El sulfuro de hidrógeno, el gas que le da a los huevos podridos su olor característico, impregna la atmósfera superior del planeta Urano, y así se ha demostrado definitivamente.

Foto de Urano tomada por la sonda Voyager 2 en 1986 (editada para mostrar sus lunas y anillos).

Patrick Irwin, de la Universidad de Oxford, Reino Unido, y colaboradores globales analizaron espectroscópicamente la luz infrarroja de Urano capturada por el telescopio Gemini Norte de 8 metros ubicado en el volcán inactivo Mauna Kea a 4213 msnm (Hawái). Encontraron sulfuro de hidrógeno en las nubes de Urano, resolviendo así el obstinado misterio de uno de nuestros vecinos en el espacio.

El espectrómetro de campo integrado de infrarrojo cercano de Gemini (NIFS, por su siglas en inglés) escudriñó la luz solar reflejada de una región inmediatamente superior a la capa de nubes visible principal en la atmósfera de Urano.

«Si bien las líneas que estábamos tratando de detectar apenas estaban allí, pudimos detectarlas de manera inequívoca gracias a la sensibilidad de NIFS, combinadas con las exquisitas condiciones en Mauna Kea», dijo Irwin en un comunicado. «Aunque sabíamos que estas líneas estarían al borde de la detección, decidí buscarlas en los datos de Gemini que habíamos adquirido».

Observatorio Gemini Norte.

Observatorio Gemini Norte.

Los astrónomos han debatido durante mucho tiempo la composición de las nubes de Urano y si el sulfuro de hidrógeno o el amoníaco dominan la cubierta de nubes, pero carecían de pruebas definitivas en ambos sentidos. «Ahora, gracias a los datos mejorados de la línea de absorción de sulfuro de hidrógeno y los maravillosos espectros de Gemini, tenemos la huella digital que atrapó al culpable», concluye Irwin.

Clave para la formación planetaria

El descubrimiento de sulfuro de hidrógeno ayuda en la tarea de conocer la historia de cómo se formó nuestro sistema solar y llegó a su configuración actual. Obtener las características exactas de los planetas externos permite determinar dónde se formaron en primer lugar y qué tan lejos migraron posteriormente.

«Esto evidencia una gran reestructuración en el origen del sistema solar», explica Glenn Orton, co-autor del nuevo estudio y científico planetario de la NASA. «Definitivamente tuvo lugar una migración».

Al igual que todos los planetas, Urano y Neptuno se formaron a partir de un disco gigante de gas y polvo que rodeaba al Sol hace 4.600 millones de años. Sin embargo, ambos mundos fallaron en convertirse en gigantes gaseosos y, en su lugar, terminaron siendo gigantes de hielo. Las razones son dos: la primera, que el disco era más difuso a medida que se alejaba del Sol, dejando menos material disponible para los planetas más exteriores; la segunda, por consecuencia la formación de Urano y Neptuno fue más lenta, por lo que no pudieron alcanzar a tiempo la masa necesaria como para capturar el suficiente hidrógeno y helio que fluía hacia fuera del sistema a través de los vientos solares.

Y aunque la idea predominante es que los planetas se formaron cerca del astro rey para luego migrar al exterior, la abundancia de sulfato de hidrógeno y la carencia de amoniaco detectados por Gemini Norte sugiere que tanto Urano como Neptuno se habrían formado más lejos para luego moverse hacia el interior del sistema solar.

 Fuente: Gemini Observatory.

1 comentario
Etiquetas:

¿Te gustó lo que acabas de leer? ¡Compartilo!

Facebook Digg Twitter StumbleUpon Pinterest Google+

Artículos Relacionados

 1 comentario
Comentarios
Abr 24, 2018
20:13
#1 Adolfo:

Urano deriva de “Uranus” (en latín, creo).

En inglés su pronunciación es indistinguible de “Your anus”, que en español equivale a: “Tu ano”.

Es comprensible la hilaridad que en los países de habla inglesa provocaba.

Reply to this commentResponder

Dejar un comentario