras eran pocas pero no había nada excepcional en que una mujer tuviese estatus de samurái.

Castillo Samurai

Una vez que un hombre se convertía en samurái, la distinción pasaba usualmente a todos sus descendientes, hombres y mujeres. Las mujeres samurái dirigían la casa, lo cual generalmente era una operación agrícola grande y compleja. Sin embargo, durante las guerras que periódicamente azotaban a Japón, la diferencia entre el hogar y el campo de batalla a veces desaparecía. Si los hombres se encontraban ausentes librando una batalla, se esperaba que las mujeres montaran una feroz defensa. Defensa, manejo de una casa, producción de herederos; el matrimonio samurái era en gran parte un asunto práctico con muy poco romance. Con frecuencia el matrimonio representaba una alianza política y éstas eran notoriamente inestables.

El guerrero también era poeta. Era práctica común entre los samuráis escribir un poema tranquilamente antes de suicidarse o ir a una batalla. Si un poema lírico de despedida servía para fortalecer el valor del samurái que enfrentaría a la muerte, ¿cuál es la explicación para los logros de un guerrero artista como Miyamoto Musashi?

Sus pinturas y esculturas son tesoros de colección en todo Japón. Musashi también era un maestro de la espada, la misma mano que creó pinturas tan exquisitas mató a más de 60 hombres. Las obras de Musashi pueden haber sido extraordinarias pero compartía su devoción por las bellas artes y las artes marciales. De hecho, el samurái hizo muy poca distinción entre ambas.

Las leyendas dicen que Musashi era zurdo. Para los japoneses el ser zurdo era signo de mala educación, y le obligaban a usar la katana con la mano derecha, y al aprender la técnica decide que, como su mano fuerte es la izquierda y domina la katana con la derecha, que no es su fuerte, puede usar dos al mismo tiempo.

Sin embargo, dentro de este mundo de belleza y valor había otro mundo, un mundo en sombras donde todos los valores se invertían. Estaba habitado por hombres que no portaban una insignia con orgullo y se movían en silencio: los ninja.

Aunque con frecuencia se hace una distinción entre ninja y samurái, los ninjas solían ser samuráis que trabajaban como espías y asesinos. A parte de eso, hay muy poca información confiable sobre ellos. ¿Cuán grande fue el papel que desempeño el ninja para hacer surgir y caer las grandes casas samurái? ¿Cuántas muertes atribuidas a enfermedades o accidentes fueron en realidad obra suya? Quizás nunca se sepa la verdad.

LAS ISLAS PROHIBIDAS

Mucho después de que los europeos conocieran China y otras partes de Asia, las remotas islas de Japón aún eran inaccesibles y misteriosas. Entonces, en 1542, un barco chino llegó a la isla de Tanikashima, en el sur de Japón. Todo acerca de estos extraños visitantes atrajo la atención del japonés, particularmente sus armas… «En sus manos llevaban algo muy largo con un agujero en una de sus puntas, en él ponían un polvo y pequeñas piezas de metal. La explosión es como el relámpago y el ruido como el rayo»… (Tanikashima, 1542).

El jefe samurái de Tanikashima compró dos de estas intrigantes y nuevas armas y encomendó a su fabricante de espadas que las copiara. Al principio, la mayoría de los samurái despreciaban estas nuevas armas, en parte porque los hombres que las usaban podían disparar desde lejos eliminando la confrontación cara a cara exigida por una pelea de espadas. Sin embargo, tal como a pasado tan frecuentemente en la historia, la tradición eventualmente dio paso a la tecnología.

En menos de 50 años, los japoneses fabricaban más armas que ningún otro país de Europa, y las usaban. Al mismo tiempo Japón se dirigía hacía una consolidación. La reunificación del país fue obra de los Tokugawa, cuya dinastía regiría un Japón finalmente unido y en paz. Para proteger la nueva estabilidad, la nueva dinastía declaró a Japón cerrado y sellado al mundo exterior. Casi todos los extranjeros fueron expulsados y se prohibieron las ideas extranjeras, las religiones extranjeras y las armas extranjeras. Pronto la manufactura de los mosquetes cesó casi totalmente.

Esta nueva era duraría casi 250 años, generación tras generación viviría y moriría sin conocer la guerra. Pero, ¿qué papel desempeñarían los samuráis en un Japón en paz? Los feroces pero educados guerreros ahora se convertirían en administradores, vigilaban las producciones de arroz, escribían leyes y a veces servían de jueces. Así vendría una transformación aún más profunda, se crearía un nuevo y grandioso ideal.

El código se llamó Bushido, la forma de vida del guerrero. El concepto de que el honor es más importante que la vida misma permaneció en vigencia pero el concepto del honor en sí aumentó. Ahora el honor incluía tomar responsabilidades por el bienestar de la sociedad. El nuevo ideal pronto sería puesto a una gran prueba.

El 8 de julio de 1693, dos siglos y medio después de que Japón se había cerrado a los extranjeros, un pequeño escuadrón de barcos de la marina estadounidense navegó osadamente en la bahía de Tokio. Los estadounidenses presentaron un ultimátum: abran sus fronteras al comercio o sufran las consecuencias.

Los samuráis estaban indignados pero impotentes ante los barcos y armas modernas. Frente a la amenaza de un dominio occidental los samuráis sabían que Japón debía fortalecerse modernizándose cuanto antes. Para abrirle paso a la modernización, los samuráis, individuos que siempre habían estado dispuestos a enfrentarse a la muerte, decretaron la muerte de toda su clase. Se hizo a un lado la vestimenta tradicional y se renunciaron a los privilegios samurái. Japón sería igual que otros países, con una constitución y un monarca, el emperador se restableció como la cabeza del gobierno. El samurái desapareció… pero su legado emergería en una aterradora forma nueva.

El legado

A principios del siglo XX, las costumbres samurái quedaron en el olvido, eran reliquias descartadas del pasado, Japón estaba inmerso en la vida moderna; pero el nuevo enfoque incluía una peligrosa y nueva visión. Los líderes japoneses ahora soñaban con conquistar un vasto imperio en el exterior. Para encender el fervor patriótico, se invocó el legado samurái, todos los japoneses debían pelear con el valor despiadado del samurái y el autosacrificio.

Cuando Japón invadió China, en 1931, los oficiales del ejército llevaban espadas igual a las que habían usado los samurái. Con la Alemania nazi dominando Europa los japoneses creían que sólo había un poder que podría evitar que conquistaran toda Asia…

El ataque japonés a Pearl Harbor era para destruir la capacidad de Estados Unidos de pelear en el Pacífico. Mientras las fuerzas japonesas continuaban dominando Asia, impusieron un reino de terror. La orgullosa espada samurái fue usada para matar civiles y prisioneros de guerra. ¿Era este en realidad el propósito del noble legado samurái o era perversión?

Mientras los estadounidenses tomaban la ofensiva y la guerra se volvía en contra de Japón, se cumplió una creencia básica de la tradición samurái. Muchos japoneses se rindieron pero muchos otros, como los samurái, escogieron la muerte.

En 1943, el suicidio ya era una forma de combate, inspirados por el patriotismo y el ideal samurái se llamaron pilotos Kamikaze, pilotos del «viento divino». Su misión: atacar, pero no con bombas sino consigo mismos. Deliberadamente estrellaban sus aviones contra los barcos norteamericanos.

Finalmente, en agosto de 1945, los estadounidenses lanzaron el arma que llevó a la guerra a un final abrupto y terrible: la bomba nuclear. Sin embargo, al reconstruirse Japón se restableció la imagen heroica del samurái. Una emergente industria cinematográfica ayudó a difundir el ideal alrededor del mundo.

La tradición samurái de valor y honor había sido forjada a través de casi 800 años de guerra. Luego, durante los siglos de paz, había sido transformada en un código de servicio y justicia. La Segunda Guerra Mundial la había visto trágicamente mal utilizada. ¿Qué papel desempeñará entonces el orgulloso legado en el futuro?

La determinación, autosacrificio y gracia de una lejana y misteriosa clase guerrera, ahora enriquece al mundo con una inspiración que ennoblece…

“La vida esta limitada, pero el nombre y el honor perdurarán por generaciones venideras eternamente”.

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