Microchips implantados entre los trabajadores para mejorar la seguridad o bien para aumentar el poder y control sobre los empleados. Estas son las tesis enfrentadas estos días en Reino Unido, donde ha saltado la alarma por la posible implantación de estos pequeños dispositivos entre los ciudadanos.

El Congreso de Sindicatos Británicos (Trades Union Congress, TUC) y la Confederación de la Industria Británica (Confederation of British Industry, CBI) han mostrado su preocupación sobre esta medida que podrían adoptar masivamente numerosas compañías del país. Ambas entidades, tal y como recoge la prensa británica, están preocupadas «por el uso de la tecnología para controlar» a los trabajadores.

La preocupación ha saltado estos días después de que durante el fin de semana, The Telegraph publicase que Biohax, una compañía sueca que ofrece microchips del tamaño de un grano de arroz, asegurase que «está en conversaciones con varias firmas jurídicas y financieras británicas sobre la adaptación de microchips a sus empleados, incluida una importante compañía con cientos de miles de trabajadores».

La implantación de microchips entre el personal es algo que ya se lleva a cabo. La firma británica BioTeq, que ofrece estos pequeños dispositivos a empresas y particulares, ya ha instalado 150 implantes en el Reino Unido, tal y como recoge The Guardian. Un vez instalados entre el pulgar y el dedo índice, permiten que las personas abran la puerta de su casa, accedan a su oficina o arranquen su coche con un simple movimiento de mano. También pueden almacenar datos médicos.

Y es que uno de los objetivos de esta tecnología es ayudar a las personas con discapacidad ya que, con un microchip implantado, su día a día resulta más fácil. Tal y como ejemplifica BioTeq, una persona en silla de ruedas puede acercarse a una puerta que se abre automáticamente cuando el lector lea el implante, evitando que maneje unas llaves que apenas puede mover, como son los casos de enfermos con parálisis o esclerosis múltiple.

Sin embargo, este contexto no tiene nada que ver con el objetivo que persiguen las empresas de Reino Unido en su «alianza» con Biohax. Jowan Österlund, fundador de la empresa sueca, aseguró a The Telegraph que sus microchips, que cuestan 150 libras cada uno (170 euros), podrían ayudar a las compañías a mejorar la seguridad. «Estas empresas tienen documentos confidenciales», recuerda, de tal manera que los microchips podrían limitar el acceso de los empleados a información confidencial o delicada.

Österlund asegura también que la implantación de los microchips sería muy efectiva entre los trabajadores de grandes corporaciones, ya que se podrían eliminar los tradicionales métodos de identificación.

Pérdida de privacidad

El CBI, que representa a 190.000 empresas del Reino Unido, expresó su preocupación sobre la perspectiva. «Las entidades deben centrar sus esfuerzos en prioridades más inmediatas y centrarse en no comprometer a sus empleados», ha asegurado un portavoz de la Confederación de la Industria Británica a The Guardian.

Según Frances O’Grady, secretaria general de TUC, «a los trabajadores ya les preocupa que algunos empleadores estén utilizando la tecnología para controlar y microgestionar, lo que está reduciendo el derecho de privacidad de su personal». La representante considera que la implantación generalizada de microchip solo reforzaría la posición dominante y controladora de los jefes.

Steven Northam, fundador y propietario de BioTeq, aseguró al diario que la mayoría de sus 150 implantes vendidos han sido para uso personal, aunque reconoce que algunas firmas financieras y de ingeniería también los han implantado entre su personal. España, Francia, Alemania, Japón y China son otros de los países en los que se quiere probar estos microchips diseñados por BioTeq, cuyos precios oscilan entre 70-260 libras (80-300 euros).

El año pasado, Three Square Market, con sede en Wisconsin, se asoció con Biohax y se convirtió en la primera compañía en EE.UU. en insertar microchips, de manera voluntaria, entre sus empleados.

Teólogo hace alerta

Con la popularización de los modelos de microchips y el visible aumento de la demanda, el teólogo David Jeremiah dice que esto puede ser la preparación para que las personas se acostumbren a la «marca de la bestia». Aunque no cree que es su «forma final», él entiende que la familiarización con este tipo de cosas es sintomática, algo que sería impensable hace 50 años.

El número de la bestia, William Blake.

Jeremiah es autor de varios libros como Actores del Apocalipsis, donde afirma que «durante la Tribulación, todas las personas de la Tierra serán obligadas a recibir una marca». Según destaca, «en Apocalipsis 13 vemos que la bestia de la tierra —el falso profeta— introducirá esa marca que podrá ser algo con funciones similares al chip».

«La marca se colocará en la mano derecha o en la frente. Sin ella nadie podrá comprar ni vender, aquellos que se nieguen a aceptarla podrán morir de hambre», destaca.

Fuente: The Guardian/The Telegraph. Edición: ABC.

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