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Cientos de cerebros de cerdos han sido mantenidos vivos fuera de sus cuerpos hasta un máximo de 36 horas. Este controversial experimento podría pavimentar el camino para los trasplantes cerebrales que alguna vez permitirán a los humanos, después de la muerte del cuerpo, volverse inmortales al conectar sus mentes a sistemas artificiales.
El autor del experimento, un neurocientífico de la Universidad de Yale llamado Nenad Sestan explica cómo ha desarrollado una técnica que permite mantener con vida el cerebro de un cerdo conectándolo a un sistema de válvulas que bombean sangre artificial con oxígeno y nutrientes en un tanque de laboratorio mantenido a la temperatura adecuada. El sistema de llama BrainEX y no se diferencia mucho del que se puede usar en hospitales para mantener vivo un riñón o un hígado. La diferencia es que Sestan ha logrado que su sistema circulatorio mantenga vivas hasta las células más profundas del cerebro.
En los últimos años, Sestan ha investigado con los cerebros de unos 200 cerdos sacrificados en un matadero para la industria cárnica. El objetivo del investigador no es en absoluto crear un Frankenstein porcino, sino desarrollar un procedimiento que permita mantener tejido cerebral vivo y en óptimas condiciones. Sería un avance notable para multitud de proyectos científicos que estudian enfermedades como el Alzheimer o simplemente tratan de crear un mapa de conexiones del cerebro.
Según Sestan, ninguno de los cerebros que ha conseguido mantener con su técnica ha dado muestras de estar consciente. De hecho, lo primero que hicieron él y su equipo fue comprobarlo mediante diferentes tipos de escáner cerebral y electrodos. A todos los efectos el órgano permanece en coma y sin actividad cerebral que implique conciencia. Sin embargo, el propio Sestan apunta que esa falta de actividad puede deberse a los fármacos empleados en la sangra artificial, que adormecen las neuronas.
Nunca antes se había logrado mantener un cerebro vivo fuera del cuerpo en un animal tan grande como un cerdo. Lo más parecido fueron pruebas realizadas en 1995 con ratones.
La duda sobre si el cerebro puede llegar a reactivarse en ese estado sigue ahí, y las implicaciones de la técnica son demasiado profundas como para pasarlas por alto. En teoría se podría aplicar su procedimiento a otros animales o incluso a seres humanos ¿Qué ocurriría entonces?
¿Cómo reaccionaría un cerebro vivo y consciente en un estado de absoluta privación sensorial ni capacidad de comunicarse? ¿Retendría su memoria y conocimientos en ese estado? Es más, ¿qué estatus legal tendría una persona así?
De momento no existe ninguna tecnología capaz de trasplantar un cerebro al cuerpo de otra persona. El sistema nervioso es sencillamente demasiado complejo para volverlo a conectar así como así. No obstante, la técnica de este neurocientífico abre la puerta a conservar el cerebro cuando el resto del cuerpo ha dejado de funcionar, lo que a su vez hace pensar en muchos escenarios, algunos bastante terroríficos.
Fuente: MIT Technology Review. Edición: Carlos Zahumenszky.
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