Estos hallazgos pueden arrojar luz sobre las misteriosas nubes interestelares que el sistema solar atraviesa regularmente, dijeron los científicos.

Toneladas de polvo extraterrestre —creado por cometas que pasan, colisiones de asteroides y estrellas en explosión— caen diariamente en la Tierra. Pero los científicos pueden no encontrarlo hasta mucho después de que haya caído, por lo que carecen de detalles sobre las interacciones recientes del sistema solar con su entorno.

Por el contrario, un nuevo estudio ha analizado polvo interestelar relativamente «fresco», y los hallazgos pueden revelar una visión sobre las misteriosas nubes de donde provino.

«Los científicos podrían ser capaces de usar nuestros resultados para averiguar como se formó el vecindario solar», dijo el autor principal Dominik Knoll, físico nuclear experimental de la Universidad Nacional de Australia en Canberra. «Sabemos bastante sobre galaxias y estrellas distantes, pero los alrededores de nuestro sistema solar necesitan más investigación».

Ilustración del vecindario solar y las nubes cercanas a una distancia de 10 pc. El sistema solar está ubicado dentro de la nube local interestelar G, que a su vez se encuentra dentro de la burbuja local con un diámetro de 100 pc. El movimiento relativo de la nubes (azul) y el del sistema solar (amarillo) están señalados.

Para encontrar potenciales muestras de polvo interestelar prístino, los investigadores recolectaron alrededor de 500 kilogramos de nieve antártica con una antigüedad inferior a los 20 años. Lo hicieron a varios kilómetros de la costa del continente blanco, cerca de la estación alemana Kohnen.

Luego, para identificar los componentes de la nieve, la llevaron a Munich, la derritieron, filtraron los sólidos, incineraron el residuo y analizaron el patrón de luz que emitía. Así fue como descubrieron la presencia de dos isótopos raros, levemente radioactivos: hierro-60 y manganeso-53 (isótopos que varían en cuántos neutrones poseen en su núcleo; por ejemplo, el isótopo de hierro más abundante, hierro-56, tiene 30 neutrones, mientras que el hierro-60 tiene 34).

De acuerdo a los investigadores, la fuente más probable para el hierro-60 encontrado es una supernova, es decir, la poderosa explosión de una estrella moribunda capaz de brillar tanto como para opacar a otras estrellas de la galaxia que la contiene.

Ratios de los isótopos detectados. La línea roja representa los ratios meteóricos. El ratio en la nieve antártica es significantemente mayor a la producción cosmogénica para todas las abundancias relevantes.

Otra forma en la que puede haber sido creada la composición observada es que átomos de rayos cósmicos golpeen el polvo interplanetario. Sin embargo, la proporción entre los elementos analizados es mayor a lo esperado mediante este mecanismo.

El estudio también consideró que fueran efectos colaterales de la explosión de un arma nuclear o de plantas nucleares. No obstante, hallaron que la producción de hierro-60 y manganeso-53 por medio de esta fuente sería insignificante.

Ergo, los científicos concluyeron que estos isótopos radiactivos fueron forjados en una supernova cercana que sembró nubes interestelares de polvo y gas. En el estudio se sugiere que, a medida que el sistema solar pasa a través de estas nubes, el polvo llueve sobre la superficie de la Tierra.

El estudio con los hallazgos detallados ha sido publicado en Physical Review Letters.

Fuente: Space.com.

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